viernes, 30 de noviembre de 2012

Proyecto arqueológico Magdala cumple un año de excavaciones.

El trabajo está desarrollado en Israel por la arqueóloga Marcela Zapata; esta investigación busca convertirse en una experiencia para los peregrinos que visitan Tierra Santa y una forma de acercarse a la vida de Cristo.


En la imagen, a arqueóloga Marcela Zapata.
Es la primera vez que México lidera una investigación de arqueología bíblica, el proyecto de investigación arqueológico Magdala, desarrollado en Israel por la arqueóloga Marcela Zapata, académica de la Universidad Anáhuac, de la ciudad de México.
Los trabajos se pudieron realizar gracias a la licencia otorgada por la Autoridad de Antigüedades de Israel tras el hallazgo de una sinagoga del Siglo I.
Para los responsables del Centro Magdala, esta investigación busca convertirse en una experiencia para los peregrinos que visitan Tierra Santa y una forma de acercarse a la vida de Cristo.
La directora del Proyecto Magdala, indicó que las excavaciones iniciaron hace un año, en colaboración con el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Se trata de un proyecto de gran relevancia, debido a que ha arrojado importantes hallazgos y unas primeras aproximaciones a los usos y costumbres de los habitantes de Magdala, región cerca de Galilea, durante su máxima ocupación a lo largo del siglo I.
Se han excavado mil 280 metros cuadrados, distribuidos en tres módulos o zonas de excavación, en los que se han develado una serie de estructuras. Cabe destacar el descubrimiento de un complejo de cuartos con apisonados de tierra y puertas que dan acceso a un patio abierto, un área común, con escaleras y piso de bloques de basalto.
Llama la atención el estado de conservación de los muros, los cuartos, pasillos y escaleras, así como de los pisos de basalto, en especial del mosaico y del miqvé (baño judío de purificación con 7 escalones que representan los 7 días de la creación).
Todos los elementos hacen que el complejo habitacional cobre una gran importancia: se trata de un espacio privado al cual, posiblemente, sólo tenían acceso determinadas personas o familias. La cerámica, el vidrio y las monedas recuperadas confirman que estamos en un conjunto habitacional del siglo I.
En la actualidad se está trabajando en un cuarto módulo que abarca una extensión de 396 metroscuadrados. A diferencia de los otros conjuntos habitacionales, éste se ha caracterizado por estar limitado en sus cuatro extremos por calles, lo que nos indica que los cuartos y pasillos corresponden a un barrio o manzana completa de la ciudad de Magdala.
Los resultados obtenidos hasta el momento permiten dar una primera interpretación: las pruebas arqueológicas y sus asociaciones con los espacios y la arquitectura, hasta el momento sugieren que los habitantes de Magdala, tras el paso de los romanos, tuvieron el tiempo suficiente para abandonar sus casas de una manera paulatina, llevándose consigo todas sus pertenencias.
Esa puede ser la razón de que hasta el momento no tengamos contextos primarios, explica Marcela Zapata. Las asociaciones de materiales y las áreas de actividad nos hablan de un gran movimiento, lento, hacia el sur de la región de Galilea.
Adelantó que la siguiente etapa se presenta muy apasionante, pues el nuevo módulo a excavar es el puerto, a través del cual se espera obtener mucha información económica e, incluso, de la diversidad de etnias que habitaron Magdala durante el siglo I.
Uno de los aspectos más destacados del Proyecto Magdala en este primer año ha sido la intensa labor de voluntariado, un maravilloso ejemplo de cooperación internacional. Son ya más de 200 los voluntarios, jóvenes interesados en la arqueología, procedentes de países como México, Alemania, Chile, España, Estados Unidos e Israel, entre otros.
Extraído de Milenio