Un estudio realizado en Chipre sugiere que las palomas ya convivían estrechamente con los humanos hace más de 3.000 años, mucho antes de lo que se pensaba
Hoy las vemos caminar entre terrazas, estaciones y plazas como si formaran parte inseparable del paisaje urbano. Las palomas se han convertido en una presencia tan cotidiana que casi hemos dejado de mirarlas. Para muchos son simples aves oportunistas, asociadas al ruido de las ciudades y a los restos de comida abandonados entre el asfalto. Sin embargo, una investigación reciente sugiere que la relación entre las palomas y los seres humanos es muchísimo más antigua, compleja y profunda de lo que solemos imaginar.
Un equipo de investigadores ha analizado restos óseos hallados en la antigua ciudad portuaria de Hala Sultan Tekke, en Chipre, un importante enclave del Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce Tardía. Los resultados, publicados en la revista Antiquity, apuntan a que las palomas ya estaban parcialmente domesticadas hacia el año 1400 a. C., casi un milenio antes de las evidencias directas conocidas hasta ahora.
Una convivencia mucho más antigua de lo que se creía
Hasta hace poco, las pruebas más antiguas de palomas domesticadas procedían de la Grecia helenística, entre los siglos IV y III a. C. Sin embargo, los nuevos hallazgos retrasan considerablemente esa cronología.
Los investigadores estudiaron huesos de aves encontrados en Hala Sultan Tekke, un asentamiento ocupado entre 1650 y 1150 a. C., situado precisamente en una de las regiones donde habita de forma natural la paloma bravía, ancestro directo de las palomas urbanas actuales.
El análisis isotópico realizado sobre los huesos reveló un dato especialmente llamativo. Las palomas tenían una dieta prácticamente idéntica a la de los humanos que vivían en el yacimiento. Eso sugiere que estas aves no eran simples visitantes ocasionales, sino animales que vivían muy cerca de las comunidades humanas o que incluso recibían alimento de ellas de forma deliberada.
Los arqueólogos consideran que esto constituye una fuerte evidencia de semidomesticación o de un proceso temprano de domesticación.
Palomas, rituales y banquetes en la Edad del Bronce
La investigación también ha revelado que muchos de los huesos aparecieron quemados y depositados junto a otros restos animales en contextos rituales. Esto indica que las palomas pudieron formar parte de banquetes ceremoniales o prácticas simbólicas vinculadas a la vida religiosa de aquellas comunidades mediterráneas.
No sería extraño. En muchas culturas antiguas las palomas estuvieron asociadas a divinidades, fertilidad, mensajes sagrados o espacios rituales. Su presencia constante cerca de los asentamientos humanos probablemente favoreció esa integración simbólica.
La propia facilidad con la que estas aves regresan a sus lugares de origen debió convertirlas muy pronto en animales especialmente útiles y llamativos para las sociedades antiguas. Mucho antes de las palomas mensajeras medievales, ya existía una relación cotidiana entre humanos y palomas basada en proximidad, alimentación y aprovechamiento mutuo.
Hala Sultan Tekke, un puerto conectado con el Mediterráneo
El contexto arqueológico ayuda a entender mejor la importancia del hallazgo. Hala Sultan Tekke fue uno de los grandes centros comerciales del Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce. Situada junto a la actual bahía de Larnaca, la ciudad mantenía contactos constantes con Egipto, Anatolia, el Levante y el mundo egeo.
Era un espacio marcado por el intercambio de mercancías, ideas y prácticas culturales. En ese entorno, la convivencia estrecha con animales capaces de adaptarse rápidamente a los asentamientos humanos pudo desarrollarse de forma especialmente intensa.
Las palomas no solo proporcionaban carne. También producían estiércol útil para la agricultura y probablemente desempeñaban funciones simbólicas o rituales dentro de la vida comunitaria.
Cambiar la forma en que miramos a las palomas
Quizá lo más interesante de este estudio no sea únicamente la cronología de la domesticación, sino lo que revela sobre nuestra propia percepción moderna.
Las palomas actuales suelen verse como una molestia urbana, pero durante milenios fueron animales estrechamente ligados a la vida humana. Han compartido ciudades, puertos y espacios domésticos con nosotros desde hace miles de años. Su historia quedó entrelazada con la expansión de las sociedades agrícolas, las rutas comerciales y las culturas mediterráneas mucho antes de que existieran las grandes ciudades modernas.
Los propios investigadores reconocen que una de las reacciones más sorprendentes del estudio fue comprobar cómo muchas personas empezaban a mirar de otra forma a unas aves que normalmente ignoran.
Y quizá ahí reside la verdadera importancia del hallazgo. Recordarnos que incluso los animales más cotidianos esconden historias larguísimas de convivencia con nuestra especie. Historias que, en realidad, también hablan de nosotros mismos.


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