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La guerra de Yugurta: el conflicto que cambió el destino de Roma y Numidia

El ascenso de un rey ambicioso

Imagen ilustrativa.

La guerra de Yugurta fue un conflicto bélico que enfrentó a la República romana y al reino de Numidia, una región del norte de África, entre los años 112 y 105 a.C. El origen de esta guerra se remonta a la muerte del rey númida Micipsa, que dejó como herederos a sus dos hijos, Aderbal y Hiempsal, y a su sobrino, Yugurta.

Yugurta era un joven valiente y ambicioso, que se había distinguido por su participación en la guerra contra los celtíberos en Hispania, bajo el mando del general romano Escipión Emiliano. Yugurta aspiraba a gobernar Numidia en solitario, y no tardó en eliminar a sus rivales. Primero, mandó asesinar a Hiempsal, y luego, provocó una guerra civil contra Aderbal, al que derrotó y capturó.

Los romanos, que tenían intereses comerciales y políticos en Numidia, decidieron intervenir para restablecer la paz y el equilibrio de poder. Enviaron una comisión de diez senadores, encabezada por Marco Emilio Escauro, para arbitrar entre los contendientes y dividir el reino en dos partes. Sin embargo, Yugurta sobornó a Escauro y a otros senadores, y consiguió que le asignaran la parte más rica y poblada de Numidia, mientras que Aderbal recibió la más pobre y desértica.


La guerra abierta contra Roma

Aderbal, que se sentía traicionado y amenazado por Yugurta, pidió ayuda a Roma, pero esta no llegó a tiempo. Yugurta atacó la ciudad de Cirta, donde se refugiaba Aderbal, y la tomó tras un largo asedio. Aderbal fue torturado y ejecutado, y muchos ciudadanos romanos e italianos que vivían en Cirta fueron masacrados.

Este hecho provocó la indignación y el escándalo en Roma, que declaró la guerra a Yugurta en el año 111 a.C. El primer cónsul enviado a combatirlo fue Lucio Calpurnio Bestia, que contaba con un ejército de unos 30.000 hombres. Sin embargo, Bestia se dejó corromper por Yugurta, y firmó un tratado de paz muy favorable para el rey númida, que solo tuvo que entregar algunos elefantes y pagar una indemnización.

El tratado fue rechazado por el Senado romano, que ordenó a Bestia que reanudara la guerra. Pero Yugurta se negó a cumplir lo pactado, y se refugió en las montañas de Numidia, desde donde lanzó ataques de guerrilla contra los romanos. El siguiente cónsul en hacerse cargo de la guerra fue Quinto Cecilio Metelo, que llegó a Numidia en el año 109 a.C. con un ejército renovado y disciplinado.

Metelo logró algunas victorias contra Yugurta, como la batalla de la Muthul, donde capturó el tesoro real, o el asedio de Zama, donde obligó a Yugurta a huir. Sin embargo, el rey númida contó con el apoyo de su suegro, Boco, rey de Mauritania, y de su aliado, el rey gétulo Gauda, que le proporcionaron refuerzos y le permitieron resistir.


El final de la guerra y sus consecuencias

La guerra de Yugurta se prolongó durante varios años, debido a la dificultad del terreno, a la astucia y el valor de Yugurta, y a la corrupción y la incompetencia de algunos generales romanos. Uno de los que se destacó por su habilidad y su ambición fue Cayo Mario, que era el lugarteniente de Metelo, y que aspiraba a sucederlo como cónsul.

Mario consiguió el apoyo de la plebe romana, que estaba descontenta con la gestión de la guerra y con la oligarquía senatorial, y se presentó como candidato a las elecciones consulares de 107 a.C. A pesar de la oposición de Metelo y de los optimates, Mario fue elegido cónsul, y se hizo cargo de la guerra de Yugurta.

Mario reformó el ejército romano, reclutando a soldados de las clases más bajas, que no tenían propiedades, y que se convertirían en sus fieles clientes. Con estas nuevas tropas, Mario invadió Numidia y Mauritania, y consiguió derrotar a Yugurta y a Boco en varias batallas. Finalmente, en el año 105 a.C., Boco traicionó a Yugurta, y lo entregó a Mario y a su aliado, Lucio Cornelio Sila, que era el encargado de las negociaciones.

La guerra de Yugurta terminó con la captura del rey númida, que fue llevado a Roma como prisionero, y desfiló en el triunfo de Mario. Yugurta fue encerrado en la cárcel Mamertina, donde murió de hambre y de frío.

La guerra de Yugurta tuvo importantes consecuencias para la historia de Roma y de Numidia. Por un lado, Roma extendió su dominio sobre el norte de África, y sometió a los reinos númidas y mauritanos a su influencia. Por otro lado, la guerra reveló las debilidades y las divisiones internas de la República romana, que se vio sacudida por la crisis social, política y militar. La guerra también supuso el ascenso de Mario y de Sila, que protagonizarían las guerras civiles que marcarían el final de la República y el inicio del Imperio.

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