viernes, 19 de agosto de 2016

Los jeroglíficos egipcios no se descifraron a la primera

Kircher y Champollion, dos casos de error y acierto descifrando los antiguos jeroglíficos egipcios

Escritura jeroglífica
Los jeroglíficos fueron un sistema de escritura que usaron los egipcios durante toda la Antigüedad. En la actualidad podemos leerlos y entenderlos gracias al empeño puesto por muchos estudiosos en descifrarlos, aunque lo que no se sabe es que esta labor no dio sus frutos a la primera.

Efectivamente, entre los casos de descifradores desacertados de jeroglíficos se encuentra el investigador del siglo XVII Athanasius Kircher. Este personaje nació en Geisa, cerca de Fulda, en Alemania. Ingresó en el Colegio de Jesuitas de esta ciudad y, en 1618, se hizo novicio de la orden jesuítica.

En poco tiempo, Kircher ascendió al puesto de profesor de filosofía, matemática y lenguas orientales en Wurzburg. Sin embargo, en 1631, debido a las vicisitudes de la Guerra de los Treinta Años tuvo que retirarse a la ciudad francesa de Avignon.

En 1656, el cardenal Barberini le ofreció un puesto en Roma para enseñar matemáticas en el Colegio Romano y allí estuvo ocho largos años desempeñando esta labor. No obstante, eso no era lo suyo y, finalmente, renunció a ese cargo para dedicarse totalmente al estudio de las antigüedades.

En este campo, Kircher no fue un investigador de gran originalidad. De hecho, su trabajo más conocido fue una solución al descifrado de los jeroglíficos egipcios que resultó ser totalmente incorrecta. En la actualidad, su obra sólo es valiosa por su interés histórico y porque es una prueba evidente de los errores que cometieron los primeros investigadores.

Champollion y la piedra de Rosetta
Hubo que esperar más de un siglo para que Jean François Champollion diera con la solución definitiva. Nacido en la ciudad francesa de Figeac, en 1790, pronto demostró sus grandes aptitudes para las lenguas. Afortunadamente, contó con el apoyo de su hermano mayor para desarrollar sus cualidades, a pesar de quedar él como un desconocido para la historia.

Con dieciséis años de edad, Champollion leyó un escrito suyo en la Academia de Grenoble que asombró a todos los científicos que le escuchaban. Tal fue el efecto que, en una época en la que muchos alumnos hacían grandes esfuerzos por conseguir la admisión en esta institución, él consiguió ser nombrado profesor.

Como solía ocurrir, su labor fue interrumpida en varias ocasiones por las agitaciones políticas de aquella época. Sin embargo, en 1821, gracias al estudio de la piedra de Rosetta, pudo dar a conocer el trabajo que probaba la solución definitiva de los jeroglíficos egipcios. Sus ideas estaban abiertamente contrapuestas a las planteadas por otros científicos de su época y chocaron de frente contra una fuerte oposición, pero su tenacidad aguantó todas las pruebas y tuvieron que ser aceptadas definitivamente.

Tal llegó a ser su prestigio que, en 1831, se creó una cátedra en el Collège de France especialmente para él, como reconocimiento a su labor y a sus méritos.