viernes, 11 de julio de 2014

Antropología ecológica: el hombre que confundió a la naturaleza con el paisaje.

Antropología ecológica: el hombre que confundió a la naturaleza con el paisaje.
"Ya no se habla de someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo", Eduardo Galeano, escritor.

La ecología casi siempre está exclusivamente ligada a la biología, pero algunos antropólogos se han apropiado de ella, como Gregory Bateson, Claude Leví Strauss o Marvin Harris. Y es que el mundo que creemos conocer es tan sólo uno de los posibles mundos, según cómo los seres humanos perciben el mundo alrededor de ellos.

El antropólogo Tim Ingold, que se define a sí mismo como un “perpetuo estudiante de antropología”, es un apasionado de las ciencias naturales y del compromiso ético y político que tienen todas. Por eso, intenta aunar la separación teórica entre la evolución y la historia, el mundo cultural construido y un mundo natural dado.

"Estamos impregnados de una cierta noción de la historia como un proceso de civilización en el que los humanos se han alzado gradualmente por encima de la naturaleza”

"El mundo no es un estado de cosas sino un devenir, un continuo, que constantemente está siendo dinamizado por diversos agentes. El mundo no está “allá afuera” para que nosotros o cualquiera lo represente; el mundo deviene según nuestras actividades […] no podemos exclusivamente privilegiar a los seres humanos en este esfuerzo productor de mundo, pues el mundo surge a través de las acciones de todos los agentes vivientes. En la raíz del argumento, entonces, está la cuestión de nuestro entendimiento de lo humano."

"El paisaje [...] no es una totalidad sobre la que usted o quien sea pueda llevar la mirada; es más bien el mundo en cuyo interior nos posicionamos adoptando un punto de vista sobre lo que nos rodea. Y es en el contexto de dicho implicación como la imaginación humana trabaja, elaborando ideas sobre él. Pues el paisaje, para tomar una frase de Merleau-Ponty, no es tanto el objeto cuanto la patria de nuestros pensamientos."

"Cuando moramos en el mundo, no actuamos sobre él, ni le hacemos cosas al mundo, sino que más bien nos movemos con él. Nuestras acciones no transforman el mundo, sino que son parte y parcela de un mundo que se transforma a sí mismo. Y esto es simplemente otra manera de decir que nuestras acciones pertenecen al tiempo"

El análisis del distanciamiento moderno con respeto a la naturaleza le lleva a una crítica de “la tecnología” diferenciándola de la técnica. La tecnología es la que ha permitido el dominio de la naturaleza: de la dominación de los animales empleando la fuerza, al desarrollo progresivo de artefactos y máquinas a las que se externaliza la actividad (en el sentido de pérdida del control humano y delegación tecnológica), ahora automatizada y mecánica, llegando a su apoteosis en el autómata industrial. Como un resultado de este proceso, los seres humanos han sido los autores de su propia deshumanización.

"En el curso de esta evolución, las relaciones técnicas se han alejado progresivamente de las relaciones sociales, llevando finalmente a la moderna separación entre tecnología y sociedad […] no podemos considerar esta separación como algo dado."

Por el contrario, para Ingold, en los cazadores-recolectores no habría una “tecnología primitiva”, sino sólo “técnica”: no hay distinción dual entre lo social y lo técnico en este tipo de sociedades.

"El lazo de los pastores de renos puede ser usado de muy diferentes maneras. (...) para montar trampas, para atar a los animales al trineo de cara a llevarlos a casa y para otros propósitos innumerables […] El lanzador de lanzas de los aborígenes tiene numerosos otros usos: como palo de fricción para hacer fuego, como una herramienta para trabajar la madera, como bandeja para mezclar pigmentos o tabaco, como instrumento de percusión en canciones y danzas, como un aparato para clarear el terreno de espinas y guijarros para la acampada y […] como dispositivo mnemotécnico, para recordar la secuencia y la localización de los pozos de agua y otros aspectos del terreno. Los aborígenes australianos tienen pocas herramientas, pero las usan de cualquier forma que les venga bien, para multitud de fines.

Estas observaciones apuntan todas a una única conclusión: para comprender los logros técnicos de los cazadores-recolectores, o de cualquier otro pueblo […], no es suficiente con observar sus herramientas. Tenemos que comprender su conocimiento. Las herramientas no son útiles si no sabes cómo emplearlas."

"Normalmente se piensa en las habilidades como transmitidas de una generación a la otra. Para mí, nada se transmite. Las habilidades crecen de nuevo, se recrean con cada generación. Lo que una generación contribuye a la siguiente son los contextos de aprendizaje en los cuales los novicios pueden redescubrir por ellos mismos lo que sus predecesores ya conocían. Vamos a un ejemplo: supongamos que hay un granjero que tiene una granja y que muchas generaciones después sus descendientes siguen cultivando esa granja. La realidad es que esa tierra cambió. En un sentido legal se puede decir que el descendiente heredó la tierra pero en un sentido práctico el descendiente trabaja esa tierra y la mantiene productiva gracias a su trabajo. Así seguramente usó técnicas totalmente distintas a las que usaba su abuelo. Y descubrió las cosas que conocía su abuelo pero al mismo tiempo descubrió cosas nuevas. El trabajo de una generación armó las condiciones del trabajo de la siguiente. Y eso no es otra cosa que la historia. Lo cual nos lleva a que hay que romper la división entre historia y evolución."

Lo mismo ocurre con el lenguaje:

"Quizá sea ya hora de que los pongan en su sitio a los lingüistas. La conciencia de vivir en un mundo común establece una socialidad que existe ‘en la cara oculta de las palabras y los conceptos’. Las convenciones verbales no vienen precocinadas. Están siendo construidas permanentemente a lo largo del tiempo, a través de una historia acumulativa de usos pasados: cada una es el producto de mucho esfuerzo, de arriesgados intentos de generaciones por hacerse entender […], las palabras reúnen sus significados de las propiedades relacionales del mundo mismo. Cada palabra es una historia comprimida y compactada."

"Aquí estoy, de vuelta a una biología que se debe tanto a D'ArcyThompson como a Darwin, una psicología que es tanto «sobre el terreno» como «en la cabeza», y una antropología que no conoce la división absoluta entre la persona y el organismo, o entre las relaciones sociales y ecológicos. Y mis ambiciones siguen siendo como siempre lo fueron: establecer una visión amplia de la antropología que supere la especialización estrecha en subcampos, para hacer campaña en contra de los enfoques reduccionistas y con intolerancia a la cultura y la sociedad, y para encontrar una manera de volver a integrar nuestra experiencia como conjunto humano, seres dentro de la continuidad de la vida orgánica."

Realmente nada dice de nuevo, no al menos para una buena parte del planeta.

Red Crow, sioux, añade:

"El mundo se ha convertido en un mercado de recursos ilimitados. Cuando hablas de recursos estás hablando de tus familiares, de nuestra familia. Los peces no son un recurso, son una familia. Se requiere de todo el respeto.

La estructura del mundo como tal, funciona sobre la Ley Natural, y la Ley Natural es un poderoso proceso regenerativo. Es un proceso de regeneración que continúa y crece y es infinito. Es absolutamente infinito si todo el mundo está de acuerdo y sigue la Ley. La tierra es todopoderosa. No fue puesta aquí para los seres humanos, somos parte de ella. No somos indispensable, la Tierra tiene su propio proceso. Y si llegamos a un punto en que os destruís a vosotros como seres humanos, y destruís la vida y dejaís esta Tierra, la Tierra no va a desaparecer. No habrá un fin del mundo, ese es un concepto muy interesante para nosotros. No, el mundo no se acabará, la gente y la vida en él, sí. Así que no se trata del fin del mundo, sino de nuestro fin.

Y la tierra se regenerará,

porque tiene "todo el tiempo del mundo.""

Vía: Ecoportal