miércoles, 28 de junio de 2017

La obra de Dalí permanece en nuestra memoria

La persistencia de la Memoria es una de las obras más conocidas del artista surrealista Salvador Dalí

Imagen de ‘La persistencia de la memoria’ 
Aprovechamos que estos días Salvador Dalí vuelve a ser noticia, ya que un juez ha decretado la exhumación de su cuerpo para atender a una demanda de paternidad para analizar una de sus obras, que forma parte ya del inconsciente colectivo.

Dalí nace el 11 de mayo de 1904 en Figueres, Girona. Su padre, que es notario, decide inscribir a Dalí en el colegio hispano francés de la Inmaculada Concepción, después estudia Bellas Artes en Madrid. En 1921 fallece su madre. Al poco tiempo,  Dalí se casa con el amor de su vida, Gala.

Integrado en la corriente del surrealismo, Dalí cuenta con un estilo propio que convierte sus obras en perfectamente identificables. En 1931 realiza su primera exposición individual en la Galería Pierre Colle de París, aquí se puede ver por primera vez la obra que analizaremos ahora.

La persistencia de la memoria

La persistencia de la memoria es un cuadro que Salvador Dalí pinta en 1931, encuadrado dentro de la corriente surrealista figurativa, podemos verlo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Se trata de un óleo sobre lienzo, en el que observamos cuatro relojes, uno es de bolsillo, los otros tres parecen blandos y están deformados, como si estuviesen hechos de queso fundido. Uno cuelga de una rama de un árbol ya seco. Otro, situado más al centro de la composición descansa sobre lo que pueden ser una nariz y una lengua, es una especie de cara durmiente, en la que algunos han querido ver una caricatura de Dalí, pues una imagen similar se aprecia en su obra “El Gran Masturbador”.

En el lado izquierdo hay otro reloj que se desliza por una pared, sobre él hay una mosca y sobre el de bolsillo apreciamos muchas hormigas. El fondo es una especie de paisaje de playa, al fondode un gran acantilado el mar y el cielo, en el medio plano, la arena.

Los objetos se representan con un gran realismo, son perfectamente reconocibles, pero están totalmente deformados. Los colores que dominan son fríos, azules, grises y blancos que contrastan con ocres y amarillos. La luz es también una protagonista, dividendo el cuadro en dos mitades una más oscura y la otra con una muy clara que ilumina los objetos.

El cuadro es una metáfora, su título lo deja claro, nuestra visión del tiempo se deforma en nuestra memoria, a medida que pasa, sin embargo el avance del tiempo es inexorable. Por eso, aunque nuestro recuerdo se deforme, los relojes siguen en marcha. El tiempo, como el queso fundido, puede expandirse o menguarse, en función de nuestro estado de ánimo.

Sin embargo, en el cuadro cada reloj marca horas diferentes, puede hacer alusión a distintos momentos que se quedan grabados en la memoria, o quizás a distintas realidades, pues aunque nos esforcemos en ver el mundo como algo estable, este no lo es, como también la realidad es diferente para cada persona.

Las moscas pueden aludir a la frase “el tiempo vuela”, las hormigas podrían hacer referencia a la muerte, ya que son símbolo de putrefacción. El cuadro nos recuerda a una imagen onírica y todos sabemos que el tiempo de los sueños nada tiene que ver con el tiempo de la vigilia.

La Teoría de la Relatividad, formulada por Einstein en 1905 había dejado profunda huella en Dalí a ella puede hacer alusión también este cuadro.

Sea como sea disfrutemos de la vida, del tiempo y por supuesto, del arte.

Imagen| Flirck

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