domingo, 31 de marzo de 2013

Se estudian los recipientes de bronce romanos recuperados en las excavaciones arqueológicas del PERI-2 (Jaume I-Tabacalera) de Tarragona.

Imagen de los recipientes de bronce romanos recuperados en las excavaciones arqueológicasdel PERI-2 (Jaume I-Tabacalera) de Tarragona.
Se describen los contextos arqueológicos de la zona portuaria de Tarragona donde aparecieron los ocho recipientes de bronce romanos estudiados y restaurados por los alumnos de tercer curso de la especialidad de Conservación y Restauración de Arqueología de la ESCRBCC, tal y como se explica en el artículo siguiente.
Los recipientes de bronce de época romana restaurados proceden de dos depósitos arqueológicos diferenciados, documentados en las excavaciones arqueológicas realizadas durante el trabajo de ejecución del Plan Especial de Reforma Interior-2 (PERI-2) (Jaume i-Tabacalera), que ha afectado una extensa parte del extremo occidental del área portuaria de Tarraco.[1] 
Se trata, por un lado, de dos sítulas (MNAT T2-30-98-1539-1 y MNAT T2-30-98-1511) procedentes del interior de la fuente monumental llamada de los Leones (cruce de las calles Eivissa y Pere Martell) y, por el otro, seis objetos recuperados en los niveles de derrumbe de una domus suburbana: cinco sítulas (MNAT T2-30-98-2420-1, MNAT T2-30-98-2420-2, MNAT T2-30-98-2247-3, MNAT T2-30-98-2245-1, MNAT T2-30-98-2247-6) y una pátera (MNAT T2-30-98-2247-5). 
El primero de los contextos correspondía a una acumulación de niveles de sedimentación que, poco a poco, fueron rellenando el interior de una fuente monumental con fachada decorada con surtidores en forma de león yacente.[2] 
La fuente padece, a finales del siglo III, el colapso de la cubierta, convirtiéndose en un estanque a cielo abierto donde el agua se extraía desde arriba, mediante pequeñas ánforas y contenedores atados a cuerdas que permitían bajar el receptáculo hasta el nivel del agua, variable en función tanto del caudal del manantial natural como de la gradual colmatación con sedimentos del fondo de la fuente (procedentes principalmente de escorrentías producidas por la lluvia). 
En ambos casos, se trata de recipientes cerámicos aptos para este tipo de función: cuerpo globular y asas prominentes. Durante su uso, un número considerable se desprendieron de la cuerda y cayeron al fondo del estanque, en un momento impreciso que podemos situar entre finales de los siglos iii y v. 
El segundo de los contextos corresponde a distintos niveles de derrumbe que cubrían tanto el patio de una domus suburbana, como parte de un tramo de calle adyacente[3]. Esta fase de destrucción datada a finales del siglo iii, se ha constatado en diversos puntos del suburbio portuario y, a nivel meramente hipotético, se ha planteado una relación con la incursión bárbara que a finales del siglo III afecta a Tarraco[4]. De la descripción que nos han dejado varios historiadores romanos, se desprende que los bárbaros llegaron a saquear la ciudad produciendo daños en el suburbio portuario y capturando los barcos anclados en el puerto para dirigirse, una parte al norte de África, mientras que el resto permanecía durante doce años en el territorio de la ciudad[5]. 
De los seis objetos, cinco son recipientes de pequeño y medio formato y uno es una pátera. No se documentan otro tipo de utensilios metálicos, como el urceus/olpe (jarrón) o el amphora como la de dos asas que están presentes, por ejemplo, entre la vajilla de bronce recuperada en el interior del llamado pozo Cartanyà (calle del Gasòmetre, en el área del fórum de la Colònia), acumulación interpretada como una ocultación premeditada de carácter sacro realizada entre finales del siglo III y principios del siglo V[6]. 
No es nuestro caso, ya que los dos depósitos del área portuaria están estrechamente relacionados con actividades domésticas como la extracción de agua de la fuente y el equipamiento de una domus. Algunas de las sítulas de este segundo depósito son de reducidas dimensiones, cosa que nos hace pensar en posibles usos distintos al de la contención de líquidos, como, por ejemplo, su exposición al fuego como ollas o cazuelas. La mayor parte presentan síntomas de deterioro y evidencias de varias reparaciones, indicios, probablemente, de un largo periodo de uso intenso de los objetos.
Vía: Unicum