lunes, 7 de julio de 2014

La habilidad de los tibetanos para adaptarse a su medio proviene de sus antepasados denisovanos.

La habilidad de los tibetanos para adaptarse a su medio proviene de sus antepasados denisovanos.
La habilidad de los tibetanos para adaptarse a la falta de oxígeno a grandes alturas proviene de sus antepasados denisovanos, parientes de los neandertales, según recoge un estudio publicado en la revista Nature y dirigido por Rasmus Nielsen, de la Universidad de Berkeley (California, Estados Unidos).

En un estudio anterior, Nielsen y su equipo encontraron en los tibetanos modernos una variación del gen llamado EPAS1, responsable de la respuesta del cuerpo al bajo oxígeno. Aunque los investigadores desconocen cómo funciona exactamente la mutación, creen que juega un papel fundamental en la capacidad de los tibetanos para adaptarse a grandes alturas.

Cuando personas procedentes de lugares cercanos al nivel del mar se aclimatan a la altitud, sus cuerpos se adaptan mediante el aumento de hemoglobina en la sangre. En los tibetanos, sin embargo, el nivel de hemoglobina no aumenta tanto, lo que puede ayudar a evitar problemas cardíacos relacionados con altos niveles de la proteína.

Las mujeres tibetanas todavía tienen más ventajas. Son menos sensibles a la elevada presión arterial durante el embarazo y tienen menos dificultades que otras mujeres para dar a luz a grandes altitudes.

Sin embargo, la alta concentración de EPAS1 en los tibetanos no respondía a los patrones migratorios, según Nielsen, por lo que nadie podría imaginar la procedencia del gen.

Para su estudio actual, el equipo comparó el ADN de 40 tibetanos y 40 chinos han (el grupo étnico dominante en China) con el genoma del homínido de Denisova, una especie de Homo que fue identificada a partir de los restos óseos encontrados en 2010 en una cueva de Siberia. Así, descubrieron que el gen EPAS1 denisovano coincide casi al 100 % con el encontrado en los tibetanos.

Los humanos y los denisovanos probablemente se cruzaron hace entre 30 000 y 40 000 años, afirma Nielsen. La mezcla entre especies sirvió para añadir parte del ADN denisovano a los genes locales, por lo que cuando los humanos se trasladaron a la meseta tibetana se manifestó la ventaja de la mutación, que se extendió por toda la región.

Vía: Yahoo