miércoles, 12 de marzo de 2014

Localizan nuevas tumbas reales en Abydos, Egipto.

Se trata del esqueleto de Senebkay, un faraón que reinó hace más de 3.600 años.

"Todo tuvo lugar a lo largo de varios días", afirmó el director del proyecto Josef Wegner,
"primero encontramos la entrada y eso nos condujo hasta la cámara funeraria".
Abydos fue una necrópolis importante en el antiguo Egipto antes incluso de que llegaran a existir los faraones y se creara un Estado centralizado. Por entonces, tres protoestados (Abydos, Nagada e Hieracómpolis) se disputaban la supremacía de la región y al amalgamarse terminaron por formar el germen de lo que al poco sería la i dinastía. Sus faraones dividían su tiempo entre la Residencia del sur y la del norte del país, pero se enterraron en Abydos, convertida así en la primera necrópolis real egipcia.

El reciente hallazo en la ciudad de la tumba del rey Senebkay, un faraón casi desconocido hasta este momento, que reinó hace más de 3.600 años, ha conmocionado a la Egiptología. Una misión de arqueólogos de la Universidad de Pensilvania ha descubierto su sarcófago e identificado su esqueleto, que pueden aportar datos cruciales sobre uno de los períodos más convulsos del País del Nilo.


Con la llegada del Reino Antiguo, los monarcas del valle del río se asentaron definitivamente en Menfis y fue en las cercanías de la capital donde construyeron sus grandes pirámides de piedra: en Sakkara, Guiza, Dashur, Abusir... Mientras tanto, Abydos no cayó abandonada, pues en ella se enterraron grandes personajes como Weni. Causas sociales y climáticas terminaron por quebrar el gobierno centralizado del país, danto paso a una época conocida como el Primer Período Intermedio.

El poder se fragmentó a todo lo largo del Nilo y Abydos fue un cementerio regional con un importante pasado regio. De hecho, fue el peso de su antigua necrópolis real el que no tardó en permitirle recuperar su importancia nacional. Durante el Reino Medio, al mismo tiempo que volvía a aparecer un Estado centralizado en el valle del Nilo, la tumba de un faraón de la i dinastía (Djer, enterrado acompañado por 590 servidores sacrificados) se identificó con la del dios Osiris. Una divinidad cuya importancia funeraria iba creciendo sin pausa.

La pequeña tumba de Senebkay consta de cuatro estancias decoradas con imágenes de las diosas Nut, Neftis, Selket e Isis. los textos de la tumba identifican como «rey del Alto y del Bajo Egipto, Woseribra, el hijo de Ra, Senebkay».

Desde ese momento, los peregrinos no dejaron de acercarse a Abydos a visitar la tumba del dios, dejando ofrendas en jarras de cerámica, tantas que acabaron por cubrir el lugar, que hoy día se llama en árabe Umm el-Qaab «la madre de todos los cacharros». El deseo de compartir camposanto con el dios funerario por excelencia hizo que los pudientes decidieran construirse allí pequeños cenotafios. Una práctica a la que no se sustrajo el faraón Senuseret III, quien no sólo se construyó en Dashur una pirámide (de ladrillo revestida luego con caliza), sino también un espectacular cenotafio que terminaba al pie del acantilado de Abydos.

La compleja estructura de las habitaciones excavadas bajo la montaña de Anubis convierten esta tumba, pues algunos egiptólogos consideran que fue aquí donde reposaron sus restos y no en Dashur, en una de las más interesantes de la época. Poco tiempo después, la unidad política volvía a romperse en el valle del Nilo, dando comienzo al Segundo Período Intermedio.

La momia apareció descuartizada. Corresponde a un varón de 1,70 metros de altura que falleció entre los 40-45 años.

La parte norte de Egipto cayó entonces bajo el control de un linaje de reyes de origen asiático conocidos como hyksos, que gobernaban desde el Delta. Según la teoría de un egiptólogo danés, Abydos se habría convertido entonces en una especie de «Estado tapón» gobernado por los soberanos de la «dinastía de Abydos», un linaje provincial que habría mantenido la región fuera del alcance de los hyksos. Al encontrar la tumba de Woseribre Senebkay, uno de sus soberanos, las excavaciones de la Universidad de Pensilvania acaban de demostrar que esa «dinastía de Abydos» existió realmente. «Todo tuvo lugar a lo largo de varios días -dice Josef Wegner el director del proyecto-. Fue un poco como el rey Tut, porque primero encontramos la entrada y eso nos condujo hasta la cámara funeraria. Alcanzamos una cámara de caliza con pinturas, con cartuchos y la titulatura del faraón.»

La pequeña tumba de Senebkay consta de cuatro estancias decoradas con imágenes de las diosas Nut, Neftis, Selket e Isis, al que los textos de la tumba identifican como «rey del Alto y del Bajo Egipto, Woseribra, el hijo de Ra, Senebkay». Junto a una inmensa habitación-sarcófago de cuarcita de 60 t de peso apareció descuartizada la momia del faraón, un hombre de 1,70 m de altura, que falleció con unos 45-40 años de edad, bastante alto y bastante mayor para la época.

Era evidente que el sarcófago-habitación, típico del Reino Medio, había sido reutilizado, porque allí aparecieron restos de una caja de madera para vasos canopos que llevaba grabado el nombre de un faraón completamente distinto: Sobekhotep, quien quizá fuera el primer monarca de la xiii dinastía y que sólo gobernó tres años. Lógicamente, Wegner y su equipo continuaron buscando hasta dar con su tumba, que pensaban estaría cerca, como así fue. Situada bajo los restos de una pirámide, cerca de la de Senebkay, ambas forman parte de un conjunto de lo que se cree pueden ser otras dieciséis tumbas reales del mismo período.

Y es que, como demuestran la pirámide de Ahmose (el fundador de la xviii dinastía y del Reino Nuevo) o los templos de Tutmosis III (el gran conquistador egipcio), Seti I (fundador de la xix dinastía) o Ramsés II (hijo del anterior), la necrópolis de Abydos siempre fue básicapara el sostén ideológico de la monarquía faraónica. Al fin y al cabo, al fallecer el monarca se transformaba en Osiris y donde si no aquí se encontraba la tumba del dios...

Vía: El Mundo