martes, 16 de abril de 2019

The North American Indians, la obra magna de Edward Sheriff Curtis

Curtis viajó por todo Estados Unidos y Canadá, creando un archivo muy completo sobre las tradiciones indígenas de la zona que estaban próximas a la desaparición

Algunas de las imágenes de Curtis estaban modificadas o preparadas para que no se vieran elementos o ropajes modernos.

Edward Sheriff Curtis nació en Wisconsin en 1868, hijo del reverendo Johnson Curtis y su mujer Ellen. Debido a la pobreza de su familia y al trabajo itinerante de su padre pronto se mudaron a Minnesota. A los doce años el joven Edward se construyó su primera cámara de fotos y empezaría la afición que culminaría con la mayor obra de su vida.

Su afición a la fotografía le llevó a conseguir un préstamo para abrir su propio estudio, que llegó a ser el más importante de Seattle y al conseguir estabilizarse económicamente se casó con Clara Phillips, con quien tuvo cuatro hijos. Su sueño era fotografiar paisajes así que partió a la aventura y ya en 1895 empezó a retratar nativos americanos y buscadores de oro del Yukon.

La casualidad hizo que en uno de sus viajes rescatase a un grupo de escaladores en el Monte Rainier; entre los rescatados había publicistas, etnógrafos, naturalistas y personajes como el conocido antropólogo George Bird Grinnell o C. H. Merriam, cofundador de la National Geographic Society. Fue invitado a la expedición Harriman Alaskan, que partió en 1899 y recorrió desde Seattle hasta el círculo polar ártico.

Trabajó durante casi 30 años en “The North American Indians”, que requería mucho dinero e inversores (llegando incluso a estimarse que la inversión fue de un millón de dólares en su momento). El proyecto incluía más de 20 tomos, 80 tribus estudiadas de Estados Unidos y Canadá y miles de fotografías. Fue alternando este trabajo a la vez que colaboraba en películas de Hollywood como “Los Diez Mandamientos” o las películas de “Tarzan”, de Cecil B. DeMille.

Los premios a su trabajo se iban sucediendo, lo que le llevó a conocer incluso a Theodore Roosevelt, quien le contrató para retratar a su hijo. Aunque Roosevelt apoyó muchísimo el proyecto de Curtis, no era precisamente por que apoyara la pervivencia de la vida indígena, considerada como un impedimento para el crecimiento del nuevo país que estaba surgiendo.Las leyendas del Salvaje Oeste habían vuelto a ponerse de moda y prueba de ello era el show de Buffalo Bill.

Curtis recogió también los testimonios de los nativos, entre ellos de los que estuvieron en la batalla de Little Bighorn, que se contradecía con la versión oficial del gobierno y dejaba a Custer en mal lugar; sus revelaciones provocaron un rechazo hacia su obra por parte de la sociedad estadounidense.

Pero su gran obra no recibía suficiente dinero y en 1911 tuvo que montar un espectáculo audiovisual, The Indian Picture Opera, donde se proyectaba fotografías, se escuchaba música nativa o se leía sobre las tribus americanas. Un año después compró un barco y se dirigió a filmar a los kwakiutl en la Columbia Británica donde filmó el documental “In the Land of the Head Hunters”.

Su trato con los nativos, en ocasiones algo condescendiente (los consideraba como niños y tenía a veces una actitud ciertamente paternalista con ellos),fue siempre cercano debido a la pobreza que sufrían y a los reiterados incumplimientos de los tratados por parte del gobierno. Los propios nativos le empezaran a aceptar incluso para realizar determinados rituales que antes no habían podido ver otros científicos.

El método de Curtis no era puramente científico, motivo por el que fue criticado por etnólogos y antropólogos de la época. Algunas de sus fotos están retocadas para evitar que objetos o ropajes modernos aparezcan en las imágenes, aún así la intención de preservar las costumbres y cultura material de los nativos es impresionante y sin su ayuda hoy no podríamos conocer muchos de estos aspectos.

Pasó el resto de su vida de manera modesta viviendo en Los Ángeles hasta su muerte, en 1952. Actualmente su obra se puede encontrar en la Biblioteca del Congreso (Washington D.C.), la Universidad de Wyoming, el Archivo de Música Tradicional en la Universidad de Indiana o la Nortwestern University.

Bibliografía| Curtis, Edward S. (2015) Los Indios de Norteamérica, las carpetas completas. Ed. Taschen.

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