sábado, 4 de enero de 2014

El Titanic desembarca en Holanda.

La muestra cuenta las vivencias de sus pasajeros y enseña sus objetos personales.
El casco del Titanic tras el hundimiento.
Actrices, empresarios, políticos, escritores, magnates de los negocios, activistas sociales, cocineros o curas. A bordo del Titanic embarcaron celebridades de la época, pero sobre todo personas que viajaban para reunirse con sus seres queridos o para buscar una vida mejor en América.
Todas sus historias están recogidas en la exposición 'Titanic: The Artifact Exhibition que se expone en Ámsterdam EXPO hasta el 11 de mayo de 2014.
Por unos instantes, los visitantes del museo pueden ponerse en la piel de los pasajeros entrando en las habitaciones del buque, leyendo sus cartas personales, contemplado sus pertenencias o tocando una parte del casco del barco.
Cuenta la leyenda que la noche del 15 de abril de 1912, mientras el Titanic se hundía, los ocho músicos de la orquesta se dirigieron al salón de primera y entonaron melodías alegres para que los pasajeros no perdieran la calma. Cien años más tarde los turistas pasean por una réplica exacta del café Parisien -de primera clase- mientras escuchan el vals 'Danubio Azul' de Strauss o se sientan en una de las mesas del Café Verandach.
Un pasillo alfombrado que da a las puertas de los camarotes de lujo los dirige al interior del barco, a sus comedores, a la gran escalinata, al baño turco, a la sala de lectura y a descubrir el confort de una habitación de primera clase que dista mucho de los minúsculos y hacinados compartimentos de tercera.
A principios del siglo XX el mundo occidental vivía una época de crecimiento, pero también de enormes diferencias socioeconómicas, como las que el público constata que existían a bordo del Titanic.