La guerra entre iguales: el conflicto mortal que divide a los chimpancés de Uganda

Un grupo de primates que convivió durante décadas se fractura en dos facciones enfrentadas, revelando la fragilidad de los vínculos sociales

Un antiguo grupo unido se enfrenta ahora en tensión abierta en la selva de Kibale, lo que refleja cómo la ruptura de los lazos sociales puede transformar la convivencia en conflicto, como refleja esta recreación de la imagen

En el Parque Nacional de Kibale, en Uganda, dentro del territorio conocido como Ngogo, una de las comunidades de chimpancés más estudiadas del mundo ha dejado de ser un grupo cohesionado para convertirse en dos bandos enfrentados. Lo que durante décadas fue una red compleja de alianzas, parentescos y cooperación ha derivado en un conflicto prolongado que los investigadores describen, con cautela, como una especie de «guerra civil».

La comunidad de Ngogo, que llegó a reunir alrededor de 200 chimpancés, había sido observada durante unos 30 años, lo que proporciona un registro excepcional de sus relaciones sociales. Durante ese tiempo, los individuos formaban subgrupos flexibles que cambiaban a lo largo del día, una dinámica habitual en esta especie. Sin embargo, entre 1998 y 2014, algunos de esos subgrupos comenzaron a estabilizarse, generando alianzas más duraderas.

El punto de inflexión llegó a partir de 2015, cuando la comunidad se dividió en dos grupos separados que empezaron a vivir y reproducirse de forma independiente. En un primer momento, los vínculos entre individuos de ambos bandos no desaparecieron por completo. Aún había interacción, cooperación e incluso relaciones sociales cruzadas. Pero esa frágil conexión terminó por romperse en 2018, cuando la agresividad comenzó a intensificarse en las zonas fronterizas.


De la convivencia a la violencia

El paso de la coexistencia a la violencia no fue inmediato, sino progresivo. A medida que los lazos sociales se debilitaban, los encuentros entre los dos grupos comenzaron a transformarse en enfrentamientos.

Las patrullas territoriales, un comportamiento conocido en los chimpancés, adquirieron un carácter más agresivo. Los miembros de un grupo comenzaron a atacar sistemáticamente a los del otro. Con el tiempo, estos ataques derivaron en muertes de machos adultos, un fenómeno ya documentado en conflictos entre comunidades distintas, pero mucho menos frecuente dentro de una misma comunidad previamente unificada.

A partir de 2021, los investigadores también observaron infanticidios, lo que indica un aumento significativo de la violencia. El número real de víctimas es difícil de determinar con precisión, ya que varios individuos desaparecieron sin que se pudiera establecer con certeza la causa.

Lo que hace especialmente relevante este caso es que no se trata de una guerra entre extraños. Son individuos que, en muchos casos, habían compartido espacio, alianzas y relaciones durante años.


Un precedente con ecos limitados

Este tipo de conflicto no es completamente desconocido en el estudio de los chimpancés, pero sí es excepcional por su escala y documentación. Hace aproximadamente 50 años, la primatóloga Jane Goodall describió un episodio similar en Gombe (Tanzania), donde una comunidad se dividió en facciones que terminaron enfrentándose violentamente.

Sin embargo, aquel caso fue interpretado durante mucho tiempo como una anomalía. Las observaciones eran más limitadas y no permitían reconstruir con tanto detalle la evolución del conflicto.

El caso de Ngogo, en cambio, se apoya en décadas de seguimiento continuo. Esto permite observar no solo el estallido de la violencia, sino también los procesos previos que llevaron a la ruptura del grupo.


¿Por qué se rompió el grupo?

Una de las cuestiones más difíciles de responder es la causa de esta división. Los investigadores no han identificado un único factor determinante, sino una combinación de elementos que pudieron desestabilizar la cohesión social.

Entre ellos se encuentran el gran tamaño del grupo, que pudo dificultar el mantenimiento de relaciones estables, la competencia por recursos como alimento y acceso reproductivo, y una serie de eventos que alteraron el equilibrio interno. Entre estos destacan la muerte de varios individuos adultos en 2014, el cambio de macho alfa en 2015 y una epidemia respiratoria en 2017 que causó la muerte de unos 25 chimpancés.

Estos factores, combinados, pudieron debilitar las redes sociales que mantenían unida a la comunidad. A partir de ahí, la fragmentación se convirtió en una posibilidad real que terminó materializándose.


Una comunidad ya marcada por la agresividad

El caso de Ngogo no parte de un escenario completamente pacífico. Antes de la división, esta comunidad ya era conocida por su comportamiento agresivo hacia grupos vecinos.

Entre 1998 y 2008, los chimpancés de Ngogo mataron al menos a 21 individuos de comunidades cercanas y expandieron su territorio. Este historial sugiere que la agresividad formaba parte de su dinámica social, al menos en relación con otros grupos.

Lo que resulta novedoso es que esa violencia se haya dirigido ahora hacia individuos que anteriormente formaban parte de la misma comunidad. La frontera ya no separa a extraños, sino a antiguos aliados.


Más allá de la analogía humana

Los investigadores utilizan con cautela el término «guerra civil». Como señala el antropólogo Aaron Sandel, el concepto tiene un significado específico en contextos humanos que no puede trasladarse directamente al comportamiento animal.

Sin embargo, la analogía resulta útil para captar la dimensión del fenómeno. La clave no está en equiparar ambos casos, sino en entender que el conflicto surge dentro de un grupo previamente cohesionado.

Otros especialistas, como James Brooks, consideran que este tipo de situaciones puede ofrecer una perspectiva útil para reflexionar sobre los mecanismos de división social, aunque subrayan que no existe un determinismo biológico que conduzca inevitablemente a la violencia.


Lo que este conflicto dice sobre nosotros

El estudio de los chimpancés suele despertar un interés especial porque son uno de nuestros parientes evolutivos más cercanos. Sus comportamientos pueden ofrecer pistas sobre aspectos profundos de la vida social en primates.

El caso de Ngogo sugiere que las redes sociales, incluso sin ideologías, religiones o estructuras políticas complejas, pueden fracturarse y dar lugar a conflictos intensos. La cohesión de un grupo no es un estado permanente, sino una construcción frágil que depende de múltiples factores.

Sin embargo, los propios investigadores insisten en una idea clave. Este tipo de comportamiento no determina el futuro de las sociedades humanas. Otros primates cercanos, como los bonobos, muestran dinámicas sociales diferentes, más basadas en la cooperación.

En ese contraste se abre una reflexión más amplia. La evolución no impone un único modelo de comportamiento. Dentro de ella existe un margen de variación que permite tanto la cooperación como el conflicto.


Una historia abierta en la selva africana

El conflicto en Ngogo no ha terminado. Los datos del estudio llegan hasta 2024, pero se han documentado nuevos episodios de violencia en 2025 y 2026. La división persiste, y con ella, una dinámica de enfrentamiento que parece haberse consolidado.

En la selva de Uganda, lejos de las categorías humanas, se desarrolla una historia que combina biología, comportamiento y relaciones sociales. Una historia que no puede explicarse mediante una sola causa y que sigue evolucionando con el tiempo.

Quizá lo más inquietante de este caso no sea la violencia en sí, sino su origen. No surge entre desconocidos, sino entre individuos que compartieron un pasado común. Y en ese punto, la distancia entre su historia y la nuestra se vuelve, por un momento, más corta de lo que cabría esperar.

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