miércoles, 11 de enero de 2012

La 'pinacoteca' rupestre descubierta en México.


Más de 3.0000 pinturas rupestres, con dos milenios de historia, se escondían en los cerros de la Cuenca del Río Victoria, en la provincia mexicana de Guajanato, al noroeste del país. El hallazgo, que tuvo lugar en la campaña arqueólogica entre junio y octubre del pasado año, ha sido hecho público ahora por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que lleva dos décadas investigando en la zona.

Las pinturas, realizadas en color ocre, se encuentran en las paredes rocosas de 40 emplazamientos diferentes de la zona y representan ritos religiosos y de curación, con inscripciones. Fueron realizadas, según los expertos, por primitivas sociedades de cazadores-recolectores que vivían en la región desde el siglo I, a quienes los colonizadores españoles llamaron chimenecas, englobándoles a todos.

Es la cuarta campaña que el equipo, dirigido por Carlos Viramontes, realiza en la Cuenca del Victoria, donde ya se han entrado más de 70 enclaves rupestres, según informa la agencia mexicana Notimex. "La población de Victoria, antiguamente conocida como San Juan Bautista Xichú (o Xichú de Indios), se localiza en el centro de un pequeño y fértil valle cruzado por un río seco la mayor parte del año", explica el arqueólogo José Guadalupe Arvizu Arvizu en un artículo.

El viento y el agua se han encargado de modelar las rocas, creando un paisaje de curiosas columnas de piedra, aprovechadas para plasmar los motivos rupestres. "Hay algunos enclaves que son públicos y otros privados. En los primeros, un gran número de personas participó en crear la iconografía como parte de algún ritual; y los privados fueron hechos por pocos individuos para ceremonias especiales, y están en lugares de difícil acceso, como cañadas y barrancos", explica Viramontes.

El yacimiento Manitas, por ejemplo, sería de los segundos, y está en una cumbre a 3.400 metros de altura. Hay figuras humanas, animales y plantas con formas fantásticas, así como manos en rojo y trazos geométricos. El de Cerro Redondo era público porque está en una elevación en medio de una llanura que fue habitada por estos pueblos durante cientos de años. Sus motivos son plantas, animales, insectos y figuras antropomorfas.

Entre los animales más representados se encuentran los ciervos, perros, insectos (ciempiés y arañas) y muchas aves.

Los investigadores aseguran que estos pueblos chimenecas, que eran de etnias muy diversas, consideraban los abrigos rocosos como lugares de contacto entre el mundo espiritual y el material, en una forma de culto ancestral a la piedra y al cerro como entidades con vida.

En la campaña también localizaron restos de la época colonial, del siglo XIX, realizados por pueblos otomíes. También son inscripciones religiosas, como cruces, capillas o altares, en este caso realizadas con pigmentos blancos.
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Extraído de El Mundo