martes, 15 de agosto de 2017

El misterioso mosaico ibérico de Cerro Gil

¿La diosa Astarté en un mosaico ibérico de La Manchuela conquense?

Posible representación de la diosa Astarté en el panel central del Mosaico ibero de Cerro Gil
En el Museo Arqueológico de Iniesta, en la comarca de La Manchuela, se exhibe el llamado mosaico de Cerro Gil. Se trata de un mosaico de casi 10 metros cuadrados, realizado con pequeños guijarros de cuarcita, rojos, blancos y grises, de diferentes tamaños: 3,5, 2,5 y 1 cm.

El mosaico de Cerro Gil sirvió originalmente para decorar un túmulo funerario   cuadrangular de grandes dimensiones. Un  túmulo de  sección escalonada con tres alturas todas de planta cuadrada: una base de 5,03 metros por 5,01 metros, un  primer nivel de 2,81 metros por 2,80 metros,  un segundo nivel  2,21 metros por 2’20 metros y, sobre éste, una tercera plataforma de menores dimensiones que las anteriores, 1,05 por 1,04 metros. Este túmulo, realizado con adobe, mortero y cal formaba parte de una necrópolis ibérica.

En la plataforma superior del túmulo se encontraron las urnas de cerámica con los restos incinerados de al menos cinco individuos y sus correspondientes ajuares. Los ajuares se componían de piezas de bronce: dos broches de cinturón, una cuenta de collar, dos cuchillos afalcatados, dos fíbulas y un caldero.

El mosaico se halla en uno de los laterales de la primera plataforma del túmulo citado y presenta una forma rectangular.de 5,03 por 1,40. Se trata de un mosaico dividido en tres paneles o escenas separadas por dos alineaciones verticales de guijarros rojos.

La escena central del mosaico de Cerro Gil representa una figura femenina en posición frontal y sentada sobre una silla de tijeras. Esta figura alza sus brazos y lleva en sus manos flores de loto. Sobre la cabeza porta una diadema y torques y los extremos del cabello aparecen vueltos. Sobre sus brazos se apoyan dos palomas. El arqueólogo Miguel Ángel Valero Tévar considera que esta iconografía permite relacionar directamente la imagen del mosaico de Cerro Gil con la diosa fenicia Astarté.

El origen del culto a Astarté se remonta al tercer mileno antes de Cristo en la antigua Mesopotamia: Inanna para los sumerios e Ishtar para los acadios. Astarté es la diosa de la fertilidad, del amor y también de los placeres carnales. Identificada con el planeta Venus los antiguos griegos desde sus colonias de próximo oriente la acabaron vinculando con  Afrodita y también con Démeter. De Astarté deriva el nombre hebreo Esther y la etimología de la palabra estrella.

El culto a Astarté en la Iberia prerromana aparece documentado en el territorio de la Turdetania y vinculado originalmente a la cultura tartésica: bronce de Carriazo, 625-525 a.C.; tesoro de Carambolo, en torno al siglo VI a.C.  Las fuentes antiguas también citan un hoy desaparecido templo de Astarté en Cádiz. Asimismo, se han encontrado representaciones que se podrían relacionar con Astarté, estatuillas de terracota, fundamentalmente, en diferentes yacimientos ibéricos.

La otra imagen conservada en el mosaico aparece en el lado izquierdo de la escena central y representa a un lobo. El animal mira hacia la figura central. El lobo aparece con frecuencia en la temática funeraria ibérica y, en esta ocasión, se representa en actitud defensiva, con las fauces abiertas y las garras perfectamente definidas.

En la mitología ibérica, el lobo es un animal relacionado con la muerte y tránsito al más allá; el lobo también representa  la fiereza, la guerra y, por tanto, en una sociedad jerarquizada como la ibérica, en la que los caudillos o príncipes debieron legitimar su autoridad en la fuerza militar, no es descabellado vincular la imagen del lobo con la representación de los valores y la autoridad de algún miembro destacado de la élite local.

En el otro lado de la imagen central, a su derecha, debió de haber otra imagen. Lamentablemente la acción destructiva de los expoliadores impide establecer lo que allí hubo representado: quizás otro animal.

La datación del mosaico

El mosaico de Cerro Gil se ha datado en torno al siglo IV a.C. Esta cronología lo convierte en uno de los mosaicos más antiguos de la península Ibérica.

Los mosaicos más antiguos del entorno Mediterráneo, datados en el siglo VIII a.C., se han encontrado en yacimientos de Siria y Frigia. Es a partir del siglo VI a.C. y en el ámbito helénico cuando la técnica del mosaico alcanzará un importante desarrollo.

En la península Ibérica el desarrollo de la técnica del mosaico se produce en el mundo Ibero  a partir del siglo IV a.C. y, como tantos otros aspectos de la cultura Ibera, cabe relacionar su difusión como una muestra más de la influencia  de griegos y fenicios en los pueblos de la España antigua.

La calidad y la excepcionalidad del mosaico, unido a las dimensiones del túmulo al que se asociaba, considerablemente superiores a los de otros túmulos de la misma necrópolis, llevan a pensar que el mosaico de cerro Gil decoró la última morada de algún príncipe o noble guerrero acompañado de parte de sus familia o de alguno de sus acompañantes en el combate.

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