Los primeros enterramientos intactos de Göbekli Tepe cambian la imagen de uno de los grandes yacimientos del Neolítico
Dos sepulturas de hace más de 10.000 años refuerzan la idea de que Göbekli Tepe no fue únicamente un lugar de reunión ritual, sino también un asentamiento donde las personas vivían, enterraban a sus muertos y mantenían complejas prácticas funerarias
![]() |
| Enterramiento único, Göbekli Tepe, Turquía | Julia Gresky, DAI |
Durante años, Göbekli Tepe fue presentado mediante una imagen tan poderosa como sencilla: grupos de cazadores-recolectores levantaron enormes construcciones monumentales para reunirse y celebrar rituales, pero no vivían realmente allí. El lugar parecía representar un mundo dedicado fundamentalmente a lo ceremonial, separado de los espacios de la vida cotidiana.
Esa interpretación lleva tiempo siendo revisada. La aparición de viviendas y evidencias de actividades domésticas ya había mostrado una realidad bastante más compleja. Ahora, el estudio de los primeros enterramientos intactos excavados en el yacimiento añade una pieza especialmente importante. Bajo los suelos de diferentes espacios aparecieron los restos de al menos cuatro personas enterradas durante el Neolítico Precerámico B, aproximadamente entre el 8700 y el 8000 a. C. Además de proporcionar información sobre cómo trataban a sus muertos, las sepulturas podrían explicar un enigma que acompaña a Göbekli Tepe desde las primeras excavaciones: por qué cientos de fragmentos de huesos humanos aparecían dispersos entre los edificios monumentales.
Göbekli Tepe no fue solamente un santuario
Situado unos 15 kilómetros al noreste de la actual Şanlıurfa, en el sureste de Turquía, Göbekli Tepe comenzó a formarse hacia el 9600 a. C. y permaneció ocupado durante aproximadamente 1.600 años.
Sus grandes recintos y los característicos pilares en forma de T, algunos decorados con relieves de animales y figuras humanas, convirtieron el lugar en uno de los yacimientos fundamentales para comprender las transformaciones que acompañaron al proceso de neolitización en el suroeste de Asia.
Durante las primeras décadas de investigación predominó una interpretación que distinguía con bastante claridad entre lo ritual y lo doméstico.
Göbekli Tepe habría sido fundamentalmente un centro ceremonial al que acudían grupos de cazadores-recolectores desde otros lugares.
Las investigaciones posteriores han obligado a matizar profundamente esa imagen.
Cada vez existen más evidencias de viviendas y actividades domésticas durante diferentes momentos de la ocupación. La presencia de enterramientos bajo los suelos refuerza ahora esa interpretación.
Las personas no acudían únicamente a Göbekli Tepe.
Algunas también vivieron y enterraron allí a sus muertos.
![]() |
| Yacimiento arqueológico de Göbekli Tepe | Wikipedia |
El extraño problema de los huesos humanos
Los restos humanos no son nuevos en Göbekli Tepe.
Desde el comienzo de las excavaciones en 1995, los arqueólogos han recuperado numerosos fragmentos óseos dispersos por el yacimiento. Hasta ahora se han contabilizado 928, la mayoría sin conexión anatómica entre sí.
Muchos proceden del relleno de los grandes edificios, mezclados con piedras, herramientas y restos animales.
Su presencia planteaba un problema difícil de resolver.
¿Habían sido colocados allí intencionadamente como parte de alguna práctica ritual? ¿Procedían de enterramientos secundarios? ¿O habían llegado hasta aquellos lugares mediante procesos naturales?
Algunos restos parecían favorecer una interpretación ritual. Se habían identificado cráneos con profundas incisiones realizadas deliberadamente y existía una clara sobrerrepresentación de fragmentos craneales.
En un lugar cuya iconografía incluye figuras humanas sin cabeza y representaciones de animales asociados a cabezas humanas, la posibilidad de algún tipo de tratamiento ritual de los cráneos resultaba especialmente sugerente.
Pero había un problema.
Los huesos aparecían demasiado dispersos.
Dos tumbas ofrecen una explicación diferente
Los nuevos enterramientos permiten observar por primera vez qué les ocurría a los cuerpos depositados en tumbas relativamente intactas de Göbekli Tepe.
Y el resultado es revelador.
Los huesos presentan algunas de las mismas alteraciones que aquellos fragmentos encontrados durante décadas entre los rellenos de los edificios.
Están muy fragmentados. Muchos aparecen cubiertos por depósitos calcáreos. Algunos presentan señales producidas por roedores.
Esto ha permitido plantear una explicación diferente.
Al menos una parte de los centenares de restos humanos dispersos podría proceder originalmente de tumbas situadas bajo los suelos de edificios construidos en las zonas más elevadas del asentamiento.
Posteriormente, la erosión y los movimientos de la ladera habrían desplazado tierra, piedras y huesos hacia las zonas inferiores, donde terminaron depositándose entre los edificios monumentales.
Tres personas dentro de una pequeña fosa
Uno de los enterramientos fue descubierto en 2017 durante la construcción de un canal de drenaje relacionado con la cubierta protectora de la zona principal de excavación.
Bajo el suelo de yeso de un edificio rectangular apareció una fosa con forma aproximadamente arriñonada.
Dentro había restos pertenecientes al menos a tres personas.
Una era una mujer de más de 35 años. Otra correspondía a un hombre de entre 20 y 30 años. La tercera era una adolescente de aproximadamente 11 a 14 años.
Existe incluso la posibilidad de un cuarto individuo, aunque las evidencias todavía no permiten asegurarlo.
La disposición de los huesos resulta especialmente interesante.
Los esqueletos ya no conservaban completamente su posición anatómica. Los cráneos habían sido agrupados en una esquina de la fosa, mientras que buena parte de los huesos postcraneales se acumulaba hacia el centro y algunos huesos largos aparecían junto a una de las paredes.
A primera vista, podría parecer una manipulación ritual compleja.
El estudio propone una explicación posiblemente más sencilla.
Una tumba utilizada varias veces
La pequeña fosa probablemente no recibió simultáneamente los tres cuerpos.
No había espacio suficiente.
Los investigadores consideran plausible que se depositara primero un cadáver completo y que, cuando fue necesario introducir un nuevo cuerpo, los restos anteriores fueran apartados.
El proceso pudo repetirse con los enterramientos posteriores.
Esto explicaría por qué los cráneos terminaron agrupados y los demás huesos fueron desplazados.
Hay un detalle importante: incluso aparecieron pequeños huesos de manos y pies.
Si los cadáveres hubieran sido descarnados y seleccionados deliberadamente antes de introducirlos en la tumba, cabría esperar una representación anatómica diferente. Tampoco se encontraron marcas de corte en los huesos.
La interpretación más plausible es que originalmente se depositaron cuerpos completos y que sus esqueletos fueron reorganizados posteriormente para dejar espacio a nuevos enterramientos.
La muerte, por tanto, no ponía necesariamente fin a la interacción entre la comunidad y los cuerpos de sus miembros.
Las tumbas podían volver a abrirse.
Una joven enterrada mirando hacia el este
El segundo enterramiento es diferente.
Fue localizado inicialmente en 2012, aunque las circunstancias de la excavación obligaron a protegerlo y dejarlo temporalmente en el terreno. No se excavó por completo hasta 2022.
El cuerpo pertenecía probablemente a una mujer de entre 20 y 30 años.
Había sido depositada flexionada sobre el lado izquierdo y orientada hacia el este, junto a la pared de un pequeño espacio situado inmediatamente al oeste del denominado Edificio Especial A.
A diferencia del enterramiento colectivo, este parece corresponder a una inhumación primaria individual.
El esqueleto permanecía en buena medida en su posición original.
No apareció dentro de una fosa claramente delimitada, sino sobre una capa de piedras. Algunos restos estaban desplazados y otros habían sufrido una considerable fragmentación.
Precisamente esos daños resultaron fundamentales para comprender lo ocurrido con otros huesos de Göbekli Tepe.
No todos los huesos rotos fueron destruidos deliberadamente
La fragmentación de restos humanos puede resultar especialmente difícil de interpretar.
Un hueso roto puede haber sido manipulado por personas. Pero también puede fracturarse siglos después del enterramiento debido a la presión del terreno, los cambios químicos, los animales o los movimientos del suelo.
Los esqueletos intactos proporcionaron una referencia con la que comparar los fragmentos dispersos.
En la tumba individual, por ejemplo, numerosos huesos largos habían perdido sus extremos y estaban partidos en varios fragmentos.
Los investigadores consideran que buena parte de esas roturas se produjo después de la muerte por causas naturales.
Los depósitos calcáreos fueron especialmente destructivos. No se limitaron a cubrir la superficie, sino que penetraron en el tejido óseo, provocando fisuras y favoreciendo su fragmentación. La presión acumulada del terreno también contribuyó al proceso.
Las marcas de roedores demuestran además que pequeños animales pudieron acceder en determinados momentos a los restos.
Un esqueleto que había sido enterrado prácticamente completo podía terminar, miles de años después, convertido en numerosos fragmentos.
La ladera pudo hacer el resto
Aquí aparece una de las principales aportaciones de la investigación.
Las características tafonómicas de estos esqueletos se parecen mucho a las observadas en los fragmentos encontrados dentro de los edificios monumentales.
Esto permite reconstruir un posible proceso.
En las zonas elevadas del asentamiento habría edificios domésticos bajo cuyos suelos se encontraban enterramientos. Con el paso del tiempo, la erosión, los movimientos de tierra y los deslizamientos de ladera pudieron destruir algunos de esos contextos.
Los restos descendieron junto con los sedimentos.
Finalmente terminaron depositados en las zonas más bajas, mezclados con los rellenos que cubrieron determinadas construcciones monumentales.
De ser así, algunos huesos que durante años parecieron formar parte de depósitos rituales podrían tener un origen bastante diferente.
Pero los rituales con restos humanos no desaparecen
La nueva explicación tampoco resuelve todo el problema.
Y los propios investigadores advierten de ello.
Algunos huesos humanos de Göbekli Tepe presentan modificaciones claramente intencionadas que difícilmente pueden atribuirse únicamente a procesos naturales.
Los cráneos con profundas incisiones son el ejemplo más evidente.
Además, otros yacimientos neolíticos de la región muestran prácticas funerarias extraordinariamente diversas.
En Sefertepe se han encontrado cráneos depositados en espacios específicos, incluida una pequeña estancia con al menos 21 cráneos colocados sobre sus bases y orientados mayoritariamente hacia el sureste.
En Sayburç han aparecido restos correspondientes al menos a 19 individuos, principalmente cráneos y huesos largos, algunos con evidencias de exposición al fuego.
Karahantepe también ha proporcionado cráneos con incisiones y señales de combustión.
El tratamiento especial de determinadas partes del cuerpo, particularmente la cabeza, formaba parte de un paisaje funerario mucho más amplio en la Anatolia neolítica.
Enterrar a los muertos debajo de las casas
Los nuevos enterramientos tampoco constituyen una práctica excepcional dentro del Neolítico del Próximo Oriente.
Enterrar a determinadas personas bajo los suelos de las viviendas está ampliamente documentado durante el Neolítico Precerámico en Anatolia y el Levante.
La convivencia entre vivos y muertos podía ser mucho más estrecha de lo que resulta habitual en muchas sociedades actuales.
Los difuntos permanecían literalmente integrados en los espacios donde continuaba desarrollándose la vida cotidiana.
Esto no significa necesariamente que todas las personas recibieran el mismo tratamiento ni que cada vivienda funcionara como lugar de enterramiento.
Precisamente la diversidad de prácticas constituye uno de los problemas más interesantes.
Algunos cadáveres permanecían completos. Otros podían ser desplazados después de la descomposición. Determinadas partes del esqueleto podían retirarse, conservarse o depositarse en otros espacios.
La muerte podía ser un proceso prolongado.
![]() |
| Tres esqueletos procedentes del enterramiento colectivo hallado en Göbekli Tepe | Crédito: Gresky y Clare, 2026 PLOS One (CC BY 4.0) |
Un Göbekli Tepe cada vez más complejo
El descubrimiento tiene otra consecuencia importante.
Refuerza la revisión de una de las imágenes más populares sobre Göbekli Tepe.
Durante años, el yacimiento fue utilizado para defender una oposición bastante clara entre monumento y asentamiento, entre ritual y vida cotidiana.
Las evidencias actuales hacen que esa separación resulte cada vez más difícil de mantener.
Hubo arquitectura monumental y actividades rituales extraordinarias, pero también viviendas, actividades domésticas y enterramientos.
Las mismas comunidades podían construir grandes pilares decorados, preparar alimentos, mantener sus casas y enterrar a sus muertos.
No hay ninguna contradicción.
Quizá el problema estaba en nuestra necesidad de clasificar los espacios prehistóricos mediante categorías demasiado rígidas.
Los muertos también formaban parte del asentamiento
Los dos enterramientos no eliminan el componente ritual de Göbekli Tepe ni convierten sus grandes edificios en simples viviendas.
Lo que hacen es ampliar la imagen.
Sabemos ahora que durante el Neolítico Precerámico B algunas personas fueron enterradas bajo los suelos del asentamiento. También sabemos que los procesos naturales pudieron destruir posteriormente algunas tumbas y transportar sus restos hasta otros sectores del yacimiento.
Eso proporciona una explicación plausible para buena parte de los huesos humanos dispersos que desconcertaban a los investigadores desde hacía décadas.
Pero no explica todos.
Algunos cráneos fueron tratados deliberadamente y las prácticas documentadas en otros yacimientos contemporáneos muestran que la relación entre aquellas comunidades y sus muertos podía adoptar formas muy diversas. Los propios autores consideran necesarios nuevos análisis osteológicos y dataciones absolutas antes de reconstruir con precisión esa historia.
Quizá esa sea también la principal enseñanza del descubrimiento.
Göbekli Tepe resulta cada vez menos comprensible como un lugar dedicado a una única función. Fue un espacio donde lo monumental, lo doméstico, lo simbólico y lo funerario podían formar parte de una misma realidad.
Hace más de diez mil años, las personas que habitaron aquel montículo no separaban necesariamente la vida cotidiana de aquello que nosotros llamamos ritual.
Y sus muertos, enterrados bajo los lugares donde continuaban viviendo, también formaban parte de ese mundo.



Comentarios