lunes, 24 de septiembre de 2012

Amanecer ibero en Puente Tablas.

Es un culto asociado al control del calendario solar en el que la diosa de la fecundidad juega un papel fundamental.
Puente Tablas durante el amanecer.
Recrear los amaneceres íberos del siglo IV a. C en Puente Tablas. Eso es lo que hizo ayer el Instituto Universitario de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (CAAI) que quiso escenificar el rito ibero del equinoccio de otoño, un ritual que constituye una novedad en lo referente a la cultura ibérica por dos motivos. El primero porque hasta ahora no se tenían referencias a este tipo de prácticas y el segundo porque ofrece la posibilidad de poderlo «reconstruir» al estar asociado al sol.
Así lo explicó el director del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica, Arturo Ruiz, que asistió a esta demostración acompañado por la vicerrectora de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación de la UJA, María Ángeles Peinado, y por el subdirector del centro, Manuel Molinos. «Realmente nos da una información muy nueva sobre cómo era el culto a la diosa de la fecundidad y la relación que tenía con el sol, quizás una divinidad masculina en el mundo ibérico», explicaba Arturo Ruiz.
Para realizar esta recreación, el Instituto Universitario de Arqueología Ibérica ha levantado un dispositivo en la Puerta del Sol del oppidum, gracias al cual se pudieron reproducir las sombras y luces que al amanecer crea el sol sobre una copia de la estela antropomorfa de la diosa hallada en la excavación arqueológica.
El ritual es un culto asociado al control del calendario solar. Arturo Ruiz explica que la Puerta del Sol de Puente Tablas, construida en el siglo IV a.c. y orientada dirección Este-Oeste, «es un calendario en sí», con una función «claramente de culto» dedicada a una diosa de la fecundidad, de la naturaleza de la agricultura, de la riqueza y quizás del amor, porque «lo que vemos es el encuentro de la luz del sol con la diosa, una especie de encuentro místico y divino entre el dios masculino representado en el sol y la femenina, representada en la piedra». Según Arturo Ruiz, «este encuentro es el que da lugar a la riqueza y a la fecundidad, al crecimiento de los frutos» desde que comienza en primavera hasta que finaliza con la llegada del otoño, momento en el que la diosa era guardada en una pequeña capilla, que los trabajos arqueológicos dejaron al descubierto junto a la puerta. Por lo tanto, se trataría de un culto asociado al calendario solar.
Respecto a la estela antropomorfa, cuyo original se guarda en las instalaciones del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica, su director explica que su forma es femenina y tiene marcada una tiara y un manto.
Extraído de Ideal