Los Gracos: los hermanos que desafiaron el poder de Roma

La crisis de la República romana en el siglo II a.C.

Imagen ilustrativa.

La República romana fue un sistema político que se basó en el equilibrio de poder entre las distintas magistraturas, el Senado y la Asamblea Popular. Sin embargo, este equilibrio se vio amenazado por una serie de factores que generaron una profunda crisis social, económica y política en el siglo II a.C.

Entre estos factores se pueden destacar:

  • La expansión territorial de Roma por el Mediterráneo, que trajo consigo el enriquecimiento de las élites, la explotación de las provincias, el aumento de la esclavitud y la corrupción.
  • La desigualdad entre los ciudadanos romanos, que se dividían en dos clases: los patricios, que eran los descendientes de las antiguas familias nobles, y los plebeyos, que eran el resto del pueblo. Los patricios controlaban el Senado y las magistraturas más importantes, mientras que los plebeyos tenían menos derechos y oportunidades.
  • La crisis del campesinado, que era la base del ejército romano y de la economía agraria. Los campesinos sufrían la competencia de las grandes propiedades (latifundios) que empleaban mano de obra esclava, la presión fiscal, el endeudamiento y la falta de tierras. Muchos de ellos se vieron obligados a abandonar el campo y emigrar a la ciudad, donde se convirtieron en una masa de pobres (proletarii) que dependían de la asistencia pública y de los favores de los políticos.

Ante esta situación, surgieron voces que reclamaban una reforma del sistema político y social de Roma, que garantizara una mayor participación y justicia para los ciudadanos. Entre estas voces, destacaron las de dos hermanos: Tiberio y Cayo Sempronio Graco, conocidos como los Gracos.


Tiberio Graco: el tribuno que propuso la reforma agraria

Tiberio Graco fue el hijo mayor de Tiberio Sempronio Graco, un cónsul y censor que se distinguió por su moderación y su defensa de los intereses de los aliados de Roma. Su madre fue Cornelia, hija de Escipión el Africano, el vencedor de Aníbal en la segunda guerra púnica. Tiberio recibió una esmerada educación, en la que influyeron las ideas griegas de justicia y democracia.

Tiberio inició su carrera política como cuestor en el año 137 a.C., acompañando al cónsul Cayo Hostilio Mancino en la guerra contra Numancia. Allí, Tiberio observó las duras condiciones de vida de los soldados, muchos de ellos campesinos arruinados, y la necesidad de reformar el ejército y el sistema agrario.

En el año 133 a.C., Tiberio fue elegido tribuno de la plebe, una magistratura que le permitía vetar las decisiones del Senado y proponer leyes a la Asamblea Popular. Tiberio aprovechó esta oportunidad para presentar su proyecto de reforma agraria, que consistía en lo siguiente:

  • Aplicar la ley Licinia, que limitaba la posesión de tierras públicas (ager publicus) a 500 iugera (unos 125 hectáreas) por persona, y repartir el excedente entre los ciudadanos pobres que se comprometieran a cultivarlas y a servir en el ejército.
  • Crear una comisión de tres miembros, encabezada por el propio Tiberio, para llevar a cabo el reparto de tierras, con fondos del tesoro público y de la herencia del rey Átalo III de Pérgamo, que había legado su reino a Roma.
  • Conceder a los nuevos propietarios la plena propiedad de las tierras, sin obligación de pagar tributo ni de devolverlas al Estado.

La propuesta de Tiberio encontró una fuerte oposición por parte de los senadores y de los grandes propietarios, que veían amenazados sus intereses y su prestigio. Estos acusaron a Tiberio de querer subvertir el orden republicano y de aspirar a la tiranía. También contaron con el apoyo de otro tribuno, Marco Octavio, que vetó la ley de Tiberio.

Tiberio, entonces, recurrió a un procedimiento inusual: pidió a la Asamblea Popular que destituyera a Octavio de su cargo, lo que suponía una violación de la sacrosanta inviolabilidad de los tribunos. La Asamblea accedió a la petición de Tiberio y aprobó su ley de reforma agraria.

Sin embargo, la victoria de Tiberio fue efímera. El Senado se negó a colaborar con la comisión agraria y le negó los fondos necesarios. Además, Tiberio se granjeó más enemigos al defender los derechos de los aliados itálicos, que reclamaban la ciudadanía romana, y al anunciar su intención de presentarse a la reelección como tribuno.

El día de las elecciones, el 10 de diciembre de 133 a.C., se produjo un enfrentamiento violento entre los partidarios y los detractores de Tiberio. El cónsul Publio Cornelio Escipión Nasica, primo de Tiberio, encabezó una turba de senadores y clientes que irrumpió en el Capitolio, donde se celebraba la votación, y asesinó a Tiberio y a unos 300 de sus seguidores. Sus cuerpos fueron arrojados al río Tíber, sin recibir sepultura.

La muerte de Tiberio Graco marcó un hito en la historia de Roma, pues fue la primera vez que se recurrió a la violencia política para resolver un conflicto interno. También supuso el fracaso de la reforma agraria, que quedó en suspenso y no logró solucionar el problema del campesinado.


Cayo Graco: el tribuno que amplió el programa reformista

Cayo Graco fue el hermano menor de Tiberio, y también heredó su vocación reformista y su carisma político. Cayo se distinguió por su elocuencia, su inteligencia y su audacia. También recibió una cuidada educación, en la que destacó su maestro griego Blossius, que le inculcó las ideas de la escuela estoica.

Cayo inició su carrera política como cuestor en el año 126 a.C., sirviendo bajo el mando del cónsul Lucio Aurelio Orestes en Cerdeña. Allí, Cayo se ganó el respeto de los soldados y de los habitantes de la isla, al reducir los impuestos y al mejorar las condiciones de vida.

En el año 123 a.C., Cayo fue elegido tribuno de la plebe, y se propuso retomar y ampliar el programa reformista de su hermano. Para ello, contó con el apoyo de un sector del Senado, encabezado por el cónsul Cayo Sempronio Graco, que era su primo y su suegro, y que buscaba una alianza entre los nobles y el pueblo.

Cayo presentó una serie de leyes que pretendían beneficiar a los ciudadanos más desfavorecidos y aumentar su poder político. Entre estas leyes se pueden destacar:

  • La reactivación de la reforma agraria, que se extendió a las provincias y se dotó de más recursos y personal.
  • La ley frumentaria, que establecía la distribución de trigo a bajo precio entre los ciudadanos pobres de Roma, lo que mejoraba su alimentación y su fidelidad a Cayo.
  • La ley de colonización, que promovía el envío de ciudadanos romanos a fundar o repoblar ciudades en Italia y en el extranjero, como Cartago o Narbona, lo que aliviaba la presión demográfica y ampliaba el territorio romano.
  • La ley de ciudadanía, que concedía la ciudadanía romana a los aliados itálicos, que habían sido excluidos de los beneficios de la expansión romana y que sufrían la opresión de los gobernadores provinciales.
  • La ley de voto, que modificaba el orden de votación de las centurias, que eran las unidades electorales de la Asamblea Popular. Hasta entonces, las centurias se agrupaban en cinco clases según la riqueza de sus miembros, y votaban por orden descendente, de modo que las primeras clases, formadas por los más ricos, tenían más peso e influencia. La ley de Cayo establecía que las centurias votaran por orden aleatorio, lo que daba más oportunidades a las clases inferiores, formadas por los más pobres.
  • La ley de los caballeros, que aumentaba el poder y el prestigio de los equites, que eran los ciudadanos que poseían un caballo y que formaban una clase intermedia entre los senadores y los plebeyos. La ley de Cayo les concedía el derecho de formar parte de los tribunales que juzgaban a los gobernadores provinciales por corrupción o extorsión, lo que les permitía controlar y sancionar a los senadores.

La legislación de Cayo Graco fue muy popular entre las masas, que le otorgaron un gran apoyo y le reeligieron como tribuno en el año 122 a.C. Sin embargo, también se granjeó muchos enemigos entre los senadores y los conservadores, que veían peligrar su autoridad y sus privilegios. Estos acusaron a Cayo de querer alterar el orden republicano y de aspirar a la monarquía. También contaron con el apoyo de otro tribuno, Livio Druso, que presentó leyes más moderadas y atractivas para restarle votos a Cayo.

El enfrentamiento entre Cayo y sus opositores se agudizó en el año 121 a.C., cuando el cónsul Lucio Opimio, un enemigo declarado de Cayo, recibió del Senado el encargo de restablecer el orden público, que se había deteriorado por las tensiones y los disturbios. Opimio aprovechó un incidente violento, en el que murió un partidario de Cayo, para declarar la ley marcial y atacar a los seguidores de Cayo, que se habían refugiado en el monte Aventino.

La represión de Opimio fue brutal: unos 3.000 partidarios de Cayo fueron ejecutados sin juicio, y muchos otros fueron exiliados o despojados de sus derechos. El propio Cayo, viendo que todo estaba perdido, se suicidó en el bosque de las Furias, junto a su esclavo Filócrates, que le ayudó a morir y luego se quitó la vida. Los cuerpos de Cayo y de sus seguidores fueron arrojados al río Tíber, sin recibir sepultura.

La muerte de Cayo Graco supuso el fin del movimiento reformador de los Gracos, que no logró consolidar sus cambios ni resolver los problemas de la República romana. Al contrario, abrió una etapa de inestabilidad y violencia política, que desembocaría en las guerras civiles y en el surgimiento del Imperio. Los Gracos, sin embargo, dejaron un legado de idealismo y de lucha por la justicia, que inspiraría a otros líderes y movimientos posteriores.

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