jueves, 8 de septiembre de 2016

La insólita y mágica ciudad de Munigua

El lugar estuvo densamente poblado desde el siglo IV a. C. por íberos-turdetanos, quienes explotaron los yacimientos de hierro, y alcanzó su mayor esplendor en época romana como Municipium Flavium Muniguense

Vista del foro y santuario en la parte superior
Adentrándonos por la cañada real del Pedroso y por sus innumerables caminos adyacentes que cruzan Sierra Morena, muy próximo al municipio sevillano de Villanueva del Río y Minas, en la cuenca alta del río Guadalquivir, nos encontramos con la ciudad romana de Munigua o Castillo de Mulva, como se le conoce popularmente.

Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares y únicos que existe en la Península Ibérica. Fue descubierto en 1756 y estudiado por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid hasta la actualidad. Desde 1931 está catalogado como BIC y declarado como monumento nacional.

Su ubicación interior se debe a la explotación minera, desde época prehistórica, de la Falla de las Arenillas alejada unos 10 kilómetros del río Guadalquivir. La ciudad se encuentra articulada entre los municipios romanos de Canama y Navea, origen de las actuales localidades próximas de Alcolea del Río y Cantillana.

El lugar estuvo densamente poblado desde el siglo IV a. C. por íberos-turdetanos, quienes explotaron los yacimientos de hierro. Alcanzará su mayor esplendor en época romana como Municipium Flavium Muniguense, según la inscripción de una placa de bronce hallada en las excavaciones realizadas en el foro, manteniendo la extracción y fundición del hierro, como atestiguan las escorias esparcidas por todo el yacimiento, como actividad principal de su economía. La construcción de la ciudad comienza en época de Augusto y durará hasta finales del siglo II d. C. cuando empieza su decadencia.

Muro oeste
La ciudad sigue la morfología y distribución romana clásica. Tenía una muralla de 800 metros de perímetro con cuatro torres y una puerta sur. En su interior no se encuentran la totalidad de las edificaciones pero si las más importantes como la necrópolis, zona de domus y zona monumental donde destaca el foro, termas y santuario. La zona monumental está distribuida en tres terrazas artificiales por las que se acceden a ellas mediante dos rampas simétricas. En la primera terraza se encuentra el foro, los templos, basílica, curia, tabulario o archivo municipal y las termas.

Impacta ver el muro ciego, con trece robustos contrafuertes, que sustenta todo el conjunto de terrazas desde el oeste. En la terraza superior destaca el santuario, construido siguiendo el modelo helenístico y tardo republicano, que recuerda a otros modelos de templo existentes en el Imperio, como es el caso del Santuario de la Fortuna Primigenia en Palestrina, Italia.

Desde la zona más alta del yacimiento, y con condiciones meteorológicas propicias, se pueden divisar otras ciudades de gran relevancia económica y política en época romana como Carmona (Carmo) o Sevilla (Hispalís).

No se sabe para quién estaba dedicado este espacio de culto, aunque si atendemos a su monumentalidad, debió tener una  importancia considerable en el entorno como polo de atracción para peregrinos de todas las partes del Imperio, que revitalizarían el comercio de la zona de forma regular. Cabe destacar que su ubicación, alejado de todo el ajetreo mundano, le da un carácter mágico-religioso que transporta a un mundo sobrenatural a todo visitante que se adentre en el místico entorno del yacimiento.

El lugar se encontraba fuertemente relacionado con los mitos del inframundo por su prolongada actividad minera, influyendo considerablemente en la mentalidad de los pobladores del territorio a lo largo del tiempo como indican los restos del templo romano dedicado a Dis Pater hallados en el foro.

Este mundo metafísico desaparecerá con la llegada del cristianismo a la vida romana. El santuario irá perdiendo importancia y población a partir del siglo IV d. C. abocando a la ciudad a su final. Durante los siglos V y VI d. C. se ha constatado un poblamiento marginal aprovechando las ruinas de la ciudad y posteriormente la presencia árabe hasta el XIII.

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