martes, 29 de diciembre de 2009

La cocina nos hizo humanos.

Lo que impulsó nuestra evolución fue guisar.

Hace entre 1,9 y 1,8 millones de años, sobre suelo africano, la evolución horneaba lentamente los primeros especímenes de nuestro árbol genealógico. El Homo erectus se perfilaba como el primer eslabón en la cadena de los “nuestros”, la estirpe que podemos rastrear sin interrupciones hasta antes de ayer.

Fue el primero en salir del continente cuna, y presentó un asombroso 42% de incremento en su capacidad craneal respecto a su especie homínida más cercana: el Homo habilis, con el que convivió y con el que no se sabe si tuvo lazos de parentesco.

Hasta ahora, uno de los argumentos más significativos para explicar el estirón que supuso el H. erectus se centraba en el famoso adagio de que somos lo que comemos. Por entonces, la dieta de raíces, frutos, tubérculos, insectos y hojas había hecho hueco a un potente y nuevo manjar: la carne.

Sin embargo, un conocido primatólogo de la Universidad de Harvard (EEUU), Richard Wrangham, ha llegado a la conclusión de que en este caso lo realmente decisivo es cómo comemos. En su último libro, Catching Fire, aún no publicado en España, defiende que no fue la carne, sino el uso del fuego para preparar los alimentos lo que lanzó a aquellos seres por un camino que culminaría en la humanización.

Su visión ha resultado controvertida, porque hasta ahora el control sobre la lumbre no se databa en una fecha tan temprana. Las cenizas más antiguas con trazas de haber sido provocadas voluntariamente se encuentran en el yacimiento de Gesher Benot Ya’aqov (Israel), y la investigadora Nira Alperson les ha atribuido una edad de 790.000 años. Sin embargo, Wrangham aduce que: “La arqueología del fuego es muy difícil de detectar”, y se ha apartado de ese indicio tradicional a la hora de establecer su teoría sobre la trascendencia de los fogones.
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Lo que hay que tener.

De hecho, su punto de partida ha sido la convicción de que “somos el único animal adaptado biológicamente a la comida cocinada”, según afirma, mientras nos explica que la causa reside exactamente en nuestras tripas.

De todos los primates, poseemos el sistema intestinal más pequeño en relación al tamaño corporal. Nos lo podemos permitir, porque hemos trasladado a la encimera (y, a veces, otros sitios) una gran parte del trabajo que supone transformar las viandas en compuestos químicos aprovechables. Como ejemplo, exponer la carne a una temperatura de entre 60 y 70ºC derrite su tejido conjuntivo y reduce al punto mínimo la fuerza necesaria para cortarla. Y un diente destinado a partir una patata hervida puede ser hasta un 82% más pequeño que el que deba hincarse en una cruda.

Aunque también existen formas de adecuar el maná que nos ofrece la naturaleza sin necesidad de chispas. Eduardo Angulo, biólogo de la Universidad del País Vasco, argumenta que: “Una visión más amplia de la gastronomía incluye sistemas de conservación como el secado (seguramente el más antiguo), la salmuera, el enterramiento en la tundra para congelarlo…” En su libro
El animal que cocina recoge con detalle cómo ya nuestros ancestros empezaron a ensayar sus primeros pinitos con todos ellos.

Buscando el cambio.

Si queremos saber cuándo empezamos ese proceso único de trasteo culinario, bastará con detectar el momento en que se nos empezó a encoger el estómago. La mayor reducción se produjo precisamente en el Homo erectus. Acompañada de una disminución en los dientes, la pelvis y la caja torácica, y un aumento del cerebro. Algo que, desde luego, también contribuyó a hacernos humanos y que no se dio en el contemporáneo Homo habilis; según Wrangham, porque nunca llegó a dominar el fuego.

Invertir con cabeza.

El menor esfuerzo de masticar y digerir un menú más blando proporcionó unas reservas extra que aportaron mejoras definitivas a sus comensales: fuerza para caminar distancias más largas, un sistema inmunitario fortalecido y crías más robustas que pasaban de la leche al alimento sólido con más facilidad, y dejaban a sus madres libres para volver a parir antes. Sin contar con que la reducción del tiempo de masticado les dejó muchas horas libres, con curiosas consecuencias sociológicas (véase el recuadro "La sartén por el mango").

Pero el mayor beneficio de la bonanza energética lo recibió el centro de control corporal: el cerebro. “Estos órganos son caros, necesitan una enorme cantidad de glucosa y una de las pocas formas que tienen los animales de proporcionársela es teniendo intestinos pequeños”, explica Wrangham. Así, nuestra materia gris empezó a convertirse en la mayor del reino animal en relación a nuestra talla.

Eduardo Angulo considera, además, que la cocina obligó a ejercitar el intelecto en otro sentido: “Cocinar supone planificar la recolección o captura del alimento, su conservación, su preparación e incluso cómo se va a distribuir dentro del grupo: el jefe recibirá más alimento, y quizá los niños y ancianos las piezas más tiernas”, con el reto que todo ello supone para el desarrollo de las habilidades sociales.

La capacidad intelectual pudo potenciar la técnica culinaria, y viceversa, en un ciclo que nos ha traído hasta el presente. En cuanto a las pruebas necesarias para refrendar definitivamente su teoría, el propio Wrangham apunta a claves genéticas: “Lo sabremos cuando averigüemos en qué momento nos adaptamos a los compuestos Milliard, unas sustancias mucho más frecuentes en la comida cocinada que en la cruda”. Mientras, seguiremos disfrutando de un menú en su punto.
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Extraído de Quo

viernes, 18 de diciembre de 2009

El templo de Isis emerge de las aguas en Alejandría.

Los tesoros arqueológicos que oculta la bahia de Alejandría, en Egipto, continúan emergiendo de las aguas que los cubrieron hace miles de años. La última gran pieza del rompecabezas que se hundió hace siglos y ha sido localizada es parte de un pilón del templo ptolemaico de Isis, que ha sido extraído ahora del fondo.

Pese al mal tiempo reinante en la zona, con viento y oleaje, se ha llevado a cabo la recuperación de la pieza de la época ptolemaica (325 a.C.-30 a.C.), que despertó una gran expectación entre los numerosos periodistas egipcios congregados y algunos curiosos.

Con la ayuda de una grúa y un buzo, el fragmento del pilón de granito rojo, con una altura de 2,25 metros y un peso de nueve toneladas, emergió del mar, frente a la fortaleza alejandrina de Qaitbey. "Este es el inicio de la extracción de otras piezas del fondo del mar", aseguró el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades egipcias, Zahi Hawas.

El fragmento recuperado será, además, el objeto principal de un museo submarino proyectado en el puerto de Alejandría, explicó el arqueólogo egipcio, que no ofreció más detalles sobre esta iniciativa, que todavía está en fase de estudio.

Entretanto, el hallazgo, procedente del templo de Isis, diosa de la maternidad y del nacimiento en el Egipto Antiguo, será conservado en el anfiteatro romano de Alejandría.

El pilón al que pertenece la pieza fue descubierto hace siete años en el área submarina denominada "Zona Real", donde se encuentra también el palacio de Cleopatra, última gobernante de la dinastía ptolemaica, fundada en el año 305 a.C. por Ptolomeo I Sóter, general de Alejandro Magno.

Alejandría aún esconde muchos secretos.

La bahía de Alejandría esconde aún muchos secretos, ya que el geógrafo griego Estrabón documentó en el 450 a.C. la existencia de 35 ciudades en este área.

En ese sentido, el ministro de Cultura egipcio, Faruk Hosni, explicó que solo han recuperado "un dos por ciento de todo lo que hay sumergido", porque todavía quedan cientos de piezas bajo el agua. Hosni, que destacó la importancia del descubrimiento, agregó que todavía continúan las investigaciones y que "el resto del templo de Isis también será sacado del mar".

Por su parte, Hawas adelantó que está prevista la extracción de una de las piezas del palacio de Cleopatra el próximo mes de mayo, sin especificar más.

Sobre el proceso de extracción de antigüedades submarinas, el jefe de la misión arqueológica griega que descubrió el pilón, Harry Tzales, señaló que se trata de una tarea delicada, porque al estar sumergidos se encuentran en un ambiente favorable para su conservación, algo que no ocurre en la superficie.

Tzales subrayó que el trozo de pilón recuperado hoy es "una pieza histórica que lleva más de 2.000 años bajo el agua, y ahora hay que protegerla".

Este nuevo descubrimiento "muestra la posición del templo de Isis y es una prueba de sincretismo y de la mezcla del estilo griego y faraónico", apuntó el arqueólogo.

"Los ptolomeos eran una dinastía griega que usaban la arquitectura faraónica", como demuestra la construcción de un pilón típico del arte de los faraones, afirmó Tzales, para quien hay que desterrar la idea de que "Alejandría era en su totalidad una ciudad griega".
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Extraído de El Mundo

jueves, 17 de diciembre de 2009

El hombre y el paisaje: Una relación complicada.

Los animales siempre han estado a merced del entorno. Éste, con sus caprichosos e irracionales cambios, con sus violentas manifestaciones y sus naturales demostraciones de fuerza, los ha doblegado a su antojo, meciéndolos, a veces suave, a veces violentamente, según el momento. En la madre de las leyes, esa norma universal nunca escrita, los seres vivos tienen la eterna e invariable obligación de adaptarse. En esta milenaria y cansina mecánica, el hombre ha jugado con la ventaja de la razón. Su intelecto le ha permitido gozar de un elevado grado de bienestar en todas las circunstancias y en todos los tiempos. El ingenio ideó pronto maneras de protegerse de los elementos, formas de vivir con cierta comodidad en un contexto espacial cambiante, en el que el paisaje ha sido y es la manifestación y el resultado visible de fuerzas telúricas prácticamente invisibles a los sentidos de éste.

El equilibrio, sólo roto en momentos puntuales, se ha caracterizado durante siglos por ser la nota dominante en la relación entre él y la tierra que le da cobijo y lo mantiene. Esta situación, sin embargo, ha cambiado de manera notable en las últimas dos centurias. La industrialización marcó el principio del fin y la armonía se fracturó en contra del medio. La humanidad cambió todos los recursos para ponerlos a su favor y mecanizó la vida, que se hizo urbana, interactuando con el ecosistema en base a un modelo nuevo y, por qué no decirlo, bastante agresivo con el entorno. Sin previo aviso, firmó un contrato unilateral cuyas peores consecuencias pagarán los hijos de las generaciones que están por venir.

La mecanización dio un nuevo sentido a las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Los antiguos habitantes del planeta tomaron consciencia de su poder y éste no ha parado de crecer desde entonces, hasta transformarse en una fuerza sin control que ha escapado ya a su alocada mano. El paisaje, inalterado durante milenios, se empezó a transformar brutalmente en un proceso artificialmente modelador que, hoy día, está muy lejos de haber alcanzado su final. El hombre, para el que ahora no hay nada imposible, ha logrado esclavizar montañas, valles y ríos. Su técnica puede con todo y cualquier ‘obstáculo’ natural es eliminado en pos del bienestar que casi siempre esconde el mal entendido progreso de la raza dominante.

La agresión de la agricultura intensiva, la minería, la industria tecnológica y la derivada de la producción de las actuales formas de energía son tan sólo algunos de los ejemplos más próximos en el tiempo de esta nueva forma de relación con la naturaleza. Sin duda, la última gran revolución paisajística experimentada por este país con comportamiento de ‘nuevo rico’ la ha provocado la industria del ladrillo. Su fachada externa ha pagado una vez más las consecuencias de un momento de bonanza general. Los grandes desarrollos urbanísticos, en los que la mesura no existe, han dejado poco lugar a la imaginación de las nuevas poblaciones urbanas, que en la mayoría de los casos proceden del masivo trasvase demográfico desde un mundo rural en el que la naturaleza no ha sufrido tanto el ataque del agente humano.

Estos tiempos requieren nuevas soluciones. El nacimiento del movimiento ecologista supuso un punto de inflexión en esta vertiginosa dinámica. El respeto al medio que ha hecho al hombre y la búsqueda del equilibrio perdido son el fin perseguido. Sus herramientas están a la altura de los nuevos retos que plantea este mediocre y agotado modelo de desarrollo. Constituye uno de los más fuertes grupos de presión de la era actual y, por suerte, suele llegar allí donde la clase política ha fracasado, después de haber ofrecido evidentes síntomas de agotamiento.

martes, 15 de diciembre de 2009

La agricultura y la ganadería no surgieron en el Neolítico de una sola comunidad.

Los trabajos que desarrollan investigadores de la Universidad de Cantabria (UC) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) al Oeste de la ciudad siria de Homs están aportando datos que podrían contribuir a cambiar algunas visiones sobre el nacimiento y extensión de los asentamientos de agricultores y ganaderos durante el Neolítico.

El inicio de la agricultura y la ganadería se localiza en el Próximo Oriente, pero hasta ahora los datos y yacimientos conocidos lo centraban en las regiones en torno a los ríos Éufrates y Jordán. En cambio, había un "vacío" sobre la zona intermedia entre ambos ríos, que es en la que se centran las investigaciones del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas (IIIP) de la UC y el CSIC, que trabajan en colaboración con socios de Siria y Líbano.

Los hallazgos encontrados hasta el momento por este equipo hacen pensar que el inicio de la agricultura y la ganadería no fue un fenómeno asociado a "grupos concretos" que después se fue extendiendo, sino un fenómeno más complejo que implica a grupos "mucho más amplios" de distintas regiones que fueron "interactuando e intercambiando conocimientos y experiencias".

Según explicó en rueda de prensa el investigador Jesús González Urquijo, sería por tanto un proceso "más largo" en el tiempo, probablemente desarrollado en un periodo de entre 5.000 y 6.000 años, con raíces más antiguas y también con mayor extensión geográfica.

Esto, en palabras del director español del proyecto, Juan José Ibáñez, supone pasar de una explicación basada en la existencia de una "invención genial de un pequeño grupo" que después lo transmite, "a una especie de magma u origen basado en el intercambio de experiencias en una amplia zona geográfica".

Ambos investigadores expusieron hoy en rueda de prensa los resultados de las labores realizadas durante este año en el proyecto de investigación en Siria. El equipo que trabaja en la zona plantea sus líneas de investigación en tres sentidos: los últimos cazadores-recolectores, los primeros agricultores, y los grupos ya plenamente campesinos.
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HALLAZGOS.
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Los hallazgos de 2009 comentados por Ibáñez y González Urquijo corresponden a esta tercera línea de investigación y a uno de los yacimientos en los que trabajan, el de Tell al Marj, que data de hace 8.000 años y en el que han encontrado las primeras evidencias de poblados bien estructurados en esta zona.

Así, en este yacimiento se observa ya una organización urbanística "bastante cuidada". Se han localizado casas cuadradas con muros de piedra, en algunos casos con pavimento de piedra y tierra batida, y también se ha encontrado una vivienda reconstruida hasta tres veces.

Junto a esa estructura ya más avanzada de las edificaciones, también se han hallado piezas que revelan comportamientos simbólicos ligados a los grandes bóvidos (uros, vacas y toros). En concreto, se ha encontrado una figurita de barro cocido que representa un toro, y en el basamento de una casa apareció un fosa con un cráneo de toro dentro, una simbología presente en otros yacimientos del Próximo Oriente.

Otros de los restos encontrados revelan la existencia de una organización socioeconómica bastante compleja con comercio a muy larga distancia. Por ejemplo, se han hallado útiles elaborados con obsidiana, un tipo de roca volcánica procedente de Anatolia, a 500 kilómetros del yacimiento. Además, las excavaciones han sacado a la luz un sello de arcilla cocida que se cree que se podía utilizar en algún tipo de control administrativo sobre los excedentes almacenados.

Lo que no se ha podido interpretar todavía es la razón del hallazgo de gran cantidad de armamento en los niveles finales del asentamiento, sobre todo puntas de flecha de piedra y jabalinas. Los investigadores piensan que se puede deber a la existencia de conflictos intergrupales, pero aún no han podido confirmarlo.
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PROYECTO.
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Juan José Ibáñez destacó que los resultados en éste y otros yacimientos sirios en los que trabajan la UC y el CSIC están siendo "muy positivos" y van a "completar y cambiar" la visión de los primeros grupos de agricultores y ganaderos.

Los trabajos de la UC y el CSIC en Siria se centran en dos áreas: la zona en la que trabajan en colaboración con la Dirección de Antigüedades de Siria y la Universidad Sant Joseph de Beirut; y otro proyecto al Sur del país con un equipo francés.

El proyecto con Siria y Líbano lleva ya varios años de andadura. En el periodo 2004-2007 se analizó la zona en busca de yacimientos y las excavaciones comenzaron en 2008. Se trabaja en yacimientos de los últimos grupos de cazadores y de las primeros agricultores para analizar cómo y por qué se produjo el cambio. En el futuro se seguirá trabajando en el yacimiento de Tell al Marj, pero también se incidirá más en las otras dos líneas de trabajo.
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Extraído de Europa Press

jueves, 10 de diciembre de 2009

La mayor inundación de la Tierra formó el Mediterráneo.

Que el Mediterráneo quedó aislado del océano Atlántico hace casi seis millones de años es algo que ya se sabía. Y también que la evaporación provocó que el nivel del agua estuviese más de 1.000 metros por debajo del actual. Los científicos no se ponen de acuerdo con respecto a los motivos que llevaron tanto a su aislamiento como a su posterior rellenado, pero también es sabido que el agua que lo dejó tal y como lo conocemos en la actualidad procedía del océano Atlántico. Sin embargo, hasta la aparición de un trabajo realizado por españoles y publicado en la revista 'Nature', la Ciencia desconocía que el evento de llenado del mar Mediterráneo hace 5,3 millones de años produjo la mayor inundación de la que se tiene conocimiento en la Historia de la Tierra.

Final del Mioceno, hace casi seis millones de años. El Mediterráneo es un inmenso desierto salpicado por lagos salinos cuyo nivel de agua está entre 1.500 y 2.700 metros por debajo de la superficie del actual mar. Un escenario muy diferente del actual. Un evento geológico aún desconocido abre una pequeña vía de agua en el actual estrecho de Gibraltar, que era una barrera natural que impedía el paso de agua, y el océano Atlántico comienza a penetrar en la cuenca del actual mar Mediterráneo.

La erosión hace el resto del trabajo y en poco tiempo (geológico) el paso de agua tiene tal tamaño que consigue que el 90% del agua que tiene en la actualidad el 'Mare Nostrum' entrara por el estrecho en menos de dos años. Lo que supone un caudal de agua unas 1.500 veces superior al del río Amazonas.

Movimiento geológico.

"No conocemos exactamente el proceso que aisló el Mediterráneo permitiendo que se evaporase ni el que puso en contacto el agua del Atlántico con la cuenca del Mediterráneo, pero ambos procesos tienen orígenes similares", asegura Daniel García-Castellanos, científico del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera de Barcelona, dependiente del CSIC, y principal autor del trabajo. "Aun así parece claro que el origen de ambos es el movimiento de placas tectónicas bajo el estrecho".

Hasta ahora se pensaba que este mar había tardado en llenarse de 10 a 10.000 años y que la entrada de agua fue similar a una gran cascada. Esta nueva investigación revela que la mayor parte del llenado ocurrió en un periodo de hasta dos años y que, más que un salto de agua, ésta discurría de forma gradual por una rampa de varios kilómetros de ancho y cuya pendiente sería de alrededor del 4%.

A pesar de esta aparentemente tranquila entrada de agua, durante los momentos de mayor entrada de agua, el nivel del mar llegó a ascender a un ritmo de 10 metros diarios. Esta inundación que reconectó el Atlántico con el Mediterráneo provocó en el fondo marino una erosión de cerca de 200 kilómetros de longitud y varios kilómetros de anchura.

"Ya se sabía que el Mediterráneo se había formado por la entrada de agua del Atlántico", dice Manel Fernández, coautor de la investigación y director del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera. "Pero lo que sostiene nuestro trabajo es que la inundación fue mucho más abrupta de lo que se pensaba hasta ahora".
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Extraído de El Mundo

martes, 8 de diciembre de 2009

Ruta de los Castillos del Sur de Badajoz.

Esta ruta nos llevará a recorrer las comarcas de Tentudía y Sierra Suroeste, tierras de dehesas y sierras, con paisajes verdaderamente bellos. Toda esta zona conserva la herencia de los árabes y la influencia de la Orden del Temple y la Orden de Santiago.
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Con esta ruta nos centramos en los edificios de carácter militar, pero en realidad es una excusa para recorrer sin prisas las comarcas de Tentudía y Sierra Suroeste y disfrutar de la naturaleza de esta zona de Extremadura. La ruta está pensada para dividirla en varias jornadas para aprovechar al máximo la experiencia. En función del tiempo que tengamos podemos simplificarla o planificar más actividades en la zona.

Lo ideal es planificar la estancia en alguno de los
alojamientos de la comarca de Tentudía o de Sierra Suroeste, para evitar desplazamientos innecesarios, y reorganizar la ruta para adaptarla al punto de partida.

Nosotros comenzamos el recorrido en Montemolín, junto a la Autovía de la Plata (A66).


El Castillo de Montemolín es visible desde la autovía. Fue la última fortaleza extremeña recuperada a los árabes durante la Reconquista. El castillo pasó a formar parte de la Orden de Santiago a mediados del siglo XIII. El recinto de la fortaleza es muy grande, lo que da idea de la importancia estratégica que tuvo Montemolín.

La disposición de las torres se corresponde con la tipología almohade, al igual que el grosor de sus muros y otros elementos arquitectónicos. La Torre del Homenaje es de la época de la Orden de Santiago.

Nuestro siguiente objetivo es Calera de León. Desde Montemolín volvemos a la A66 y podemos dirigirnos a Monesterio y desde allí a Calera de León (ruta más corta). O también podemos subir hasta Fuente de Cantos para ver la población y aprovechar para visitar el yacimiento prerromano de los Castillejos.

Este yacimiento se encuentra en la carretera local que une Fuente de Cantos con Calera de León, a unos 5 o 6 kilómetros de Fuente de Cantos.

Seguimos hasta Calera de León por la carretera local, sin prisas, entre dehesas y paisajes típicos de esta zona. Podremos contemplar el ganado que pasta en libertad y dependiendo de la época podremos ver algunas grullas que comparten alimento con el ganado.

En Calera de León nos encontramos con el Conventual Santiaguista, una inmensa mole de finales del siglo XV que sirvió de residencia principal a los freires del Monasterio de Tentudía. El Conventual de Calera se convirtió en una de las sedes principales de la Orden de Santiago.

Desde Calera de León sube la carretera local que llega hasta el Monasterio de Tentudía, podemos aprovechar para hacer una visita al Monasterio y disfrutar de las vistas desde el Pico de Tentudía, a más de 1100 metros de altura, el punto más alto de la provincia de Badajoz.

Bajamos de nuevo hasta Calera de León y puede ser un buen momento para tomar un descanso y disfrutar de la gastronomía de la zona. También podemos bajar hasta el Embalse de Tentudía, en dirección a Monesterio, para relajarnos junto al agua y hacer un pequeño picnic.

La primera jornada de nuestra ruta finaliza aquí.

Con fuerzas renovadas nos dirigimos a Segura de León, pasando por la localidad de Cabeza la Vaca. Existe una ruta senderista muy bonita (aunque algo dura) que sube desde Cabeza la Vaca hasta el Monasterio de Tentudía. Son varias horas de caminata, así que tendríamos que planificar con margen suficiente.

En las afueras de Cabeza la Vaca se encuentra el Parque Periurbano La Pisá del Caballo, otro punto de interés para los viajeros aficionados a la naturaleza.
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Llegamos a Segura de León. En la parte alta de la población podemos ver el Castillo de Segura de León. Se trata de una fortaleza con una estampa muy bonita, de aspecto robusto y planta irregular que se adapta a la orografía del terreno. La Torre del Homenaje se eleva en el vértice noroeste. Los elementos más antiguos del castillo datan del siglo XIV, pero la mayor parte pertenecen a las reformas realizadas en el siglo XV.

El castillo es en la actualidad un hotel restaurante. Por lo tanto podemos aprovechar para comer o para tomar tranquilamente algún aperitivo en el patio de armas de la fortaleza.

Al sur de Segura de León se encuentra la localidad de Fuentes de León, famosa por las conocidas Cuevas de Fuentes de León, de origen cárstico. Para visitar las cuevas es necesario llamar previamente para confirmar horarios y disponibilidad. En el enlace anterior aparece el teléfono del Centro de Interpretación de la Naturaleza, de Fuentes de León.

Cerca de Fuentes de León se encuentra el Castillo del Cuerno, una fortaleza de origen árabe, de los siglos IX al XIV, que perteneció posteriormente a las órdenes del Temple y de Santiago. El acceso al castillo es difícil. Se puede hacer a pie a través de una ruta de dificultad media-alta. Si disponemos de tiempo suficiente podemos planificar esta ruta senderista, que transcurre por parajes muy bonitos.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta Segura de León, para continuar hacia Fregenal de la Sierra, situada a pocos kilómetros.

El Castillo Templario de Fregenal de la Sierra es de origen árabe y fue donado a los templarios en el siglo XIII.

La fortaleza conserva las siete torres, entre las que destaca la Torre del Homenaje. La iglesia de Santa María está unida al castillo por medio de una de las torres. Posteriormente, en el siglo XVIII, el patio de armas se reconvirtió en plaza de toros. El conjunto arquitectónico que forman el castillo, la iglesia y la plaza de toros es bastante peculiar y sorprendente.

El conjunto histórico-artístico de Fregenal de la Sierra está declarado Bien de Interés Cultural. Podemos aprovechar para visitar tranquilamente esta localidad.

Finalizamos la segunda jornada de la ruta y volvemos al alojamiento para disfrutar de un merecido descanso.

La siguiente jornada la comenzamos en Jerez de los Caballeros, la localidad templaria por excelencia, capital en su día del Bayliato de Xerez de la Orden del Temple.

Los Templarios consolidaron la alcazaba árabe dando lugar a lo que ahora conocemos como la Fortaleza Templaria, y levantaron el recinto amurallado que protegía la ciudad. En la fortaleza se encuentra la famosa Torre Sangrienta, en la que perdieron la vida los últimos Caballeros Templarios de Jerez.
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Aparte de la Fortaleza y la muralla, Jerez de los Caballeros ofrece al visitante un impresionante patrimonio histórico y monumental. Son de obligada visita las iglesias de Jerez y sus casas palacios.
Podemos degustar la gastronomía típica de la zona en alguno de sus mesones y restaurantes o tomar unas tapas de ibéricos en cualquiera de los bares de la localidad.

Nos ponemos en marcha hacia Zahínos, una localidad situada al oeste de Jerez de los Caballeros. En esta población podremos encontrar lo que queda del Castillo de Zahínos, una fortaleza del siglo XV de la que sólo ha sobrevivido una de sus torres. Vale la pena visitar este bonito pueblo del sur de Badajoz.

Volvemos de nuevo hacia Jerez para seguir por la EX-112 hacia Burguillos del Cerro. Precisamente en lo alto del cerro se encuentra este bonito castillo.
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El Castillo de Burguillos del Cerro se asienta sobre una fortaleza árabe de la que prácticamente no queda ningún resto. El castillo fue entregado a los caballeros de la Orden del Temple en el siglo XIII. Los restos más antiguos corresponden precisamente a la fortaleza templaria.

Sin embargo los elementos más importantes del castillo son del siglo XIV y algunos añadidos realizados durante el siglo XV. En el castillo sobresale la robusta Torre del Homenaje.

Desde Burguillos nos dirigimos ahora hacia Valverde de Burguillos, para coger la EX-101 en sentido sur hasta el desvío de Valencia del Ventoso, última parada de nuestra ruta.

En Valencia del Ventoso, localidad que perteneció a la Orden de Santiago, encontramos una espectacular casa fuerte palaciega, la Casa Fuerte de Valencia del Ventoso, construida entre los siglos XV y XVI.

Este edificio, diseñado como residencia para la Orden de Santiago, fue sede de la Encomienda de la Orden en esta zona. A pesar de su aspecto y de que popularmente se conoce al edificio como 'el Castillo', no tuvo origen militar propiamente dicho.

Damos aquí por concluida esta Ruta de los Castillos del Sur de Badajoz, que nos ha llevado a visitar las comarcas de Tentudía y Sierra Suroeste, centrándonos principalmente en los edificios defensivos y militares, pero disfrutando sobre todo de los paisajes y naturaleza de la zona, de la hospitalidad de sus pueblos y de la rica gastronomía de estas comarcas.
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Extraído de HOY

viernes, 4 de diciembre de 2009