Munda: la última batalla de César en la guerra civil

El escenario de un conflicto decisivo

Imagen meramente ilustrativa.

El año 45 a.C. fue el último de la guerra civil que enfrentó a Julio César con los partidarios de Pompeyo, el antiguo aliado y rival del dictador romano. Tras la derrota y muerte de Pompeyo en Egipto en el 48 a.C., sus hijos, Cneo y Sexto Pompeyo, continuaron la resistencia contra César en Hispania, donde contaban con el apoyo de gran parte de las tropas y las ciudades. César, que acababa de regresar de una campaña en África, decidió poner fin a la guerra y marchó hacia Hispania con un ejército de unos 40.000 hombres.

La campaña de César en Hispania, queridos lectores y queridas lectoras de Antrophistoria, fue difícil y prolongada. Los pompeyanos, que disponían de unos 70.000 soldados, evitaron el enfrentamiento directo y recurrieron a una estrategia de desgaste, hostigando al ejército de César, cortando sus líneas de suministro y refugiándose en las ciudades fortificadas. César tuvo que asediar varias plazas, como Ategua, Ucubi o Ventippo, antes de poder acercarse al cuartel general de los pompeyanos, situado en la ciudad de Munda.

Munda era una ciudad de origen turdetano, ubicada en el valle del río Genil, cerca de la actual Coria del Río, en la provincia de Sevilla. Los pompeyanos habían elegido este lugar por su posición estratégica, que les permitía controlar las comunicaciones entre las provincias hispanas y recibir refuerzos de África. Además, la ciudad estaba rodeada de un fértil territorio, que les proporcionaba abundantes recursos para alimentar a sus tropas.


El desarrollo de una batalla sangrienta

A principios de marzo del 45 a.C., César llegó a las proximidades de Munda y acampó en una colina frente a la ciudad, a unos 5 kilómetros de distancia. Los pompeyanos, que habían salido de Munda para hacer frente a César, se situaron en otra colina, a unos 2 kilómetros de la ciudad y a unos 3 kilómetros del campamento de César. Entre ambos ejércitos se extendía una llanura, que estaba atravesada por un arroyo y salpicada de olivos.

César esperaba que los pompeyanos atacaran primero, pero estos se mantuvieron en sus posiciones, confiando en su superioridad numérica y en la ventaja del terreno. César, impaciente por acabar con la guerra, decidió tomar la iniciativa y ordenó a sus tropas que avanzaran hacia el enemigo. Los pompeyanos, al ver el movimiento de César, también se pusieron en marcha y se encontraron con los cesarianos en la llanura.

La batalla de Munda fue una de las más duras y cruentas de la historia de Roma. Los dos ejércitos se enfrentaron durante horas, sin ceder terreno ni retroceder. Los pompeyanos tenían una ventaja inicial, gracias a su caballería, que superaba ampliamente a la de César, y a su infantería, que estaba formada por veteranos de las legiones de Pompeyo. Los cesarianos, en cambio, tenían una mayor cohesión, disciplina y confianza en su líder, que les animaba desde la primera línea de combate.

La batalla se decidió por un golpe de suerte y de audacia. César, que se dio cuenta de que la situación era crítica, envió a una de sus legiones, la décima, a rodear el flanco derecho de los pompeyanos, aprovechando un hueco que había dejado la caballería enemiga. La maniobra de César sorprendió a los pompeyanos, que creyeron que se trataba de un refuerzo que llegaba desde el campamento de César. El pánico se apoderó de las filas pompeyanas, que empezaron a huir hacia Munda. César aprovechó la confusión y ordenó a sus tropas que persiguieran al enemigo. La batalla se convirtió en una masacre, en la que murieron unos 30.000 pompeyanos, entre ellos Cneo Pompeyo, que fue alcanzado por un jabalina. Los supervivientes se refugiaron en Munda, que fue asediada por César.


Las consecuencias de una victoria definitiva

La victoria de César en Munda supuso el fin de la guerra civil y el inicio de una nueva etapa en la historia de Roma. César se convirtió en el amo indiscutible del mundo romano, con poderes absolutos y sin oposición. Sin embargo, su triunfo también le granjeó muchos enemigos, que le acusaban de haberse convertido en un tirano y de haber destruido la república. Un año después de Munda, César fue asesinado por un grupo de senadores, que pretendían restaurar el antiguo régimen.

La batalla de Munda también tuvo un gran impacto en la historia de Hispania. La provincia, que había sido un bastión de los pompeyanos, sufrió las represalias de César, que castigó a las ciudades que se habían rebelado contra él. Muchas de ellas fueron saqueadas, arrasadas o sometidas a fuertes multas. César también recompensó a sus partidarios, otorgando la ciudadanía romana a algunos pueblos hispanos y fundando nuevas colonias, como Corduba o Hispalis. La guerra civil dejó una profunda huella en la memoria colectiva de los hispanos, que recordaron durante siglos la batalla de Munda y la figura de César.

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