viernes, 24 de enero de 2014

Los puertos de los caballeros templarios en España.

Los puertos templarios (Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Andalucía, Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco).

Panorámica del bello puerto de Castro Urdiales (Cantabria).
Fueron considerados como los primeros banqueros de la historia por las ingentes encomiendas y posesiones que amasaron. Combatieron en las Cruzadas contra los ‘infieles’ musulmanes durante la Edad Media. También se les atribuye la custodia de reliquias cristianas como la Sábana Santa o el Grial. ¿Realidad o mito? Lo cierto es que los caballeros templarios, que también fueron monjes, tomaron parte en los conflictos bélicos más importantes de su época. Su historia es apasionante y en la península ibérica su participación resultó decisiva, por ejemplo, durante la Reconquista cristiana para frenar el avance musulmán.

La Orden del Temple llegó oficialmente a España en 1131 cuando el conde Barcelona, Ramón Berenguer III, ingresó en el Temple poco antes de fallecer. Y pronto se expandieron por el territorio de la península ibérica, siendo reclutados por los reyes y la nobleza para las continuas luchas que se libraban durante la Edad Media. Pero no solo luchaban, sino que también ayudaban a los más desfavorecidos, que en el fondo era su misión principal.

Los templarios fueron también dueños de una importante flota que les permitía establecer importantes flujos comerciales por el Mediterráneo y otros mares y océanos. Hasta incluso hay quien se atreve a considerar que su pericia les condujo hasta las costas de América durante los siglos XII y XIII; de ahí que introdujeran en Europa grandes cantidades de oro y plata, metales que más bien escaseaban en el Viejo Continente por aquella época, circunstancia que les permitió sufragar la guerra que mantenían en Tierra Santa y hacerse inmensamente ricos.

Sea cierta o no tal conjetura histórica, sí que resulta verídico que puertos marítimos como el francés de La Rochelle, en la fachada atlántica, fueron utilizados con notable actividad comercial y aventurera por los templarios. La peculiar geografía de nuestro territorio, en forma de península, propició que los templarios aprovecharan sus excelentes costas para establecer enclaves portuarios de primer orden. De esta manera, historiadores como Jesús Ávila, quien ya nos invitó a descubrir la historia del Maestrazgo castellonense, contabilizan hasta diez puertos utilizados por el Temple en España (11 si se incluye Colliure, en Francia, que pertenecía a la Corona de Aragón): Caldes d’Estrac y Miravet en Cataluña, Vinaroz (Castellón), Palma de Mallorca, Dénia (Alicante), Huelva, Faro (Lugo), Avilés (Asturias), Castro Urdiales (Cantabria) y Bilbao.

Entre Mataró y Arenys de Mar emerge Caldes d’Estrac (comarca del Maresme) Su fama procede de la calidad de sus aguas termales, conocidas desde tiempos inmemoriales. En esta villa, los templarios construyeron a comienzos del siglo XIII el primer hospital termal de España. Hicieron lo propio con un puerto marítimo que pudo haber estado en la zona intermedia de la actual Riera, cerca de la Vía Augusta. Para defender tanta riqueza natural, el Temple levantó sobre una colina cercana la llamada de Els Encantats.

Los templarios también dejaron un poso muy importante en Miravet (Tarragona), a la que accedieron a través del curso inferior del Ebro. Sobre una empinada roca levantaron el castillo templario de más enjundia de Cataluña y uno de los más hermosos del Occidente europeo. Desde la impresionante fortaleza Jaime I planificó alguna de sus más audaces batallas. La localidad fue templaria durante siglo y medio.

Ocupada en tiempos prerromanos por la tribu ibera de los ilercavones y luego por los romanos, los templarios llevaron a cabo en Vinaroz una tremenda actividad urbanística. Aparte de configurar el trazado urbano de su casco antiguo, transformaron su playa en grao con el fin de levantar un fondeadero para embarcaciones de gran envergadura. Se convirtió en uno de los más destacados de todo el Mediterráneo y en el más importante de la Corona de Aragón. En él desembarcó Miguel de Cervantes en 1571 a su llegada de la batalla de Lepanto contra los turcos, herido en un brazo.

Localizado en Monti-Sion o la Cala, hoy enterrada y que se extendía desde el Paseo del Borne al Palacio de Justicia, el puerto de Mallorca ya era trascendente en tiempos de la dominación islámica. Los templarios jugaron un papel decisivo en la conquista de Mallorca en 1229 por parte de Jaime I. El embarcadero balear jugó un papel clave de abastecimiento durante las Cruzadas. Dénia, por su parte, dispuso en el Medievo de puerto en la zona de la Caldera frente a la torre del Raset. Antes, la localidad alicantina, a la sombra del Montgó, fue un importante enclave ibero, romano (Dianium), visigótico (sede episcopal) y árabe (capital de un influyente reino de taifas) Desde este amarradero combatían a los piratas berberiscos.

En Huelva, los templarios se interesaron por la localidad de La Rábida, que les fue entregada en 1283 por el monarca Alfonso X el Sabio. Los monjes soldados establecieron el puerto sobre el mismo estuario formado por la desembocadura en el Atlántico de los ríos Tinto y Odiel. Quizás fue este uno de los puntos de partida de los templarios hacia el Nuevo Mundo dos siglos antes que Colón. Ya en el noroeste peninsular, la Orden del Temple mostró su interés por asentar su flota en Faro, en la orilla derecha de la ría de Viveiro, al norte de la provincia de Lugo. En 1252, el rey Fernando III confirmó a los templarios el uso y explotación de este puerto marítimo gallego.

Avilés, en Asturias, tiene de origen templario su recinto amurallado y algunas puertas, así como un par de iglesias. En 1155 Alfonso VII concedió a la orden la tutoría de protección de su puerto, un importante centro de almacenamiento y exportación de sal, lino, madera y vino por todo el Cantábrico y parte de Europa. También en el norte de España, el hermoso puerto cántabro de Castro Urdiales, desde siempre relacionado con los pescadores, se convirtió en un bastión templario para el comercio.

Bilbao se convirtió quizás en el embarcadero de mayor uso templario en el norte peninsular, que servía de conexión con el francés de La Rochelle. Se localizaba en la ribera superior de la ría que pasa por la ciudad vascuence. Aquí también aseguraron el flujo de peregrinos extranjeros que arribaban para iniciar el Camino de Santiago. Desde todos estos embarcaderos medievales en nuestro territorio, que disponían de sus propias atarazanas, los templarios pudieron controlar los bancos de bacalao y arenque en el Atlántico, las salinas de la zona de Levante, las aguas termales del Maresme catalán, el río Ebro o los peajes de las grandes vías de peregrinaje.

La huella del Temple en España, como puede apreciar el viajero, es bien prolongada. Junto a todos estos puertos, los pobres caballeros de Cristo dejaron su impronta en forma de una imponente arquitectura religiosa o militar. Tan solo debe tener en cuenta las maravillas que han deparado sus construcciones, como la iglesia de la Vera Cruz en Segovia (se discute su autoría), la ermita de San Bartolomé de Ucero en el Cañón del Río Lobos (Soria) o espectaculares castillos como el de Ponferrada (León).