martes, 29 de enero de 2013

Hallan residuos de cacao en cerámica maya de 2.500 años de antigüedad.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) acaba de presentar un informe sobre los principales descubrimientos en 2012, entre los que se encuentran diversas herramientas que pertenecieron a grupos cazadores-recolectores, considerados entre los primeros pobladores del continente americano.


La milenaria historia mexicana posibilita que su riqueza arqueológica, una de las más grandes del mundo, se enriquezca constantemente con importantes descubrimientos. Una mayoría de esos hallazgos son resultados de investigaciones que llevan a cabo los especialistas, pero otros son casuales, realizados por pobladores locales.

Esas reliquias históricas datan de distintos momentos prehispánicos y revelan el desarrollo de las numerosas culturas que poblaron el territorio actual de la nación. Estas fueron, entre otras, olmeca, teotihuacana, tolteca, zapoteca, maya, azteca, mixteca y chichimeca. La civilización maya en México habitó el territorio hoy comprendido por cinco estados del sureste, que son, Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. Asimismo pobló zonas de los actuales países de Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), la entidad encargada de garantizar la investigación, conservación, protección y difusión del patrimonio histórico, arqueológico, antropológico y paleontológico, acaba de presentar un informe sobre los principales descubrimientos en 2012.

Entre estos se encuentran diversas herramientas que pertenecieron a grupos cazadores-recolectores, considerados entre los primeros pobladores del continente americano. Por ejemplo, fue descubierto un sitio arqueológico en el estado de Sinaloa cuya antigüedad se estima en unos cuatro mil años. En ese lugar se hallaron 60 puntas de proyectil (20 completas y 40 fragmentadas), las cuales fueron construidas alrededor de esa fecha anterior a nuestra era.

En la localidad conocida como Las Labradas es donde se encuentra este lugar, que muestra la presencia humana más antigua en ese estado. El descubrimiento tiene una gran relevancia para la arqueología mexicana, ya que cambiará la cronología sobre la antigüedad de la ocupación del hombre en el noroccidente del país, expresó el arqueólogo Joel Santos.

El especialista informó que además de las puntas de proyectil también se encontraron otros objetos de piedra, como cuchillos y fragmentos de herramientas. Los vestigios aparecidos forman parte de una tecnología rudimentaria que se ha registrado en lugares tempranos del suroeste de Estados Unidos y de Mesoamérica, entre estos los actuales territorios mexicanos de Puebla, Sonora, Durango y Coahuila. De acuerdo con la distribución en que se hallaron esos artículos, los arqueólogos infieren la existencia de campamentos temporales y posiblemente un taller de manufactura lítica.

Asimismo, aparecieron varios entierros y ofrendas funerarias, con características diferentes de acuerdo con su cultura, que tienen numerosos siglos de antigüedad. Se destacan cuatro tumbas zapotecas localizadas en la recién abierta zona arqueológica de Atzompa, en Oaxaca, las cuales tienen más de 1.100 años. (1)

Por otro lado, 15 enterramientos con osamentas completas, cuya antigüedad se estima en más de 850 años, fueron hallados en la Zona Arqueológica de Tancama, a 12 kilómetros del municipio de Jalpan de Serra, en Querétaro. Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia realizaron el descubrimiento durante los trabajos de consolidación del Edificio 17 de esa zona, de filiación huasteca. El asentamiento prehispánico de Tancama se desarrolló entre los años 250 y 800, aunque su apogeo se dio precisamente entre los 500 y 750. (2)

El descubrimiento de una cámara funeraria de más de mil años en la Zona Arqueológica de Tingambato, estado de Michoacán, es uno de los resultados más relevantes de un proyecto especial del INAH. Este sepulcro, que contiene restos de un personaje aún no identificado, acompañado de 19 mil cuentas de piedra verde, concha y huesos humanos, se halló gracias a trabajos de investigación y conservación arqueológica que realiza el INAH en cinco sitios prehispánicos de esa entidad federativa. (3)

En tanto en Cholula, Puebla, se localizó un panteón familiar, donde están 13 individuos, agrupados en dos entierros, cuya antigüedad es de 800 años. El cementerio fue hallado casualmente en el municipio de San Andrés Cholula, cuando se hacían excavaciones en un predio para instalar un sistema de drenaje, divulgó el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En el sepulcro se encontraron un total de 12 osamentas, agrupadas en dos entierros, en lo que posiblemente fuera un mortuorio familiar. Allí también aparecieron varias ofrendas fúnebres. El arqueólogo Ashuni Emmanuel Romero explicó a la prensa que la mayoría de las osamentas están completas. Comentó que durante el último año se han encontrado diversos entierros prehispánicos en esta región, los cuales suman en total 29 osamentas.

Al sur del país, en el Templo XX de Palenque, en Chiapas, un equipo multidisciplinario del INAH entró por primera vez a una cámara funeraria descubierta hace 13 años. Ese lugar guarda los restos de un hombre que puede ser uno de los primeros soberanos de esa región, K’uk Bahlam I, quien ascendió al trono en el año 431 después de nuestra era (dne).

En el pueblo de Onavas, al sur de Sonora, fue descubierto el primer cementerio prehispánico en ese estado, el cual tiene alrededor de mil años y está integrado por los restos de 25 personas. De estas, 13 presentan deformación intencional del cráneo y cinco mutilación dentaria, prácticas culturales de las que no se tenía registro en esa región.

Asimismo, en la zona arqueológica del Templo Mayor, ubicada en el actual Distrito Federal, se encontraron ornamentos que en su conjunto forman una versión iconográfica sobre el nacimiento de Huitzilopochtli -el principal dios mexica- y el origen de la Guerra Sagrada entre esta etnia. Además, se descubrió una estructura circular que contenía un tronco fragmentado, el cual pudiera ser uno de los árboles sagrados del recinto ceremonial. (4)

En Guanajuato se encontraron más de tres mil motivos pictóricos rupestres distribuidos en 40 sitios rocosos, que aluden a rituales de curación, petición de lluvias y cultos, hechos por comunidades que ocuparon esa zona durante el primer milenio dne. (5)

De otra parte, en el municipio de Huimilpan, en Querétaro, se hallaron vestigios paleontológicos de hace miles de años, entre ellos los restos de un mamut de 100 siglos de antigüedad. Igualmente, en Atotonilco de Tula, en Hidalgo, aparecieron huesos de una megafauna, con también unos 10 mil años.

En el sitio Paso del Macho, ubicado al norte del estado de Yucatán, fueron recuperados residuos químicos de la semilla de cacao fueron hallados adheridos a dos fragmentos de cerámica maya de 2.500 años de antigüedad, recuperados. Uno de los fragmentos corresponde a un plato, lo que indica a los científicos que los mayas prehispánicos tal vez consumieron un alimento aderezado con salsa de cacao, con consistencia similar a la del mole (una preparación típica del país). (6)

Otro hallazgo de relevancia fue un teatro maya de mil 200 años de edificado, ubicado en el sitio arqueológico Plan de Ayutla, en Chiapas, posiblemente usado por personajes de elite para representaciones escénicas de carácter artístico, religioso y sobre todo político.

Además, un tablero de más de mil años, usado como juego u objeto de adivinación, fue hallado en la zona arqueológica de Dzibilnocac, en el estado de Campeche, durante trabajos de restauración en el sitio denominado Edificio A1, informó el INAH-Conaculta. El patolli (“juego” en lengua náhuatl) tiene 50 centímetros de longitud, está dividido en 58 rectángulos de diversos tamaños y en algunos de estos hay cruces trazadas, explicó el arqueólogo Heber Ojeda. Se estima que ese objeto fuera usado entre los años 600 y 900 de nuestra era, cuando la entonces ciudad de Dzibilnocac estaba en su apogeo. (7)

Las zonas arqueológicas.

Siete zonas arqueológicas abrieron sus puertas al público en 2012. Son Atzompa, en Oaxaca; Pahñú, en Hidalgo; San Miguelito, en Quintana Roo; Tecoaque, en Tlaxcala; Lagartero e Iglesia Vieja, ambas en Chiapas; y El Cóporo, en Guanajuato. Así suman un total de 187 en la república.

Esta extraordinaria riqueza histórica y cultural, junto a los más de 100 museos, son también una gran atracción turística, que capta anualmente a numerosos visitantes nacionales y extranjeros. La afluencia de ellos en el primer cuatrimestre del calendario recién concluido fue de casi siete millones.

En los sitios mayas en específico, solamente entre los días del 21 al 23 de diciembre, la cifra de asistentes fue de 160 mil turistas, motivados por la culminación del 13 Baktún, señalado en el calendario maya como el comienzo de una nueva era. La mayor cantidad de visitantes a los sitios arqueológicos del país se registran en la zona maya, principalmente en Chichén Itzá, en Yucatán; Tulum y Cobá, en Quintana Roo; y Palenque, en Chiapas. (8)

Chichén Itzá es el centro urbano más importante de la vasta región cultural de ese pueblo precolombino. Tuvo su máximo auge entre los años mil y 1. 200 dne. Contiene algunos de los más sobresalientes ejemplos de la arquitectura prehispánica del sur de México, como el juego de pelota de dimensiones colosales y los templos de las Columnas y de los Guerreros, entre otros. El dios que presidía el lugar, según esa mitología, era Kukulcán, representación de Quetzalcóatl, deidad tomada del panteón de la cultura tolteca.

Por su parte, Tulum, según referencias, data del 564 dne, aunque la mayor parte de sus edificios que se mantienen hoy fueron construidos entre los años 1200 y 1450. Esta fue habitada hasta los primeros momentos de la colonia española, pero a finales del siglo XVI ya no quedaron residentes.

La ciudad de Cobá llegó a contar con 50 mil habitantes. Su mayor parte fue construida entre los años 500 y 900 dne y tenía varios templos, entre los cuales sobrevive la pirámide del Nohoch Mul, de 42 metros de altura. Palenque era uno de los principales centros comerciales mayas del periodo Clásico. Tuvo su época de esplendor durante los años 650 y 750 dne.

Las civilizaciones precolombinas dejaron múltiples legados de su obra, que sobreviven hoy al paso de los siglos. Ellas están presentes en los vestigios de sus pirámides, asentamientos, palacios, templos, estatuas, ornamentos, herramientas, cerámicas, ofrendas y tumbas, entre otros. Dichas construcciones permanecen hoy como testimonio de ese pasado, que a pesar del impacto destructivo de la colonización, del tiempo y de las discriminaciones, se negó a desaparecer para orgullo y patrimonio de las siguientes generaciones de mexicanos.

Notas:

1. El sepulcro de un gobernante que vivió hace unos 1.300 años fue descubierto en Bocana del Río Copalita, en el estado de Oaxaca. Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia hallaron la tumba en el Templo Mayor, ubicado en el área donde residía la cúpula de aquella sociedad. En su interior se encontró la osamenta de un hombre que murió cuando tenía entre 20 y 23 años de edad, así como varios tributos póstumos, que incluyen un posible bastón de mando. Alrededor del sepulcro también aparecieron los entierros de 38 individuos más y diversas ofrendas, como vasijas decoradas con imágenes de humanos y de animales. Esta zona fue habitada por diversos grupos culturales durante los años 600 ane y 1519 dne, entre estos los mixe-zoques, sus pobladores más antiguos, los chontales y los mixtecos. A la llegada de los colonizadores españoles en el siglo XVI se produjo una epidemia y la localidad fue abandonada por sus pobladores.

2. Los restos óseos estaban distribuidos frente a la escalinata, en una de las alfardas, y alrededor de la edificación, la mayor de la llamada Plaza de la Promesa, en la que se hicieron labores arqueológicas entre mayo y julio pasados, para su estudio y restauración. Jorge Alberto Quiróz, responsable del Proyecto Arqueológico Valles de la Sierra Gorda -en el que se inscribe la investigación, exploración y consolidación de Tancama-, comentó que los esqueletos fueron trasladados al Departamento de Colecciones Arqueológicas Comparativas del Instituto en la Ciudad de México. Al encontrarse los despojos junto a piezas de cerámica del tipo Zaquil negro, a manera de ofrenda, se llegó a la conclusión que los cráneos corresponden al momento de auge de este sitio huasteco, entre 500 y 700 de nuestra era.

3. De acuerdo con arqueólogos del Instituto, la complejidad en la arquitectura de la cámara mortuoria (de 3,60 por 4,00 metros, y a 2,70 metros de profundidad) y la riqueza del entierro, que datan del periodo Clásico (200 a 900 de nuestra era), indican que se trata de los restos de un personaje de alto rango de la antigua urbe de Tingambato. Aún no se ha podido identificar la filiación cultural del entierro, pero se infiere que, posiblemente, la cámara corresponde a la tradición funeraria de Occidente, a la que pertenecen las tumbas de tiro y las de El Opeño, aunque estas comenzaron a construirse durante el período Preclásico (300 a 200 antes de nuestra era).

Desde 2011 a la fecha, el INAH desarrolla el denominado Proyecto Especial Michoacán, en las zonas arqueológicas de Tzintzuntzan, Ihuatzio, Tres Cerritos, Huandacareo y Tingambato, fue en esta última donde hace unos meses se registró el hallazgo. El arqueólogo Melchor Cruz, coordinador de los trabajos de conservación e investigación en Tingambato, afirmó que las características de la que han denominado Tumba II y la riqueza del entierro indican que Tingambato debió tener una mayor importancia en la historia prehispánica de la región. “Puede tratarse de un centro rector del periodo Clásico mesoamericano, en la región central de lo que hoy es Michoacán”, subrayó.

4. Más de 50 sahumadores con restos de resina que podría ser copal, y cuya antigüedad se estima en 550 años, fueron recuperados en el Templo Mayor, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El hallazgo se suscitó durante las labores que se realizan para la creación de un vestíbulo de acceso a la Zona Arqueológica y Museo del Templo Mayor. Preliminarmente, se ha considerado que estas piezas de cerámica -65 centímetros de largo y 10 centímetros de alto como promedio- formaron parte de dos ofrendas de consagración, aunque hasta el momento se ignora con qué motivos o hacia qué espacio arquitectónico fueron dedicados. Los objetos prehispánicos estaban en el predio Plaza Manuel Gamio, a poco más de seis metros de profundidad a nivel de calle, en un relleno de tierra localizado debajo de las 23 lápidas de tezontle encontradas en 2011.

Las referidas lápidas pertenecen a la etapa constructiva IV-A de lo que fue el Templo Mayor de Tenochtitlan, edificada de 1440 a 1469, destacó el arqueólogo Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del Instituto. En estos recipientes se depositaba materia orgánica en combustión, sobre la cual generalmente se colocaba copal para producir humo aromático durante los ritos y así agradar a los dioses.

Además, un entierro de más de 500 años de antigüedad, único en su tipo, fue localizado por especialistas del INAH-Conaculta en el Centro Histórico de la capital. El hallazgo lo integran el esqueleto completo de un individuo, alrededor del cual estaban dispuestos más de un millar de huesos de niños, jóvenes y adultos, y se ubicó al pie de lo que fue el Templo Mayor de la antigua Tenochtitlan. Si bien con anterioridad se habían encontrado otros enterramientos múltiples de la cultura mexica, este es el primero en el que se observa el esqueleto de una persona adulta acompañado por piezas óseas humanas de diversas edades, destacó Barrera. El entierro está a unos cinco metros de profundidad respecto al nivel de la calle, bajo un piso de lajas de basalto que corresponde a la etapa constructiva V del Templo Mayor, que abarca de 1481 a 1486, de modo que los especialistas estiman que las osamentas datan de ese periodo. “Los huesos estaban depositados directamente sobre la tierra; el esqueleto completo se halló en el costado poniente del espacio funerario -de 1,9 metros de largo y 65 centímetros de ancho”, describió el arqueólogo.

5. Varias pinturas rupestres, que podrían tener hasta dos mil años de antigüedad, se encuentran en proceso de restauración por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Los dibujos se hallaban en el municipio de Alfajayucan, en el estado de Hidalgo, de donde fueron trasladados a fines del año pasado ante el riesgo de perderse por la ampliación de la presa El Yathé. En tres paneles de roca basáltica están grabadas diversas figuras antropomorfas en color rojo. El arqueólogo Alfonso Torres refirió que esas trazas podrían tener una antigüedad mayor a las registradas en municipios cercanos, como Huichapan y Tecozautla. Por su estilo, quizá fueron hechos a principios de nuestra era; no obstante, será necesario corroborarlo mediante los estudios correspondientes.

6. Tal descubrimiento es de relevancia para la arqueología, pues indica que el uso del cacao ocurrió desde los años 600 a 500 antes de nuestra era, en la región que en la actualidad ocupa el territorio de esa península. Las evidencias demuestran además que el cacao no solo se bebía, sino que también pudo ser condimento alimenticio, destacó un reporte de Noticieros Televisa. Hasta el momento los investigadores solo tenían la certeza de que esta semilla únicamente se consumía en forma de bebida.

El arqueólogo Tomás Gallareta, del INAH-Conaculta, informó esta conclusión tras el estudio de laboratorio a los residuos de cacao, que fueron recuperados por él en 2001, junto con un centenar de fragmentos cerámicos en la región yucateca serrana Puuc. Gallareta también destacó que desde hace una década se han registrado una serie de descubrimientos en sitios que datan del periodo Preclásico Medio (1200-400 antes de nuestra era), como Paso del Macho y Xocnaceh, en la región Puuc, y Poxilá y Xtobó, entre otros ubicados en la costa occidental de Yucatán. Lo anterior obliga a cambiar la concepción sobre el desarrollo alcanzado en la porción norte de la región maya. En esas zonas “vemos que hay juegos de pelota, pirámides y consumo de cacao, elementos significativos que dan cuenta del desarrollo alcanzado para esa época”. De esta forma se recupera paulatinamente el panorama de una vida compleja y sofisticada que desde hace 2.500 años ya existía en la porción que ahora ocupa Yucatán, como se ha descrito para otras partes del mundo maya, subrayó el experto.

7. La experta Judith Gallegos, quien ya estudiara un patolli descubierto anteriormente en ese estado, explicó que este juego fue descrito en códices, así como por cronistas españoles. Comentó que los mayas tenían una gran afición a ese pasatiempo, el cual en la colonización fue considerado prohibido al catalogarse entonces de idolátrico y pagano. Este tipo de tablero, más allá de su uso para el juego o la apuesta, también pudo ser utilizado como un instrumento de adivinación.

8. Enseres mortuorios que acompañaron hace más de mil años a Kalom ´Uk´uw, gobernante maya de una ciudad prehispánica de Yucatán, se exhibieron por primera vez en el museo de la Zona Arqueológica de Dzibilchaltún. Estos objetos, reunidos en un montaje que explica la importancia de Kalom y los orígenes del nombre de Dzibilchaltún, forman parte de los nuevos acervos que presenta la institución, reabierta al público luego de un proceso de reestructuración. El lugar del entierro fue descubierto en 1994 por arqueólogos del INAH-Conaculta, pero ahora es que son presentados al público los hallazgos. Una de las piezas más importantes del ajuar funerario es un hueso de una especie pequeña de venado (yuc) -de apenas 20 centímetros de largo-, que tiene impresa en bajorrelieve una escena alusiva al inframundo, y un texto de 12 bloques jeroglíficos escritos en doble columna.

El arqueólogo del Centro INAH-Yucatán Rubén Maldonado, quien descubrió el enterramiento, explicó que la imagen grabada en el fémur de venado representa una escena de muerte e inhumación, en la que se alude al aspecto mítico y antropomorfo del jaguar del inframundo. Según el investigador, el texto jeroglífico sigue el patrón de los rótulos de nombre. En los primeros bloques, la escritura indica el objeto, denominado ú-hach-ih bak (el hueso raspado de) y el nombre del dueño, que consta de cuatro signos con valor fonético. Además, el hueso de venado contiene el glifo emblema del sitio de Dzibilchaltún, cuyo símbolo -hasta la fecha- solo se ha localizado en tres textos, uno de los cuales corresponde a esta pieza. Maldonado abundó que este glifo emblema es uno de los de mayor importancia, porque permite una reconstrucción del panorama histórico del período Clásico Tardío (600-900 de nuestra era) del noroeste de la península de Yucatán.

Vía: Bolpress