jueves, 23 de noviembre de 2017

Velázquez y su espejo

¿Por qué en el cuadro de Las Meninas Velázquez pintó un espejo en el que se reflejan, al parecer, los reyes de España?
 
Las Meninas de Velázquez (detalle)
Hoy voy a tratar un tema que creo que puede ser de interés para muchas personas que se preguntan, al día de hoy, por qué en el cuadro de Las Meninas Velázquez pintó un espejo en el que se reflejan, al parecer, los reyes de España.

El más famoso cuadro del mundo, hecho por el artista más universal de la historia del arte, presenta un espejo en el que se reflejan los reyes. Pero, por qué lo haría así el artista sevillano? ¿Quería decirnos algo, explicarnos, con este guiño, alguna cosa, o meramente no fue más que un recurso de carácter óptico?

Yo creo que el artista no pintó un espejo, sino un cuadro dentro de otro cuadro, un recurso empleado, en la práctica, en muchas ocasiones dentro de los ambientes artísticos europeos. Si esta teoría fuera cierta, si pudiéramos demostrarla, todas las especulaciones sobre el famoso espejo caerían estrepitosamente. Pero la mayoría de los teóricos y tratadistas del arte creen que el espejo es real, que existe y que el artista lo pintó para otorgar una mayor sutileza a la escena y, a la vez, para provocar y mover a la posteridad a un sinfín de tesis, más de una disparatada o absurda.

La explicación más extendida sobre el carismático cuadro de Velázquez es la siguiente: el artista está pintando a los reyes de España y, de forma imprevista, entra en escena la infanta Margarita de Austria, de unos cinco años de edad aproximadamente, con su acompañamiento de dos meninas, o mujeres de la nobleza, cuya misión era acompañar en todo momento a los miembros de escasa edad de la realeza. Estas meninas se llamaban Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. Una de ellas ofrece un búcaro con agua a la pequeña, que ésta, desdeñosamente, rechaza. La otra menina amaga una inclinación de la cabeza, a modo de reverencia. A un tiempo, el enano Nicolasito Pertusato azuza con el pie al mastín castellano, de nombre Moisés, y la enana Mari Barbola con indolente altivez. Al fondo, en la penumbra, doña Marcela de Ulloa, guardadamas de la infanta, conversa con un misterioso personaje no claramente identificado al día de hoy, personaje éste que podría ser Don Diego Ruiz de Azcona, encargado, asimismo, de la custodia y vigilancia de la pequeña. En el umbral de la puerta, en perspectiva de fondo, aparece Don José Nieto Velázquez, aposentador de palacio. Por fin, el propio artista se autorretrata con el pincel en la mano y luciendo la cruz de Santiago sobre su pecho.

Las Meninas de Velázquez
¿Qué significado tiene este cuadro? ¿Hay algún misterio oculto tras el mismo? ¿No es más cierto que, en realidad, lo que vemos es lo que hay, y que no hay que buscar ningún enigma en el lienzo más importante de la Historia Universal del Arte? ¿Por qué, entonces, tantas teorías, muchas de ellas sin gran sentido?

Velázquez pintó a la infanta y su acompañamiento de personajes, y, a un tiempo, se pintó a sí mismo, consciente de su importancia y de su propia valía y prestigio artístico y personal. Este cuadro revela, a mi juicio, el hecho de que el artista era un ególatra, poseído de su grandeza y de su genialidad. Al autorretratarse en el lienzo, no hacía más que afianzar su posición, en la cumbre, al lado de la realeza española. Aunque sin duda, el espejo, si lo hay, ha pasado a la historia.

Vía| Dialnet
Imagen| RTVE

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