Nerón y el gran incendio de Roma: ¿fue el emperador el responsable de la catástrofe?

El fuego que arrasó la ciudad eterna

Imagen meramente ilustrativa.

En el año 64 d.C., Roma sufrió uno de los peores desastres de su historia: un incendio de enormes proporciones que se extendió por varios días y destruyó gran parte de la ciudad. Según algunas fuentes antiguas, el fuego comenzó en la noche del 18 de julio, cerca del Circo Máximo, y se propagó rápidamente por los barrios más pobres y hacinados de la urbe, donde las casas eran de madera y paja. El viento y la falta de medios para combatir el fuego favorecieron su avance, que llegó hasta el centro de la ciudad, donde se encontraban los edificios más importantes y lujosos, como el Foro, el Capitolio, el Palatino o el Templo de Júpiter.

El incendio duró seis días, y cuando parecía que se había extinguido, se reavivó en otra zona de la ciudad, causando más estragos. Se estima que el fuego arrasó entre el 60 y el 70% de Roma, dejando a cientos de miles de personas sin hogar, sin alimentos y sin esperanza. El panorama era desolador: ruinas humeantes, cadáveres calcinados, saqueos, violencia y desesperación.


La sombra de la sospecha sobre Nerón

Ante semejante tragedia, los romanos buscaron un culpable, y pronto se fijaron en el emperador Nerón, que gobernaba desde el año 54 d.C. Nerón era un personaje controvertido, que había sido acusado de asesinar a su madre, a su hermanastro, a su primera esposa y a otros miembros de la aristocracia. Además, era conocido por su afición al arte, al teatro, a la música y a las fiestas extravagantes, que le hacían parecer un gobernante frívolo y alejado de los problemas del pueblo.

Según el historiador Tácito, que escribió unos 50 años después de los hechos, Nerón estaba en su villa de Antium, a unos 60 kilómetros de Roma, cuando se enteró del incendio. En lugar de acudir a la ciudad para organizar el socorro, se quedó en su residencia, donde se dedicó a cantar y a tocar la lira, contemplando el espectáculo del fuego desde la distancia. Tácito afirma que Nerón aprovechó el incendio para realizar una reforma urbanística de Roma, que incluía la construcción de un fastuoso palacio, llamado la Domus Aurea, que ocupaba una gran extensión de terreno. Según el mismo autor, Nerón incluso ordenó que se provocara el fuego, o que se impidiera que se apagara, para cumplir sus planes.

Otro historiador, Suetonio, que escribió a principios del siglo II d.C., coincide con Tácito en que Nerón fue el responsable del incendio, y añade que el emperador se disfrazó de civil y recorrió la ciudad en llamas, disfrutando de la destrucción y el caos. Suetonio también menciona que Nerón compuso un poema épico sobre el incendio, que recitó ante el Senado y el pueblo.


La defensa de Nerón y la persecución de los cristianos

Sin embargo, no todos los autores antiguos coinciden en acusar a Nerón del incendio. Dion Casio, que escribió a finales del siglo II d.C., afirma que Nerón no estaba en Antium, sino en Roma, cuando se inició el fuego, y que hizo todo lo posible por ayudar a los damnificados, ofreciendo refugio, alimentos, dinero y reconstruyendo la ciudad con mejores materiales y normas de seguridad. Según Dion Casio, Nerón fue víctima de una conspiración de sus enemigos, que difundieron el rumor de que él había causado el incendio, para desacreditarlo y derrocarlo.

Sea como fuere, lo cierto es que Nerón se enfrentó a una grave crisis de legitimidad tras el incendio, y trató de desviar la atención y el odio del pueblo hacia otro grupo: los cristianos. Los cristianos eran una secta minoritaria y perseguida, que seguían la doctrina de Jesús de Nazaret, un predicador judío que había sido crucificado por los romanos unos 30 años antes. Los cristianos rechazaban el culto al emperador y a los dioses romanos, y esperaban el fin del mundo y la llegada de un reino de paz y justicia. Estas creencias les hacían sospechosos de ser enemigos del Estado y de la sociedad romana.

Nerón acusó a los cristianos de haber provocado el incendio, y ordenó una brutal represión contra ellos. Según Tácito, los cristianos fueron arrestados, torturados, crucificados, quemados vivos, arrojados a los leones o utilizados como antorchas humanas para iluminar los jardines del emperador. Entre las víctimas de esta persecución se encuentran, según la tradición cristiana, los apóstoles Pedro y Pablo, que fueron ejecutados en Roma.


La verdad histórica sobre Nerón y el incendio

¿Qué hay de cierto en todas estas versiones? ¿Fue Nerón el autor del incendio, o un benefactor de los romanos? ¿Fue un tirano sanguinario, o un gobernante incomprendido? La respuesta no es fácil, ya que las fuentes antiguas son parciales y contradictorias, y los restos arqueológicos no son concluyentes. Lo más probable es que el incendio fuera accidental, y que Nerón no tuviera nada que ver con él, aunque tampoco hizo mucho por evitarlo o por consolar a los afectados. Es posible que Nerón aprovechara el incendio para realizar su proyecto de reforma de Roma, pero no hay pruebas de que lo planeara o lo provocara. Lo que sí parece cierto es que Nerón culpó a los cristianos del incendio, y los sometió a una cruel persecución, que marcó el inicio de una larga historia de conflictos entre el poder romano y la fe cristiana.

Nerón y el gran incendio de Roma son dos temas que han fascinado a la historia, la literatura, el arte y el cine, y que han generado numerosas leyendas y mitos. Sin embargo, más allá de la ficción, hay una realidad histórica que merece ser conocida y analizada, para comprender mejor el mundo antiguo y el nuestro.

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