Idus de marzo: el asesinato de Julio César

El 15 de marzo del año 44 a.C. moría uno de los hombres más poderosos de la historia de Roma: Julio César

Pintura en la que se recrean los Idus de marzo

El 15 de marzo del año 44 a.C., moría desangrado a los pies de la estatua de Pompeyo uno de los hombres más poderosos de la historia de Roma: el emperador Julio César.

El auge de un general invicto

Descendiente de la familia de los Julios, Cayo Julio César nació en el año 100 a.C. Durante toda su vida destacó por ser un hombre especialmente inteligente y con un don para atraer el éxito tanto en el ámbito político como militar.

Su fuerte ambición por la fama le llevó a salir de Roma para labrarse el suficiente prestigio que le prometiera una vuelta victoriosa a su lugar de origen. Y así fue como, tras largas campañas militares en las que su astucia y excelente táctica militar le otorgaron grandes conquistas, destacando la conquista de las Galias y sus incursiones en Britania y Germania, regresaría a Roma.

Con 54 años, Julio César fue declarado dictador vitalicio por el Senado. Contaba con el respeto de las legiones y la admiración del pueblo. El nuevo dictador fue el encargado de llevar a cabo la creación del calendario juliano, el cual tiene la misma estructura que el que se utiliza en la actualidad, Roma vivió una de sus más florecientes épocas a nivel financiero, jurídico y cultural y hubo importantes mejoras tanto en sanidad como en higiene. 

Sin embargo, el círculo de senadores que rodeaba a Julio César comenzó a ver en este éxito popular de tal envergadura, una importante amenaza contra la continuidad de la República. Acabar con la vida del general era la solución.

La conjura contra César

Tres son los nombres de los principales causantes de la conjura que acabaría con la vida de Julio César. El primero de ellos Marco Junio Bruto, una de las personas más allegadas al emperador de quién se dice que pudo ser incluso hijo de César. El segundo de ellos era Décimo Junio Bruto quien combatió junto a Julio César en la Galia y aspiraba a ser uno de sus sucesores. Finalmente Cayo Casio Longino, quien apoyó a Pompeyo en un primer momento aunque posteriormente recibió el perdón de César.

Entre los tres lograron el apoyo de sesenta senadores quienes ya habían decidido el día y el lugar en el que se produciría la traición: el 15 de marzo en una reunión del senado en la Curia de Pompeyo.

Lejos de servir como una justificación para defender la proclamación de una República, muchos historiadores señalan el ansia de poder como la principal causa que provocó la conjura de este asesinato.

La llegada de los idus

Los idus, en Roma, eran considerados como días de buenos augurios, los cuales tenían lugar el 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y los días 13 del resto de los meses del año. Según el escritor Plutarco, Julio Cesar ya había sido avisado por el arúspice Espurinna, acerca del peligro que su vida corría en tal día como la llegada de los idus de marzo:
Lo que es más extraordinario aún es que un vidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado, Julio César encontró al vidente y riendo le dijo: «Los idus de marzo ya han llegado»; a lo que el vidente contestó compasivamente: «Sí, pero aún no han acabado».

Plutarco
No fue el único aviso, el 15 de marzo del año 44 a.C. Julio César se dirigió a la reunión del senado, pero antes de su llegada cuentan que su gran amigo Artemidoro le entregó un escrito en el que le avisaba acerca de un atentado inminente. Julio César nunca llegó a leer ese papel, aunque cuentan que cuando murió, aún lo conservaba en su mano izquierda.

Antes de que la reunión diera comienzo, sus conspiradores le rodearon con la excusa de pedirle su favor en algunos asuntos. Casca inició el ataque tirando de la toga de Julio César y dejando su hombro al descubierto le asestó la primera puñalada. En ese momento, los senadores que participaron del asesinato sacaron sus espadas y rodearon al general quien, tratando de esquivarlos y huir de sus asesinos se encontró de frente con Bruto a quien pronunció su última frase: “¿Tú también, hijo mío?” tras lo cual, colocó su toga sobre la cabeza y se desvaneció al recibir la última de las puñaladas en la ingle. Quién sabe si por azar, Julio César murió desangrado a los pies de la estatua de Pompeyo cuya mirada pareciera sentenciar la venganza sobre su más férreo enemigo.

23 puñaladas acabaron con la vida de uno de los personajes más célebres de la historia. Tal y como auguró la profecía, Julio César perdió su vida en los idus de marzo, aunque lejos de las pretensiones a las que aspiraban sus conjuradores, se llevaría el fin de la República con él.

La muerte de la República y el nacimiento del Imperio

La sangre derramada por Julio César, lejos de salvar la República, no provocó más que un período de guerras civiles y la llegada al poder de su sobrino Octavio, quien tomando como referencia a su tío presionaría a la Curia para ser designado cónsul. Así, tras la Batalla de Accio en la que se proclamará vencedor, Octavio recibirá el título honorífico de Augusto dando comienzo así al gran Imperio.

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Vía| Griffin, M. (ed.) (2009): A Companion to Julius Caesar. Oxford: Blackwell
Imagen| Pixabay

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy interesante y triste fin de Julio Cesar....Gracias por la información