jueves, 7 de febrero de 2013

Aparece Ricardo III en un párking en Leicester.

Imagen del esqueleto según se halló en el aparcamiento de Leicester.
El análisis de ADN ha permitido constatar que los restos localizados en septiembre en un aparcamiento de Leicester (centro de Inglaterra) pertenecen al rey inglés Ricardo III, fallecido en 1485, confirmó ayer la Universidad de Leicester.
El responsable del equipo arqueológico de esa universidad, Richard Buckley, aseguró que las pruebas demuestran que el esqueleto encontrado es, «más allá de cualquier duda», el del monarca que reinó de 1483 a 1485, el último de la casa de los York que fue seguida por la dinastía de los Tudor.
El estudio del esqueleto, que presentaba diez heridas (ocho de ellas en el cráneo), ya arrojaba pruebas «altamente convincentes» de que podía corresponder a Ricardo III, el último monarca inglés fallecido en una batalla, pero han sido los análisis ADN los que finalmente han confirmado el descubrimiento.
Los científicos recogieron el material genético de la dentadura y el fémur de los restos y los compararon con ADN de Michael Ibsen —descendiente de la hermana de Ricardo III, Ana de York— y de otro de sus descendientes anónimos.
Los resultados mostraron la coincidencia entre el material genético de Michael Ibsen y el del esqueleto localizado en lo que fue el coro de la iglesia de Grey Friars, derruida en 1538 y hoy en día un aparcamiento, lo que permite identificarlo como el rey Ricardo III.
Las labores de excavación en el aparcamiento comenzaron a finales del pasado agosto con el ánimo de encontrar la tumba del monarca que, según las reseñas históricas, fue enterrado en el antiguo templo tras morir en la batalla de Bosworth Field en 1485.
El alcalde de Leicester (centro de Inglaterra), Peter Soulsby, anunció que, una vez confirmado que los restos mortales pertenecen al último monarca inglés que murió en batalla, éstos serán transportados a la catedral de la localidad británica. La investigación ha sido dirigida por la Universidad de Leicester e impulsada por el Ayuntamiento de la localidad inglesa y la sociedad Ricardo III.
Recordada como la última gran batalla de la Guerra de las Dos Rosas (1455-1485) entre los partidarios de la Casa de Lancaster y los de la Casa de York, su fin condujo a la caída de Ricardo III y al comienzo de la dinastía Tudor con Enrique VII.