Un carro ritual único hallado en Tarteso revela nuevas conexiones con el Mediterráneo antiguo

Un hallazgo excepcional en el corazón de Tarteso

Los arqueólogos desentierran un carro ritual de bronce en el yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña (Badajoz) | Fuente: IAM-CSIC

El descubrimiento de un extraordinario carro ritual de bronce en el yacimiento tartésico de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz), está obligando a replantear las relaciones entre Tarteso y las grandes civilizaciones mediterráneas del siglo V a. C. La pieza, sin paralelo conocido hasta la fecha, combina influencias etruscas, griegas y egipcias y constituye uno de los hallazgos más importantes realizados en este enclave arqueológico en los últimos años.

Hay descubrimientos que destacan por su belleza y otros por la información histórica que aportan. El carro de bronce descubierto durante la octava campaña de excavaciones en Casas del Turuñuelo pertenece a ambas categorías.

Los arqueólogos Esther Rodríguez y Sebastián Celestino, codirectores del proyecto, lo definen como una pieza sin equivalente conocido. Tras años de comparar el hallazgo con ejemplares conservados en museos europeos y revisar la documentación arqueológica disponible, concluyen que no existe otro carro exactamente igual en todo el Mediterráneo antiguo.

La pieza apareció fragmentada, como consecuencia de la destrucción ritual que sufrió el edificio a finales del siglo V a. C., pero conserva suficientes elementos decorativos para reconstruir gran parte de su aspecto original. Se trata únicamente de una mitad del carro, lo que alimenta la esperanza de que futuras campañas puedan localizar el resto del conjunto.

Detalle de uno de los grifos (animal mitológico mitad león, mitad águila) del carro hallado en el yacimiento del Turuñuelo de Guareña | Fuente: IAM-CSIC


Un objeto ceremonial cargado de simbolismo

Lejos de tratarse de un vehículo destinado al transporte cotidiano, todo indica que nos encontramos ante un carro votivo utilizado en ceremonias religiosas.

Su plataforma de bronce estaba decorada con un complejo programa iconográfico. En los laterales aparecen dos grifos, criaturas mitológicas con cuerpo de león y cabeza de águila cuyos orígenes se remontan al Próximo Oriente y al Antiguo Egipto. En la parte frontal destaca la representación del dios fluvial Aqueloo, una divinidad ampliamente conocida en el mundo griego, mientras que dos figuras humanas, probablemente atlantes, sostienen toda la estructura.

Algunos detalles resultan especialmente llamativos. El faldellín que visten las figuras recuerda modelos egipcios, mientras que la representación de Aqueloo mostrando la lengua constituye un rasgo prácticamente desconocido hasta ahora. Los investigadores plantean incluso que pueda tratarse de una hibridación entre esta divinidad fluvial y una figura vinculada al inframundo, reflejando la capacidad de Tarteso para reinterpretar influencias culturales procedentes de distintos lugares del Mediterráneo.

Detalle de la figura de un Aqueloo en el carro hallado en el yacimiento tartésico Turuñuelo de Guareña (Badajoz) | Fuente: IAM-CSIC


Tarteso como punto de encuentro entre civilizaciones

El carro constituye una nueva prueba del extraordinario grado de integración que alcanzó Tarteso dentro de las redes comerciales y culturales del Mediterráneo durante la Primera Edad del Hierro.

Su propia estructura recuerda a algunos carros votivos conocidos en Etruria, aunque incorpora elementos que no aparecen en ninguno de ellos. Además, junto al carro han aparecido otros objetos claramente relacionados con prácticas rituales de tradición griega, como una columna de mármol interpretada como parte de un altar y unas asas que probablemente pertenecieron a un podanipter, una especie de recipiente utilizado para lavar los pies durante determinadas ceremonias, especialmente vinculadas a rituales nupciales.

Estos hallazgos refuerzan la idea de que quienes ocupaban el edificio conocían perfectamente las tradiciones religiosas y ceremoniales del Mediterráneo oriental. Incluso se ha planteado la posibilidad de que entre sus habitantes hubiera personas procedentes del mundo griego, lo que encajaría con las hipótesis sobre matrimonios mixtos entre las élites indígenas y colonos llegados desde otros territorios mediterráneos.

Carro de bronce hallado en Casas del Turuñuelo después del trabajo de restauración | Fuente: César Hernández (CSIC)


El misterio del final de Casas del Turuñuelo

El propio contexto en el que apareció el carro añade todavía más interés al descubrimiento.

Casas del Turuñuelo forma parte de una serie de grandes edificios tartésicos que fueron cuidadosamente destruidos, incendiados y posteriormente enterrados por sus propios habitantes hacia finales del siglo V a. C. Antes de abandonar el lugar, cubrieron todo el complejo con una gruesa capa de arcilla que, de manera involuntaria, permitió una conservación extraordinaria durante dos mil quinientos años.

Las razones de aquel abandono siguen siendo uno de los grandes enigmas de la arqueología peninsular. Se desconoce si obedeció a conflictos internos, invasiones, cambios políticos o transformaciones económicas. Lo que sí parece evidente es que se trató de un proceso cuidadosamente planificado y repetido en varios enclaves del valle medio del Guadiana.

Gracias a ese sellado intencionado, el yacimiento ha proporcionado algunos de los descubrimientos más espectaculares relacionados con Tarteso, desde las primeras esculturas monumentales conocidas de esta cultura hasta el célebre sacrificio ritual de decenas de animales o una tablilla con uno de los alfabetos paleohispánicos más antiguos documentados.

Los arqueólogos trabajan con el caldero de bronce hallado en la octava campaña de excavación del yacimiento tartésico del Turuñuelo de Guareña (Badajoz) | Fuente: IAM-CSIC

Un nuevo paso para comprender la civilización tartésica

Con aproximadamente la mitad del yacimiento aún pendiente de excavación, Casas del Turuñuelo continúa modificando la imagen tradicional de Tarteso.

Durante décadas esta civilización fue interpretada principalmente a través de referencias literarias y hallazgos dispersos. Sin embargo, las excavaciones de los últimos años están revelando una sociedad mucho más compleja, capaz de desarrollar una arquitectura monumental, participar activamente en las redes comerciales mediterráneas e integrar influencias fenicias, griegas, etruscas y orientales dentro de una identidad propia.

El carro ritual de bronce representa uno de los mejores ejemplos de esa extraordinaria capacidad de síntesis cultural. Más que una simple pieza artística, constituye el reflejo material de un mundo donde las ideas, los símbolos religiosos y las tecnologías circulaban junto con las mercancías por todo el Mediterráneo occidental, convirtiendo a Tarteso en uno de los grandes protagonistas de la protohistoria europea.

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