miércoles, 30 de mayo de 2012

Los restos hallados en Amadores revelan prácticas mortuorias inéditas.

El yacimiento data de principios del siglo XI y fue descubierto por un hombre y su hijo cuando paseaban.


Los restos arqueológicos de la Montaña de Amadores (Gran Canaria), hallados de forma casual por un hombre y su hijo el verano pasado, aportan datos inéditos sobre las prácticas mortuorias de los antiguos canarios y el sistema que utilizaban para amortajar los cadáveres.

El yacimiento data de principios del siglo XI y ha permitido conocer datos hasta ahora desconocidos sobre la manera de procesar los cuerpos, ya que hasta ahora sólo se conocía con precisión el de las momias, ha indicado hoy la arqueóloga Verónica Alberto al presentar en el Museo Canario los resultados de la investigación.

La cueva del municipio de Mogán en la que se encontraron los restos es una oquedad natural de unos cuatro metros cuadrados en la que recibieron sepultura al menos seis individuos: dos adultos y cuatro niños con edades comprendidas entre un mes y los dos o cuatro años.

Los esqueletos encontrados no estaban completos, algo que muy probablemente se debe a alteraciones que han afectado a la zona desde hace años, ya que, hasta la década de los años ochenta del siglo XX, incluso había viviendas en las proximidades.

Los restos óseos mejor conservados corresponden a una mujer de entre 40 y 50 años, que fue depositada en primer lugar completamente extendida sobre el suelo, previamente acondicionado mediante la regularización del soporte rocoso.

El cuerpo estaba protegido con una mortaja elaborada con juntos, con un tejido envolvente formado por tres capas idénticas superpuestas que se hacían coincidir perfectamente, y fijadas alrededor del cadáver con tiras, también de juncos, ha indicado Alberto.

Al menos dos de los niños se introdujeron en la cueva después de que la mujer fuese enterrada, en enterramientos sucesivos, lo que refuerza la tesis de que sirvió como enclave funerario colectivo durante un dilatado período de tiempo, y aunque no ha podido precisarse cuánto, el análisis con Carbono 14 de muestras de hueso y tejido ha revelado que la sepultura podría ser de principios del siglo XI d.C.

En el enclave funerario no se encontró ningún tipo de ajuar y se desconoce si los cuerpos pertenecen a personas con vínculos de parentesco, aunque se supone que sí, dada la cercanía de los cadáveres, según esta arqueóloga del equipo que ha investigado el yacimiento por encargo del Cabildo de Gran Canaria.

Como dato curioso, en los huesos de la mujer se aprecian patologías asociadas a la edad y a la actividad, como artrosis en la columna debido probablemente al sobreesfuerzo o una enfermedad degenerativa en una mano, ha resaltado la arqueóloga.

La forma en que murieron las personas enterradas se ignora, pues no hay lesiones en algún hueso que lo pudieran indicar.

Además de su antigüedad, un rasgo singular del yacimiento es que es de los pocos recintos mortuorios en los que el número de niños es mayor que el de adultos, lo que podría influir en las teorías sobre la selección de los individuos que se incorporaban a los espacios funerarios, según los expertos.

El consejero de Cultura y Patrimonio Histórico y Cultural del Cabildo de Gran Canaria, Larry Álvarez, ha anunciado que los restos arqueológicos se expondrán al público en el Museo Canario aproximadamente dentro de un mes.
Álvarez ha señalado la necesidad de que los ciudadanos se conciencien de la importancia de avisar cuando encuentren restos de este tipo y que no los toquen, pues todos los detalles son importantes.

Extraído de La Provincia