Unos granos de trigo quemados podrían revelar la cerveza más antigua de Europa

El hallazgo de cereal germinado en una vivienda de Provadia-Solnitsata, en Bulgaria, apunta a que sus habitantes dominaban hace unos 6.500 años un proceso de malteado compatible con la elaboración de cerveza

El yacimiento de Provadia-Solnitsata suele recibir visitas para conocer el antiguo pueblo de la Edad de Cobre | Foto: Yacimiento de Provadia- Solnitsata

No apareció una jarra con restos de bebida ni una instalación que pudiera identificarse inequívocamente como una cervecería. Lo que los arqueólogos encontraron fue bastante menos espectacular: un pequeño conjunto de granos de trigo carbonizados bajo dos recipientes de cerámica. Pero aquellos cereales presentaban una característica inesperada. Habían germinado antes de quemarse.

El descubrimiento procede de Provadia-Solnitsata, un asentamiento prehistórico del noreste de Bulgaria conocido hasta ahora sobre todo por su extraordinaria relación con la producción y el comercio de sal. El análisis del cereal ha llevado a los investigadores a plantear una posibilidad sugerente: sus habitantes pudieron estar produciendo una bebida fermentada mediante un proceso de malteado hacia el 4500 a. C. Si la interpretación se confirma, estaríamos ante la evidencia más antigua conocida de elaboración de cerveza en Bulgaria y posiblemente una de las más antiguas documentadas en Europa.


Un incendio que conservó una actividad cotidiana

La historia comienza en una vivienda de dos plantas destruida por un incendio hacia el 4500 a. C.

En el suelo de la construcción aparecieron dos cuencos cerámicos colocados boca abajo. Al retirarlos, los arqueólogos encontraron debajo un conjunto de granos carbonizados.

El análisis permitió identificarlos como trigo almidonero o emmer, uno de los cereales cultivados por las primeras comunidades agrícolas del Viejo Mundo.

Hasta aquí, nada resultaba especialmente extraño. Los cereales constituyeron una parte fundamental de la alimentación de las sociedades prehistóricas y aparecen con frecuencia en contextos domésticos.

La sorpresa llegó al estudiar el estado de los granos.

Habían germinado.

Ese detalle abrió una posibilidad completamente diferente sobre lo que estaba ocurriendo dentro de aquella casa cuando fue destruida por el fuego.


Dejar germinar el cereal para transformar el almidón

Para elaborar cerveza a partir de cereal es necesario conseguir que los almidones contenidos en el grano puedan convertirse en azúcares fermentables.

Uno de los procedimientos para lograrlo es el malteado.

El cereal se humedece deliberadamente y comienza a germinar. Durante ese proceso se activan enzimas que descomponen parte de los almidones y los transforman en compuestos más sencillos. Después, la germinación debe detenerse antes de que la planta consuma buena parte de esos recursos.

El resultado es la malta.

Los investigadores consideran que los granos encontrados en Provadia-Solnitsata no se humedecieron accidentalmente. Su estado indicaría que fueron sometidos deliberadamente a una cantidad suficiente de agua para provocar la germinación.

Y eso convierte un puñado de trigo carbonizado en una evidencia arqueológica mucho más interesante.

Las espigas de trigo que revelan la producción de cerveza hace miles de años | Foto: Yacimiento de Provadia- Solnitsata

¿Se estaba fabricando cerveza?

Aquí conviene mantener cierta cautela.

El cereal germinado es compatible con un proceso de malteado y, por tanto, con la producción de una bebida fermentada. Pero el hallazgo no conserva la cerveza propiamente dicha.

Lo que tenemos es una etapa de su posible proceso de elaboración.

Vasil Nikolov, director de las excavaciones, ha interpretado los restos como la evidencia más antigua conocida de producción de cerveza en Bulgaria y posiblemente en Europa.

La hipótesis encaja con el tratamiento deliberado de los cereales, pero serán los estudios arqueobotánicos y el análisis completo del contexto los que permitan valorar hasta dónde puede llevarse la interpretación.

La diferencia es importante. Encontrar cereal germinado no equivale a encontrar directamente una bebida fermentada de hace 6.500 años. Lo que permite es reconstruir una cadena de acciones que resulta compatible con su elaboración.


Una cerveza muy diferente de la actual

Si aquellos habitantes de Provadia-Solnitsata fabricaban realmente cerveza, el producto estaría bastante lejos de lo que hoy entendemos por una cerveza comercial.

Las primeras bebidas fermentadas a base de cereales podían presentar consistencias, sabores y concentraciones alcohólicas muy diferentes. Tampoco debemos imaginar necesariamente una receta estandarizada.

El procedimiento básico podía ser relativamente sencillo: humedecer y germinar el cereal, procesarlo, mezclarlo con agua y permitir que las levaduras presentes en el ambiente iniciaran la fermentación.

Lo extraordinario no sería tanto la complejidad tecnológica como el conocimiento acumulado necesario para repetir el proceso.

Aquellas comunidades tenían que comprender, aunque no conocieran la química que había detrás, que tratar el cereal de determinada manera producía un resultado diferente.

La cerveza, como tantos otros alimentos fermentados, pudo nacer de la observación y la repetición mucho antes de que nadie pudiera explicar científicamente por qué funcionaba.

Recreación del pueblo de Provadia- Solnitsata | Foto: Yacimiento de Provadia- Solnitsata

¿Para qué bebían cerveza hace 6.500 años?

Esta pregunta resulta mucho más difícil de responder.

No sabemos qué función tenía aquella posible bebida dentro de la comunidad.

Pudo consumirse como parte de la alimentación cotidiana. También pudo desempeñar algún papel en celebraciones colectivas, intercambios sociales o prácticas rituales.

Todas son posibilidades, pero el hallazgo no permite decidir entre ellas.

Ese límite resulta especialmente importante porque existe cierta tendencia a interpretar las primeras bebidas alcohólicas como productos necesariamente rituales. En realidad, una bebida fermentada puede tener simultáneamente dimensiones alimentarias, sociales y simbólicas.

Las sociedades humanas rara vez separan esas funciones con la nitidez que imponemos después los arqueólogos.

Una misma bebida puede alimentar, embriagar, reunir a un grupo y formar parte de una ceremonia.


Provadia-Solnitsata no era un poblado cualquiera

El posible descubrimiento de cerveza resulta todavía más interesante cuando se observa el lugar donde apareció.

Provadia-Solnitsata estuvo ocupado aproximadamente entre el 5600 y el 4350 a. C., un periodo que abarca importantes transformaciones de las sociedades agrícolas del sureste europeo.

Su nombre está estrechamente relacionado con la sal.

Las comunidades que vivieron allí explotaban fuentes salinas locales y desarrollaron una producción que superaba las necesidades inmediatas del asentamiento. La sal podía conservar alimentos y convertirse en un recurso extraordinariamente valioso dentro de las redes de intercambio.

En un mundo sin refrigeración, controlar su producción significaba disponer de un bien especialmente útil.

Esa actividad contribuyó al desarrollo de una comunidad compleja y relativamente próspera.


La riqueza nacida de la sal

Las excavaciones han permitido identificar viviendas de dos y hasta tres alturas.

Los niveles inferiores podían utilizarse para almacenar productos, mientras que los superiores estaban relacionados con la vida cotidiana. La arquitectura y los materiales encontrados muestran una comunidad con capacidad para organizar recursos, producir excedentes y mantener relaciones de intercambio.

La importancia económica de la sal ayuda a comprender esa complejidad.

Provadia-Solnitsata no era simplemente un pequeño grupo de agricultores que producía lo necesario para sobrevivir. Formaba parte de un sistema en el que determinados recursos podían acumularse, transformarse e intercambiarse.

En ese contexto, la posible producción de cerveza adquiere otra dimensión.

Maltear cereal requiere tiempo, agua y grano que deja de destinarse directamente a otros usos alimentarios. Hacerlo de manera deliberada implica una decisión sobre cómo emplear parte de los recursos disponibles.

Enseres y figuras hallados en el yacimiento | Foto: Yacimiento de Provadia- Solnitsata

Beber también forma parte de la historia

La arqueología tradicional prestó durante mucho tiempo una atención preferente a aquello que parecía explicar los grandes cambios: fortificaciones, tumbas, armas, intercambios comerciales o formas de poder.

Pero las sociedades también se construyen alrededor de actividades mucho más cotidianas.

Comer y beber son algunas de ellas.

Preparar una bebida fermentada exige conocimientos compartidos. Puede requerir cooperación. Su consumo puede reunir a varias personas y formar parte de situaciones en las que se refuerzan relaciones familiares, económicas o comunitarias.

Por eso investigar los orígenes de la cerveza no consiste simplemente en averiguar quién fue el primero en beber alcohol.

Permite estudiar cómo las comunidades aprendieron a transformar los alimentos y cómo esas transformaciones acabaron integrándose en sus formas de relacionarse.


¿La cerveza más antigua de Europa?

La posibilidad resulta atractiva, pero también necesita una formulación precisa.

Existen evidencias muy antiguas de producción de bebidas fermentadas en diferentes regiones del Próximo Oriente. El descubrimiento de Provadia-Solnitsata destaca por su antigüedad dentro del contexto europeo y por la interpretación de los cereales germinados como resultado de un proceso deliberado de malteado.

Por eso los investigadores plantean que podría tratarse de la evidencia más antigua de elaboración de cerveza conocida hasta ahora en Bulgaria y, posiblemente, en Europa.

«Posiblemente» es aquí una palabra importante.

La arqueología de los alimentos avanza con rapidez y la identificación de bebidas prehistóricas depende de evidencias que no siempre son fáciles de interpretar. Nuevos análisis o descubrimientos pueden modificar las cronologías.

Lo que el yacimiento búlgaro proporciona es una nueva pieza dentro de esa investigación.


Lo extraordinario estaba en unos pocos granos

Provadia-Solnitsata ya era un lugar excepcional antes de este descubrimiento.

Sus habitantes explotaron la sal, levantaron viviendas de varias plantas y participaron en redes de intercambio durante la Edad del Cobre. Ahora, unos cereales quemados permiten acercarse a otro aspecto mucho más difícil de observar: qué hacían con parte de los alimentos que almacenaban dentro de sus casas.

Quizá aquellos granos estuvieran destinados a producir cerveza.

No sabemos quién debía beberla. Tampoco si formaba parte de una comida cotidiana, de una celebración o de algún ritual. Ni siquiera podemos reconstruir todavía cómo sabría aquella bebida.

Pero el cereal germinado conserva el rastro de una acción deliberada realizada hace unos 6.500 años.

Alguien recogió trigo, lo puso en contacto con agua y esperó a que comenzara a germinar.

Después llegó el incendio que destruyó la vivienda y carbonizó los granos antes de que desaparecieran.

Paradójicamente, aquella destrucción pudo conservar la evidencia.

Miles de años después, ese pequeño puñado de cereal permite recordar que la historia de las sociedades humanas no se escribió únicamente mediante guerras, monumentos o grandes innovaciones. También se construyó alrededor del fuego, de los alimentos y de las bebidas que las personas aprendieron a preparar y compartir.

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