viernes, 3 de noviembre de 2017

'Casas a la malicia': El pueblo de Madrid contra el poder del Rey

La creación de las 'Casas a la malicia' o ingeniería inmobiliaria para sortear el control de la Corte y sus impuestos en Madrid

Fachada de una 'Casa a la Malicia' 
Fue Felipe II quien decidió traer la capitalidad a Madrid en el año 1561. Hasta el último momento, su decisión se debatió entre Madrid y Toledo, decantándose finalmente por la primera por varias razones. Entre ellas, pesaron la topografía casi imposible de Toledo, su calor asfixiante en verano y gélidos inviernos, sus (por otra parte llenas de encanto) calles tortuosas y en cuesta,... No era por tanto lugar grato para cortesanos, ni para celebrar los actos que la recientemente adoptada etiqueta borgoñona requería. Madrid también gozaba del privilegio de estar situada en un lugar central de la Península Ibérica, pero aún no tenía una estructura urbana perfectamente delimitada y conformada como la ciudad del Tajo, lo que la convertía en un lugar idóneo para ir construyendo todos aquellos edificios que la creciente burocracia del reino iba a requerir. Además, Toledo carecía de suministro de agua fácil y continua, mientras que Madrid disponía de agua abundante y de calidad gracias a los "viajes de agua" que  había dejado la presencia árabe en la ciudad. Y un dato no menos relevante, en Madrid no tendría el rey la presencia del arzobispo, ni de grandes linajes nobles asentados en la ciudad que pudieran hacer sombra a su poder. Es así como finalmente, en el año 1561 Madrid termina por ser capital del reino.

Hasta aquí, historia más o menos conocida por casi todas. Lo que no se suele contar es que el hecho de convertirse en capital significaba albergar a las miles de personas que componían la Corte. Por tanto, el primer problema real e inminente que surge con esta decisión, además del de abastecer a la ciudad de productos básicos para el alimento, es el de dónde albergar a toda esa nueva población (miles) que llegaron de golpe a la ciudad. Hasta el momento, la Corte se había alojado en ciudades como Toledo, Sevilla o Valladolid, que contaban con mesones o posadas suficientes para solucionar este problema. No era el caso de Madrid. Y la población iba a llegar seguro, pues la decisión estaba tomada. Entonces, ¿cuál fue la solución planteada por Felipe II?

La Regalía de Aposento

Según esta ley, dictada por el Rey como solución al problema habitacional de la ciudad, todo aquel que tuviera una casa con más de una planta, debía obligatoriamente ceder una parte de la misma para el alojamiento del personal de la Corte. Cuando la misma era itinerante, esta norma podría ser un fastidio, pero al menos era temporal. Al tratarse, en este caso, de una decisión de carácter permanente, podemos imaginar cómo sentó al levantisco pueblo de Madrid... teniendo en cuenta además, que las clases adineradas rápidamente se libraron de esta obligación, ya que quedaban exentas a cambio de favores y donaciones hechas a la Casa Real. Dirán las malas lenguas que quien hace la ley...

Las Casas a la Malicia

Si se trataba de una obligación, y además las clases altas podrían librarse de ella, no tardaron en surgir "alternativas" ingeniosas para eludir esta situación.

Para poder decidir qué casas eran adecuadas para albergar al personal de la Corte, primero había que saber cuáles de ellas reunían las características esenciales para poder realizarse. Como hemos dicho, que tuvieran más de una planta, pero además que fueran divisibles de manera fácil: por plantas o zonas claramente delimitadas y que permitieran a sus habitantes convivir sin problemas. ¿La respuesta del pueblo de Madrid? Viviendas en las que a simple vista era imposible no sólo ver una posible división clara de espacios, sino que resultaba un reto saber de cuántas plantas constaba o cuántas habitaciones tenía. Para ello se hacían distribuciones imposibles del interior de las viviendas, y especialmente de las fachadas, de manera que se colocaban los vanos de las ventanas y respiraderos de manera caótica y a diferentes alturas,  se superponían tejados enormes y buhardillas de forma que quedaran ocultas las reales dimensiones y habitaciones de la vivienda.  El resultado eran viviendas de muy difícil división, que los funcionarios reales terminaban por desechar como opción habitacional para la Corte.

Origen de las placas que numeran las manzanas del centro de Madrid

Puede que a madrileños y visitantes que paseen por el centro de la ciudad, les haya llamado alguna vez la atención las placas cerámicas cuadradas que aún se conservan en la mayoría de los edificios del casco, en la zona de los Austrias, y en los que suele rezar algo así como "Visita G, Manzana nº 134". No son pocos los que se preguntan qué significan estas placas. Están relacionadas ni más ni menos que con el desorden urbanístico creado tras la venida de la Corte y la creación de las Casas a la Malicia. Llegó un momento en el que era tal el caos urbanístico creado que era imposible saber cuántas manzanas, edificios y casas había. Puede parecer un problema relativamente menor, pero si no hay un censo fiel de viviendas, ¿cómo cobrar los impuestos correspondientes a las mismas? ¿cómo continuar con la ordenación urbana de la ciudad?

La solución llegó de la mano de Fernando VI, quien mandó realizar el titánico trabajo de la Visita General de Regalía de Aposento, numerando una por una las manzanas de sureste a noroeste, desde el número 1 (Hospital General de Atocha) hasta el 557 (las propiedades del Príncipe Pío). El trabajo corrió a cargo de cuatro arquitectos, que aprovecharon para recoger también el nombre de todas las calles de Madrid en aquel momento. En 1765 se numeraron todas esas casas y manzanas con estas placas de porcelana, que aún hoy perviven en las calles de Madrid.

Placa cerámica con la indicación de Visita y Manzana
Restos en la actualidad

Además de las placas cerámicas, que son visibles en la zona de los Austrias, aún quedan vestigios de estas casas a la malicia para los paseantes que estén atentos y estén de paso por la Calle del Pez, la del Conde, la del Rollo o la de los Mancebos. Imaginad por un momento que sois funcionarios de la Corte censando posibles aposentos, ¿sabríais decir cuántas habitaciones o plantas tienen? ¿O las dejaríais -y por ende a sus moradores- por imposibles y en paz?

Bibliografía

Ramos, R. y Revilla, F., Historia de Madrid. De Magerit al siglo XXI, Madrid, Ediciones la Librería, 2005.

Marín Perellón, Francisco José, Planimetría general de Madrid y visita general de casas, 1750-1751, Catastro, 2000.  Disponible en Catastro.

Delgado, A., "El origen de las antiguas placas cerámicas que numeran las manzanas de Madrid", publicado en Abc, Madrid, 2015.

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