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Cañada de los Gatos, de goro de cochinos a patrimonio histórico de Gran Canaria

Este yacimiento de Mogán es uno de los nueve recintos arqueológicos de Canarias con control de acceso, cinco en Gran Canaria, tres en La Palma y uno en El Hierro

Vista general del poblado, en la margen izquierda del barranco de Mogán. Autor: Luis Socorro.

“¿Casas de los guanches? Usted está equivocado. Eso eran goros para los cochinos”. Esa fue la respuesta que me dio Francisco González a finales de los años 80, cuando le pregunté por el riesgo que suponía para unas ruinas aborígenes un proyecto de urbanización turística junto a la playa de Mogán, en el suroeste de Gran Canaria. González fue alcalde de ese municipio entre 1983 y 1991. Hoy, 35 años después de aquella entrevista, la Cañada de los Gatos logró salvarse de la presión urbanística y es uno de los tan solo nueve yacimientos arqueológicos que hay en Canarias con control de acceso. A pesar del gran patrimonio indígena que atesora el Archipiélago, todavía hay cuatro islas en las que no existe ni un solo recinto de pago que garantice la protección y regule las visitas para descubrir el legado de los primeros pobladores de Canarias.

La Cañada de los Gatos es un yacimiento muy interesante por la variedad de sus registros arqueológicos y por la diacronía de los mismos, ya que hay viviendas de diferentes épocas de la etapa indígena, también posteriores a la Conquista e incluso recientes, con poco más de un siglo de antigüedad. Algunas de esas estructuras fueron reutilizadas como goros –uno de los pocos indigenismos canarios que se han conservado- para cabras y cerdos, como mencionaba el exalcalde González (1932-2020). Cuenta con una necrópolis de cistas perfectamente alineadas. También es un ejemplo de buena gestión, a tenor de su perfecto estado de conservación, del diseño de las rutas y de los servicios que ofrece al visitante, la mayoría turistas. La empresa Arqueocanarias es la responsable de la administración del recinto.

Este yacimiento se encuentra en la ladera izquierda del barranco de Mogán, muy cerca de su desembocadura en el mar. Es lo que queda de un antiguo poblado asentado en este fértil valle, que desapareció por la explotación agrícola, en primer lugar, y después por la expansión del pueblo al socaire de la industria turística. En 1992, un años antes de que la Cañada de los Gatos fuera declarada Bien de Interés Cultural (BIC), bajo la dirección de Carmina del Arco Aguiar, catedrática de Prehistoria de la Universidad de La Laguna, se realizó un levantamiento topográfico del enclave. A pesar de la declaración de BIC, la presión urbanística continuaba, pero gracias al trabajo y las denuncias de los técnicos del Museo Canario se logró preservar el conjunto.

El yacimiento se había salvado, pero su estado era de abandono en la primera década siglo XXI. De hecho, en 2007 apareció el cadáver de un indigente en una de las estructuras usadas como goro porcino. El Cabildo decide acabar con esta situación y se ejecutan varias campañas de excavaciones, se rehabilitan las estructuras y, en 2014, se inauguran las actuales instalaciones.

Estructura habitacional que fue utilizada como goro para guardar cochinos. Autor: Luis Socorro.

Esta zona arqueológica “está preparada”, explica Valentín Barroso, cofundador de Arqueocanarias, “para visitas a través de unos senderos que comunican las diferentes áreas del yacimiento, ofrecen un paseo singular a través del tiempo y permiten disfrutar de unas vistas del Puerto de Mogán”. El conjunto cuenta con diecinueve estructuras, diez de ellas son “casas indígenas con muros de piedra, semiexcavadas en la ladera, con planta exterior de tendencia circular y disposición interior en planta de cruz griega”, detalla el arqueólogo. A estas construcciones de factura aborigen, se le superponen otras de diseño circular posterior al siglo XV, la centuria del proceso de conquista de Canarias. A finales del XIX y principios del X, nos documenta la historiadora y guía del recinto, Noelia Suárez, “se construyeron nuevas viviendas relacionadas con las explotaciones agropecuarias de la zona”.

A través de un camino que discurre por la ladera, junto a una serie de cuevas funerarias, se llega al cementerio de Las Crucitas, en el que destacan depósitos en cistas de piedra. La necrópolis también cuenta con varias fosas excavadas en la tierra y un sepulcro con un túmulo de piedras. Las dataciones de los restos humanos son muy precisas y nos hablan de los siglos XII y XII, entre los años 1180 y 1290. Se da la circunstancia de que el conjunto funerario es parte de la zona de expansión de un hotel. En su día, las autoridades condicionaron la licencia de construcción a la conservación e integración del yacimiento.

La Cañada de los Gastos es uno de los cinco parques arqueológicos –aunque no tienen tal categoría-, con control de acceso, que hay en Gran Canaria; los otros cuatro son  el espectacular granero del Cenobio de Valerón,  las necrópolisis del Maipés y Arteara y Cueva Pintada, la joya del arte rupestre de Canarias. La isla de La Palma cuenta con tres recintos de pago -La Zarza, El Tendal y Belmaco- y El Hierro, uno, el singular yacimiento de El Julan. Realmente, es una cifra ridícula a tenor del rico patrimonio arqueológico del Archipiélago, con unos 2.000 yacimientos. Hay cuatro islas que carecen de zonas arqueológicas como las citadas: Tenerife, Lanzarote, La Gomera y Fuerteventura.

Cista funeraria realizada con paredes de piedra Luis Socorro. Autor: Luis Socorro.

La Cañada de los Gastos, en definitiva, es un recinto arqueológico modélico, que merece la pena visitar por un precio de cuatro euros, sólo dos para grupos de diez personas, estudiantes, menores entre 10 y 14 años y mayores de 65 y acceso gratuito para estudiantes del municipios y para profesores y guías turísticos que acompañen a grupos. Sin embargo, tiene un lunar: los paneles informativos carecen de una información contrastada sobre la antigüedad de los vestigios. Se habla de 2.000 años, en un caso, y en otro de 1.600 años. Al margen de esta contradicción, son dataciones que se realizaron hace más de treinta años; están cuestionadas porque carecen del protocolo de higiene cronométrica y se dataron solo carbones, un material que distorsiona la edad real porque tiene una oscilación que puede superar 500 años. En los panales no se informa de la duda razonable del dato que ofrecen. Las dataciones certeras –que no figuran en los paneles del área funeraria- son las de los restos humanos citados anteriormente. 

Las investigaciones más recientes, de hace tan sólo dos años, señalan al siglo IV de la era común como el inicio del poblamiento en Gran Canaria, y no lo sitúan en Mogán. Este error informativo también lo hemos detectado en el yacimiento palmero de Belmaco, en los que se apunta una antigüedad superior a la real.

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Autoría| Luis Socorro

Vía| El Diario

Imágenes| Luis Socorro

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