martes, 21 de junio de 2016

Facsímiles, pequeñas obras de arte

Antes de la invención de la imprenta había poco acceso a la palabra escrita, hoy podemos contemplar esos textos gracias a los facsímiles

La Biblia de Gutenberg en versión facsímil
En el año 2016, es normal poder leer un libro, un texto o un periódico ya no solo en papel, sino también electrónicamente. Esto hace que nos olvidemos, en muchos casos, del origen de este bien.

Estamos hablando de las primeras oportunidades que tuvo el ser humano de poder acceder a la palabra escrita en cualquier lugar del mundo, siendo la invención de la imprenta la que nos ayudó a tener este privilegio.

Lo raro, hoy en día, es no tener libros en casa, de cualquier clase o tipo. Aunque las nuevas tecnologías hacen que se  lean de forma digital muy plácidamente. Desde la aparición de la impresión moderna lo vemos como algo tan común que olvidamos que en otra época era todo un privilegio.

Johannes Gutenberg fue el inventor de la imprenta moderna. Gracias a unos préstamos, se aventuró a intentar reproducir textos de una manera más rápida de la que se hacía hasta el momento. Estamos hablando del año 1450, cuando poseer un libro requería, en primer lugar,  poder pagarlo y, en  segundo lugar, esperar en algunos casos años, ya que realización de estos era  manos página a página, reproduciendo verdaderas obras de arte. Los copistas, en su mayoría, eran monjes o clérigos.

Gutenberg llegó a realizar menos de 200 copias en dos años. Fue de la Biblia, el incunable más famoso de la historia. Estaba impreso a 42 líneas. Esto es nada más y nada menos que las líneas que encontramos a dos columnas en una sola página. De estas solo se tiene contabilizadas hoy en día 41, una de ellas  en nuestro país, en Burgos, en la Biblioteca Pública de esta ciudad. Estas primeras reproducciones eran terminadas a mano, realizando las letras capitulares y viñetas.

Desde ese momento será toda una expansión lo que sufra el mundo por parte de textos, impresos y escritos de todas clases. Con los años, como ya hemos comentado, el poder tener acceso a la palabra escrita es algo tan común que no podemos ni imaginar un mundo sin ellas.

Una regresión a las obras de arte realizadas antes de la imprenta son los facsímiles que, según la RAE, son “perfectas imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de una impresión, etc.”.

Las muy ricas Horas de Juana I de Castilla, versión facsímil
Dentro de estas reproducciones hay dos grupos:

1. Los Incunables, o aquellas obras escritas  anteriores al 1500

2. Los libros antiguos, escritos a partir del 1501

Hoy en día podemos encontrar imprentas que se dedican a la reproducción de libros de estas características, algunos únicos en el mundo. Ejemplares que son reproducidos con las particularidades del original y que, en muchos casos, son la única forma de poder acceder a ellos. Desde libros médicos, misales, atlas, tratados de arquitectura, de caza y pesca, etc. Hay una gran variedad, eso sí, no son para todos los bolsillos.

Un caso curioso es la reproducción de Las muy ricas Horas de Juana I de Castilla. Destacamos este escrito porque es un pequeño libro pero de unas características increíbles. El original es una obra realizada en vitela, un tipo de pergamino de una piel muy fina y flexible procedente de un becerro muy joven, con 844 miniaturas iluminadas con oro por Rogier van der Weyden.

Esta obra de arte, realizada para las manos de una reina, que hoy en día sería imposible poder contemplar por su estado de conservación (se encuentra en la British Library de Londres), podríamos tenerla en casa y apreciarla gracias a la reproducción en facsímil.

Estas copias están realizadas, en teoría, con las mismas manchas, roturas, materiales y hasta joyas que algunas llevan. Es el culmen de la reproducción escrita.

Merece la pena recordar que hubo un día en el que la palabra escrita era “oro”.