Vacaciones hace dos milenios: los romanos también viajaban

Viajes, baños, balnearios y borrachos Imagen meramente ilustrativa. A veces, uno se imagina a los romanos siempre con sus togas, discutiendo...

Eneas, fugitivo de Troya y antepasado de Roma

El héroe troyano y su huida

Imagen meramente ilustrativa.

Eneas, figura central en la mitología clásica, es uno de los personajes más destacados de la Eneida de Virgilio. Hijo del rey de Dardania, Anquises, y la diosa Venus, Eneas tiene un linaje semidivino que marca su destino. Durante la Guerra de Troya, que culmina con la destrucción de la ciudad por los griegos, Eneas desempeña un papel crucial como líder y defensor. Sin embargo, el destino le tiene reservada una misión aún más grande: la fundación de un nuevo linaje que dará origen a Roma.

Tras la caída de Troya, Eneas, obedeciendo el mandato de los dioses, abandona la ciudad en llamas. Lleva consigo a su anciano padre Anquises y a su hijo Iulo, para asegurar la continuidad de su linaje. La imagen de Eneas cargando a su padre sobre sus hombros y guiando a su hijo ha perdurado como símbolo de piedad y deber filial en la cultura occidental.


La odisea de Eneas: de Troya a Cartago

El viaje de Eneas es una odisea repleta de desafíos y aventuras, que recuerda en muchos aspectos a las travesías de Ulises narradas por Homero. Después de abandonar Troya, Eneas y su séquito navegan a través del Mediterráneo y se enfrenta a tormentas y enemigos. Su travesía es guiada y, a menudo, obstaculizada por intervenciones divinas, reflejo del complejo panteón de la mitología romana y su creencia en el destino.

Uno de los episodios más significativos de su viaje es su estancia en Cartago, donde Eneas se encuentra con la reina Dido. Según la Eneida, Dido se enamora perdidamente de Eneas, lo que da lugar a un apasionado pero trágico romance. A pesar del amor que siente por Dido, Eneas es obligado por el mandato divino a abandonar Cartago y continuar su misión. La partida de Eneas lleva a Dido al suicidio, un acto que simboliza el conflicto entre el deber y el deseo personal.


Yápige extrayendo una punta de flecha de la pierna de Eneas, con el hijo del héroe, Ascanio, llorando junto a él. Detrás de Yápige aparece Venus. Fresco antiguo de Pompeya. Fuente: Wikipedia.

La llegada a Italia y el cumplimiento del destino

Tras abandonar Cartago, Eneas continúa su viaje hacia Italia, enfrentándose a nuevos peligros y desafíos. Finalmente, llega a las costas del Lacio, donde está destinado a fundar una nueva ciudad. La llegada de Eneas a Italia no es pacífica, sino que tiene que luchar contra los pueblos locales, entre ellos los rútulos liderados por Turno. La guerra culmina en un duelo entre Eneas y Turno, que Eneas gana, con lo que consolida su posición y cumple su destino.

La fundación de una nueva ciudad por Eneas simboliza el nacimiento de una civilización que, según la tradición romana, dará origen a Roma. Los descendientes de Eneas, a través de su hijo Iulo (también conocido como Ascanio), son considerados los antepasados directos de Rómulo y Remo, los legendarios fundadores de Roma. Esta genealogía mítica proporciona a Roma una conexión divina y una justificación para su grandeza imperial.


La Eneida de Virgilio: propaganda y poesía

La Eneida, escrita por Virgilio en el siglo I a.C., no solo es una obra literaria monumental, sino también una herramienta de propaganda política. Encargada por el emperador Augusto, la epopeya busca legitimar el nuevo régimen y conectar la fundación de Roma con los héroes y dioses de la mitología clásica. A través de Eneas, Virgilio presenta a Augusto como el heredero de una misión divina, continuando la obra iniciada por su antepasado mítico.

Virgilio utiliza la figura de Eneas para explorar temas universales como el deber, el sacrificio y el destino, al mismo tiempo que exalta las virtudes romanas de la piedad (pietas) y la lealtad al estado. La obra es rica en simbolismo y alusiones a otros textos clásicos, y consolida su lugar en el canon de la literatura occidental.


Eneas en la cultura posterior

La figura de Eneas ha influido profundamente en la cultura y la literatura posteriores. Desde la Edad Media hasta el Renacimiento, su historia fue reinterpretada y adaptada en diversas formas. En la Divina Comedia de Dante, Eneas es mencionado como un modelo de virtud y heroísmo. En la literatura renacentista, su figura es celebrada como un símbolo de la nobleza y la piedad.

La historia de Eneas también ha sido representada en las artes visuales, desde mosaicos romanos hasta pinturas renacentistas. Su imagen cargando a su padre y guiando a su hijo ha sido un motivo recurrente, simbolizando la continuidad y el sacrificio necesarios para la fundación de Roma.

En definitiva, la historia de Eneas, desde la caída de Troya hasta la fundación de una nueva ciudad en Italia, es una narrativa épica que ha perdurado a lo largo de los siglos. Su viaje, lleno de desafíos y sacrificios, simboliza la misión divina y el destino de Roma, y conecta la grandeza de la ciudad con los héroes y dioses de la antigüedad. A través de la Eneida, Virgilio no solo creó una obra literaria inmortal, sino también un poderoso instrumento de propaganda que legitimó el régimen de Augusto y consolidó la identidad cultural de Roma.

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