Un patrimonio de papel: el Museo Español de Antigüedades

El “Museo” estaba pensado para ser trasformado al papel

Archivo: 1880, Museo Español de Antigüedades, Tomo X

¿Qué es un Museo? En palabras del escultor aragonés Pablo Serrano (1908-1985), “el museo es el intermediario entre la obra y el receptor. Si es solamente un museo de recogida de obras, es un museo muerto”. Para otros una obviedad: una fácil aclaración para un simple interrogante. Pero, en el fondo, encierra una táctica para la recuperación del Patrimonio que, junto con el coleccionismo, es de las más antiguas, y de las que ha sobrevivido más en el tiempo y que va  asociada a la historia de la Humanidad a través de sus haberes. Un medio de amplificación del Patrimonio integrado sobre todo en el acopio y que tiene múltiples derivaciones dependiendo de la época, espacio, duración, etapa, fase, momento, instante, era y en algunos casos, de la fecha de su elaboración. Por todo ello, el museo presenta múltiples condicionantes para su correcta descripción: si está dedicado casi en su totalidad a la adquisición, la conservación, el estudio o simplemente a la exposición de objetos.

Hoy día ante tanta web de museos, tanto museo virtual, museos “in streaming”, etc. nos hace plantearnos si de verdad hace falta tener un inasequible inmueble donde albergar todas las piezas… Ciertamente, no hay nada como ver el vestigio original,pero hay opciones para escenarios disparejos como en los que estamos al presente y… ¿Había antiguamente recursos parecidos para divulgar o para ser ese “intermediario” sobre el que hablaba Serrano con respecto al Patrimonio? Por qué no se varía de unas corporaciones culturales de este tipo a otras o cómo hacer para que todos estos organismos no sean iguales es lo que se debieron plantear, a comienzos de los años 70 del siglo XIX, un conjunto muy heterogéneo de individuos relacionados con el Patrimonio aportando el conocimiento y análisis de diferentes bienes culturales, tanto muebles como inmuebles, con los que quisieron crear un insólito “Museo” que transportara al público a un recorrido por el pensamiento, la forma y los entornos de ese Patrimonio.  Entre este grupo de miembros prevaleció la labor de que“Todas las manifestaciones de la Historia del Arte en su sentido más amplio; todas las civilizaciones que en el transcurso de los tiempos han dejado huella en el suelo de nuestra patria, están allí brillantemente representadas”.

Estructurado bajo el exilio de una edificación de vitrinas, estanterías, armarios o muebles, el “Museo” estaba pensado para ser trasformado al papel… sí al papel, o es que alguien podría desvincularlo de ser “permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo que conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo” (extraída de la definición del ICOM). Así es, este Museo Español fue una publicación periódica de carácter monumental en la línea de las grandes publicaciones europeas del siglo XIX, en la que se incluían ilustraciones basadas en dibujos, litografías y cromolitografías de las antigüedades realizadas por grandes profesionales de la época. La importancia de la gráfica de esta obra está en que en muchos casos era la primera o incluso la única referencia visual de las piezas en un contexto de escaso panorama gráfico.


En 1872 fue aceptado el legado de “los primeros escritores y artistas de España” a favor de una nueva y especial entidad museística llamada El Museo Español de Antigüedades. Entre el lote de contribuyentes estaban arqueólogos, escritores, pintores, historiadores, juristas, catedráticos, políticos, por citar algunas tareas de sus ayudantes. Se trata de una de las creaciones que más popular hicieron al Patrimonio español en las que se representa, con una organización perfecta entre textos e ilustraciones, lo que luego conoceríamos como el Patrimonio Histórico Español (constituido éste por todos aquellos bienes de valor histórico, artístico, científico o técnico que conforman la aportación de España a la cultura universal) en una actitud auténtica y verdadera, realizada con la tentativa de comunicarlo.

No habría más contribuciones que hasta el año 1880. La mayoría de los autores están ya arrinconados por la historia, pero a los cuales es preciso mantenerlos existentes por cuanto dieron por la difusión de este Patrimonio. Una de las primeras figuras inagotables fue el historiador, crítico literario y arqueólogo de cuna cordobesa José Amador de los Ríos y Serrano (1816-1878) con cerca de 20 crónicas donde detalla desde piezas concretas, a obras arquitectónicas, documentos en archivos, elementos asociados a inmuebles, etcétera. Le siguió la aportación del escritor, periodista, político, erudito, americanista e historiador barcelonés Florencio Janer y Graells (1831-1877). El mismo año de 1880 terminan los análisis e ilustraciones con el volumen XI, dando cuenta de que “Las numerosas monografías de que consta, aunque de mérito desigual, como sucede necesariamente en toda publicación de índole colectiva, siempre apreciable, descansan en su mayor parte sobre investigaciones propias y proceden de plumas competentes y autorizadas”.

Por lo que se refiere a las láminas, aunque estas no han sido tan numerosas como los escritos, sí han preexistido, por el contrario, como muy significativas, ya que “Apenas hay monumento importante de los muchos que atesora nuestra Península en los diversos órdenes, que no tenga cumplida ilustración en las páginas del Museo” pero, además de responder, como se decía al principio, a una voluntad programada de dar a conocer ese patrimonio, han ido encubriendo poco a poco lo que hoy día son palmarias lagunas. Así, intervinieron diversos dibujantes, ilustradores, pintores y grabadores; entre sus nombres figurarían los de Ricardo Velázquez Bosco o Joaquín Pi y Margall, entre otros.

Hasta aquí llega la primorosa historia de este, ahora sí más que nunca, entre comillas, “Museo”que, como se precedía al comienzo, es rara, compuesto por obras que con frecuencia poco tienen que ver con lo que entendemos hoy por un museo, debido, como se muestra, a que la forma de representación predominante ha sido el escrito y la imagen y no la pieza real. No faltan obras sobradamente divulgadas, como el tesoro de Guarrazar o las estatuas del Museo del Prado, bien por su contemplación en persona bien porque han sido reproducidas y estudiadas en varias publicaciones. Para algunas de ellas sería la primera y última vez que se tuviese testimonio de su existencia, medio a través del cual se pretendió contribuir a su difusión y conocimiento, así que no dejen de “dar una vuelta” por este particular y digno “Museo”.

Bibliografía

Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.

Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (2013): el Museo Arqueológico Nacional en el Museo Español de Antigüedades (MAN).

Vía| Prensa histórica,  ver bibliografía
Imagen| Wikipedia

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