sábado, 5 de noviembre de 2016

Pan y toros (III)

Consideraciones finales

Una corrida de toros del pueblo, de Goya
El festejo de los toros durante la Edad Moderna constituyó el acto festivo más popular de todos los que se celebraban. Consolidado como una costumbre irrenunciable en ciudades, pueblos, villas y aldeas, no se concebían unas fiestas sin una corrida de toros. Y cuando por diferentes motivos las prohibiciones reales o señoriales de esos lugares, bien fueran por motivos luctuosos, bien por reveses económicos o militares, la población de estos lugares vivía la prohibición como un auténtico drama.

La corona y la nobleza, sabedores que un pueblo bien alimentado y divertido era un pueblo tranquilo, utilizaron la fiesta de los toros como un instrumento, tanto para tener a sus vasallos entretenidos como para representar su poder ante la comunidad.

Las corridas de toros, aunque funcionaron como una válvula de escape que permitía aliviar las tensiones acumuladas, también fueron un foco proclive de conflictos, que afectó a las diferentes capas sociales que participaban en la fiesta como espectadores; si bien, podemos decir quelas pendencias y los tumultos que se produjeron durante su desarrollo fueron escasos y de baja intensidad.

En la actualidad, la conflictividad que genera la fiesta de los toros se ha trasladado a otros ámbitos relacionados con la política y los derechos de los animales, por los que la supervivencia de la “fiesta” en España se halla en un debate con visos de prolongarse en el tiempo.

No te pierdas la primera parte de este artículo: Pan y toros (I)

Imagen| Wikiart

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