martes, 4 de julio de 2017

Las Brujas de la Noche, la pesadilla nocturna de los soldados nazis

El desconocido 46 Regimiento Taman de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial

Fotografía de Marina Raskova (detalle) 
"La palabra imposible no está en el vocabulario de nuestro regimiento" eran las palabras de Marina Raskova, creadora de este regimiento, comandado por Yevdokía Bershánskaya, acerca de su presencia en el Ejército Rojo. ¿Quiénes eran las Brujas de la Noche?

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la fase más encarnizada de la contienda, la inferioridad aérea soviética frente a los Messerschmitt alemanes fue el detonante de la entrada en combate en mayo de 1942 del 588 Regimiento de Bombardeo Nocturno (Regimiento 46 desde 1943) formado por doscientas sesenta y tres mujeres. Su lema: "Amistad, camaradería y servicio".

Hasta ese momento, a pesar de que la presencia femenina, aunque no reconocida, no era ajena en el ejército, de lo que no había precedentes en ningún ejército del mundo era de la presencia de un regimiento íntegramente femenino. Cuando se conoció el ataque nazi a territorio soviético, miles de mujeres dieron el paso y acudieron a los centros habilitados para presentarse como voluntarias dispuestas a defender el país. También fue el caso de las aviadoras formadas y entrenadas como pilotos militares y civiles que ya existían. Y ni las mofas iniciales, ni siquiera unos medios y aviones diseñados para hombres, a los que tuvieron incluso que hacer artilugios para llegar a los pedales, las frenaron. Aprovecharon la movilidad de los Polikarpov-O2, pequeños aparatos muy ligeros, sin blindaje y con cabina al descubierto, para realizar miles y miles de bombardeos nocturnos a las tropas alemanas.

Estrategia de combate

La ecuación era sencilla. La superioridad aérea alemana debía contrarrestarse de alguna manera. Este regimiento de mujeres, valiéndose de los pequeños y destartalados Polikarpov, que dominaban a la perfección, pilotados por parejas perfectamente compenetradas, era la herramienta ideal para sembrar el caos y el terror entre las tropas Nazis.

¿Cómo? Conociendo el terreno como la palma de su mano y realizando vuelos nocturnos en los que bombardeaban sus posiciones y truncaban cualquier avance de los alemanes. Pero no sólo eso, lo más importante era la derrota moral y psicológica que sufrían los soldados nazis. Estas combatientes aprovechaban su conocimiento del terreno y la maniobrabilidad de los aviones que pilotaban para realizar acercamientos a los campamentos alemanes, apagar los motores para no dar la alarma de su presencia y justo cuando estaban sobre el objetivo, bombardearlos. Llegaban a volar sin paracaídas para aumentar la cantidad de bombas que podían transportar. Esta técnica de acercamiento silencioso, absolutamente heroica por lo peligrosa y por la destreza que requería por parte de las pilotos (volar, o más bien planear con los motores apagados, en zonas montañosas y de noche) fue lo que les sirvió a los soldados alemanes para darles el sobrenombre de Brujas de la Noche, Nachthexen, ya que el ruido que hacían en su aproximación con los motores apagados, lo asociaban al sonido que en su imaginación pensaban que podían hacer las brujas volando sobre sus escobas. Toda una bofetada no sólo militar y estratégica, sino también a su virilidad y paradigmas patriarcales, viendo cómo eran asediados sin cuartel y vencidos por un grupo ¡de mujeres!

En la novela de la premio Nobel de literatura 2015, Svetlana Alexiévich, encontramos recogidos algunos testimonios sobrecogedores de las combatientes en esta guerra, tanto de este escuadrón como de todos los cuerpos del ejército. Recogemos uno especialmente conmovedor:

"Durante los primeros días del entrenamiento perecieron dos tripulaciones. Cuatro ataúdes. Todas nosotras, los tres regimientos, lloramos a lágrima viva". "Pilotábamos aviones de caza. La altura por sí misma ya era una enorme carga para el organismo femenino, a veces la barriga se nos pegaba a la columna vertebral. Pero ¡las chicas volábamos y derribábamos a los ases de la aviación! ¡Así era! ¿Sabe?, los hombres nos observaban perplejos. Nos admiraban..." Klavdia Ivánovna Terejova, capitana de las fuerzas aéreas.

Cada una de ellas llegaba a realizar entre unas 9 y 15 salidas cada noche, yendo y viniendo constantemente para bombardear al enemigo. Esta dedicación plena sirvió para que en ocasiones tuvieran más bajas por enfermedades derivadas de la extenuación que este ritmo suponía, que por alcances del enemigo. La fragilidad y obsolescencia de los aviones que pilotaban, eran a la vez su gran fortaleza y debilidad. Su fortaleza, porque sus aviones volaban a muy baja velocidad y a poca altura, lo que hacía que los cazas alemanes no pudieran igualar su velocidad para alcanzarlas. Algo así como intentar enhebrar una aguja con unos guantes de soldador puestos... Sin embargo, esa lentitud era su perdición si eran detectadas por los nazis, ya que no tenían capacidad de escapar del fuego enemigo a tiempo. Eso hizo que su número de bajas fuera significativamente superior a otros regimientos del ejército. Ellas llevaban a cabo misiones que otros ni soñaban, pero cuando caían, su destino era la muerte a manos del enemigo, que las veía como un trofeo especialmente valioso, por la carga psicológica que suponía el hostigamiento al que los sometían. Algunas preferían suicidarse si caían antes de verse en manos enemigas.

Fotografía de Marina Raskova 
Impacto en el frente y la población

Se fueron haciendo especialmente reconocidas y queridas por la población, que las veía como sus heroínas. Eran un auténtico ejemplo de valor colectivo. Una perfecta simbiosis entre pilotos-navegantes-mecánicas, todas con la misma importancia en el regimiento. Los periódicos del frente hablaban de sus salvadoras, de las golondrinas o ángeles, para referirse a ellas como contraposición al apelativo de brujas dado por los alemanes. Cuando aterrizaban en alguna aldea era todo un acontecimiento. Los periódicos Ilustraciones del Frente, o Alas de Victoria, hablaban con frecuencia de sus hazañas no sólo militares, sino de la calidad humana de las componentes del regimiento. Especial dedicación tuvieron por ejemplo con la historia del niño de seis años que acogieron de una aldea, superviviente tras haber sido completamente arrasada por los nazis. Se convirtió en su protegido, en el niño de todas, al que contaban cuentos, hablaban de historia... intentando explicar por qué los nazis habían matado a toda su familia, incluso a sus animales.

A lo largo de la guerra estas aviadoras realizaron unos 24.000 vuelos de combate. Su ir y venir nocturno se estima que dejó caer sobre el enemigo alrededor de 3 millones de kilos de bombas. Participaron en las batallas por la liberación del Cáucaso, la península de Crimea, Polonia y Bielorrusia. Pero no sólo participaban en misiones de combate. Su habilidad en el vuelo y la capacidad de llegar a donde otros no podían, hizo que también tuvieran otras misiones como transportar para los soldados soviéticos munición, alimentos y medicamentos. Su labor era tan importante y el daño que realizaron en las filas enemigas tan significativo, que los pilotos nazis que lograban derribar un avión de las "brujas" eran galardonados con la Cruz de Hierro, el premio más alto que podían obtener. Una vez lograda la victoria sobre el nazismo, el regimiento de las aviadoras fue disuelto, pero sus hazañas nunca serán olvidadas.

Conclusiones y memoria

Se decía con posterioridad en la Unión Soviética que la guerra comenzó a ganarse en la retaguardia. Es allí precisamente donde se notó más la presencia femenina. No en vano ellas sostuvieron con su trabajo las labores agrícolas que permitieron continuar alimentando a la población y a las tropas (constituían el 80% de la mano de obra en el campo). Ellas con su trabajo contribuyeron notablemente a la continuidad de la industria y demás sectores estratégicos para el país, mientras el resto de la población era trasladada al frente. Y ellas, hicieron historia con nombre propio y por sí mismas, ya que no había sección del Ejército Rojo en la que no hubiera mujeres (médicos, pilotos, mecánicas, soldados de infantería, francotiradoras, operadoras de comunicaciones,...). O como en el caso de las Brujas de la Noche, todo en regimiento que no debe caer en el olvido.

Perdieron 31 tripulantes durante la guerra y 24 se convirtieron en Héroes de la Unión Soviética.

Durante los emotivos funerales por las compañeras caídas, Marina Raskova leía los versos que se acabarían convirtiendo en el lema del regimiento:

"Desde ahora, el amor y la muerte,
como hermanas,
van a ir inseparablemente enlazados
cada día".

Las Brujas de la Noche demostraron cómo la mujer había dado un paso al frente del que no cabía marcha atrás. Habían demostrado cómo su valor y arrojo podía significar un antes y un después en un territorio hasta ese momento reservado a los hombres y que, con su astucia, valentía e inteligencia convirtieron en suyo de pleno derecho. Las Brujas de la Noche, el 46 Regimiento Taman, supuso un punto de inflexión en el desarrollo de la II Guerra Mundial, que no debemos dejar caer en el olvido, porque sin su inestimable dedicación y sacrificio, es posible que el curso de la guerra y el devenir posterior de la historia europea hubiera sido otro.

Bibliografía

Alexiévich, Svetlana, La Guerra no tiene rostro de mujer, Madrid, Penguin Random House Grupo Editorial, 2015.

Cruz, Alberto, Las Brujas de la Noche. El 46 Regimiento Taman de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial, Madrid, La Caída, 2013.

García Muñoz-Vaquero, Rodrigo, "Las Brujas de la Noche" publicado en Abc, Madrid, 2014.

Vía| Ver bibliografía

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Vaya qué interesante, éstas son las historias que no nos comunican. Qué emicionante saber de ello. Inspira mucho. Gracias por éste artículo.

Anónimo dijo...

Hechos históricos que muy pocos conocíamos,pero igual de mucho valor.
Una muestra más del papel de las mujeres en la historia

Juan Camilo Niño Castellanos dijo...


Interesante y fascinante articulo

Juan Camilo Niño Castellanos dijo...


Interesante y fascinante articulo