miércoles, 30 de marzo de 2016

La presencia griega en la Península Ibérica

Los griegos en el extremo occidental del Mediterráneo

Emporion, una de las dos ciudades de fundación griega en la Península Ibérica 
La creación de colonias griegas en la Península Ibérica data del período que denominamos como época arcaica, o colonización arcaica griega (s. VIII a. C. – VI a. C.). ¿Cuál fue el motivo por el que se produjeron éstas colonizaciones? No tenemos que buscar una razón concreta sino varias, desde causas demográficas a causas económicas, pasando por posibles conflictos internos.

En el caso de la demografía podemos ver como en ese momento se produjo un crecimiento demográfico, lo cual es positivo para la sociedad, pero esto implica la necesidad de tener más tierras para sus habitantes; ¿solución? Colonizar otros lugares del mundo conocido. Pero se podía producir una Stasis, es decir un enfrentamiento entre dos facciones de una polis que obligaba a los derrotados a salir, o huir, de la ciudad buscando un nuevo destino. En tercer lugar comentaremos las causas económicas, pero, como ya hemos dicho, los motivos de las colonizaciones podrían ser diversos. Centrándonos en el aspecto económico podemos ver que sobretodo tenían intereses comerciales, buscando productos que no había en los territorios griegos (hierro, cobre, etc.); pero, ¿qué zonas eran las mejores para comerciar? Las llamadas zonas de paso, que muchas veces eran estrechos a través de los que podían controlar la actividad comercial del territorio.

¿Cómo era la fundación de una colonia? Inicialmente no había un asentamiento que se pudiese denominar como colonia, sino que se conocía como “emporion”. Éste era un asentamiento pre-colonial con vocación comercial; de hecho se define como un centro redistributivo dotado de almacenes así como de mercaderes de diferentes procedencias, y que, además, se desarrollaba alrededor de un templo. Tenemos que destacar un hecho importante en arqueología, y es que por mucho que se encuentre en estos lugares una cerámica griega podría ser vendida por un comerciante íbero; por tanto es importante no creer que la procedencia de la mercadería sea la misma que la del mercader.

La segunda fase de formación de una colonia era la denominada “apoikia”, es decir un asentamiento de los que viven lejos. Aquí ya se encontraba la colonia propiamente dicha y fundada por una polis o un grupo privado de personas; en los dos casos el jefe de la expedición era el “oikistes”, pero ¿qué es lo más llamativo? Pues que las colonias tenían una constitución propia porque se consideraba que eran ciudades diferentes, aunque dependían de una metrópolis.

Pasemos a hablar de la Península Ibérica y de los antecedentes a la colonización griega, pero siempre tenemos que hacer la diferenciación entre primeras presencias y primeros asentamientos. Durante la época minoica (2200 a. C. – 1100 a. C.) algunos autores piensan que ya se produjeron las primeras navegaciones desde Creta, aunque las dataciones occidentales son bastante dudosas. En la época micénica (1600 a. C. – 1200/1100 a. C.) se produjo cierta salida hacia el mar pero no se sabe a ciencia cierta si llegaron hasta la Península, aunque se han encontrado pequeños restos materiales de los siglos IX a. C. y VIII a. C. en Huelva y Morro de Mezquitilla. Con seguridad no podemos hablar de una presencia importante hasta finales del siglo VII a. C.

Cabe destacar el famoso viaje de Kolaios de Samos, un texto descrito por Heródoto. Se trataba de un mercader que viajaba desde Samos hacia Egipto, pero acabo llegando a Platea después de desviarse del rumbo. Un nuevo percance se presentó para el mercader, pues cuando quería recuperar el rumbo se encontró con un temporal que le hizo cruzar las Columnas de Heracles, por tanto llegando a Tartessos. ¿Qué hizo Kolaios? Vio que la zona no había sido explotada y cargó su nave con tantos productos que, cuando regresó, él y su tripulación se hicieron ricos.

¿Fue el primer contacto entre los habitantes de la Península y los griegos? Seguramente no, pues se piensa que la narración, en el caso que fuese verídica, dataría del 636 a.C, pero en el Heraion de Samos se han encontrado objetos de marfil procedentes de la Península y que tienen una datación cercana al 640 a. C.

La Península Ibérica antes del 300 a. C.
Pasemos a analizar un hecho importante para comprender la presencia griega en la Península Ibérica: la colonización del Mediterráneo occidental por parte de los griegos de Focea. ¿Qué motivo llevó a los foceos a desplazarse desde Asia Menor hasta el extremo más occidental del Mediterráneo? Les interesaba mucho el estaño, un material muy abundante en las Islas Británicas. Pero ¿qué tiene que ver con la Península Ibérica? Pues que para llegar hasta las islas atlánticas no podían realizar un viaje de ida y vuelta sin necesidad de hacer estacionamientos, por tanto se hicieron varias etapas por el Mediterráneo occidental: Phithekoussa, Elea, Gravisca o Alalia son algunos ejemplos.

Si miramos un mapa, todos estos lugares citados se encuentran en la zona norte del Mediterráneo. El motivo es muy sencillo, pues los fenicios tenían el control comercial del sur gracias a Cartago, las Islas Baleares y el sur de la Península Ibérica. ¿Qué dicen las fuentes? Heródoto narra un encuentro entre los griegos y Argantonio, rey de Tartessos; pero Estrabón nos habla de unas fundaciones foceas en la Península: Mainake (Málaga) y Abdera (Almería). Lo cierto es que dichos asentamientoscorresponden, desde un punto de vista arqueológico, a una factoría fenicia.

¿Cómo evolucionaron las etapas de la presencia griega? Para éste punto nos tenemos que basar en la arqueología, y gracias a ella sabemos que hubo mucha presencia de materiales griegos en el sur de la Península a finales del siglo VII a. C.; pero vemos que poco a poco hubo un desplazamiento de los materiales griegos desde el sur hacia el levante peninsular (no desaparece).

Sólo conocemos dos ciudades de fundación griega en la Península: Emporion y Rhode. En el primer caso nos encontramos con una ciudad del golfo de Roses, lo que nos llama la atención porque se encuentra fuera de la ruta del estaño. Encontramos dos posibilidades: un posible comercio de metales a través de los Pirineos, o un asentamiento que reforzaba el comercio con los íberos. Lo que sabemos con seguridad es que se trató de una fundación de Massalia, en torno al año 590 a. C.; este hecho es importante porque muestra como una colonia de Focea fue capaz de fundar una nueva colonia solo diez años después de su propia fundación.

Emporion pasó por dos etapas diferenciadas: en primer lugar se fundó la Palaiapolis en un islote cercano a tierra firme y donde se ha encontrado material procedente de Corinto y de la zona greco-oriental. La segunda etapa es la que corresponde a la Neapolis, un nuevo asentamiento en tierra firme para complementar a la Palaiapolis; por tanto ésta no desapareció. Tenemos que destacar un aspecto y es que los griegos de Emporion convivieron con los indígenas de Indike; así como también llama la atención que sus murallas no rodeaban la ciudad sino que protegían la zona norte y la oeste por temor a los peninsulares.