martes, 22 de abril de 2014

El Consorcio de Toledo regresa al Cerro del Bú para proteger y difundir el yacimiento.

El Consorcio de Toledo regresa al Cerro del Bú para proteger y difundir el yacimiento.
Licitado por el Consorcio en la cantidad de 242.548,71 euros y con un plazo de ejecución de nueve meses, el proyecto de Recuperación del Cerro del Bú apuesta por intervenir en el espacio en el que se conservan los restos de los primeros asentamientos humanos de Toledo y que, como apuntó el gerente de la entidad responsable de la actuación, actualmente «se encuentra muy deteriorado por el efecto de las lluvias y por las prácticas deportivas como el motocross, además de la falta de mantenimiento».

Por ello, y ‘retomando’ una tarea que ya en 2003 se planteó en torno a la protección de los vestigios, la señalización de los elementos arqueológicos y el arreglo de los accesos, ahora sí va a poder desarrollarse una actuación destinada a la protección, consolidación y limpieza de las estructuras existentes «para frenar el deterioro continuo que han sufrido en las últimas décadas». Posteriormente se adecuará este importante parque arqueológico para su visita, señalando los restos.

Hay que recordar que el Cerro del Bú  fue excavado durante la década de los 80 bajo la dirección de Enrique de Álvaro y Juan Pereira y que en el único trabajo publicado (1990) se menciona la existencia de una ocupación continua durante la Edad del Bronce y una ocupación temporal del Cerro en un momento avanzado de la dominación islámica. El poblamiento de la Edad del Bronce se desarrolla sin solución de continuidad a lo largo del II milenio antes de Cristo. Por el contrario, la ocupación islámica se desarrollaría en un corto espacio de tiempo y se encuentra en relación con el asedio a la ciudad de Toledo por parte de Abd al-Rahman III en el siglo X después de Cristo.

 En este punto, se incide en que la puesta en valor del yacimiento debe tener como punto de referencia «el final de la ocupación humana del cerro durante la Edad del Bronce y la utilización, con fines militares, del mismo espacio 20 siglos después». Porque a todos los efectos, el Cerro del Bú ha desempeñado la misma labor estratégica desde la Prehistoria Reciente hasta la alta Edad Media, al controlar tanto el vado del río a escasos metros del puente de Alcántara como el peñón y las inmediaciones de la actual ciudad de Toledo. Este dato es fundamental para comprender la evolución histórica de este asentamiento.

Firmado el trabajo por el arquitecto Joaquín A. López López, la intervención arqueológica tiene como único objetivo la consolidación de las estructuras existentes y la recuperación y puesta en valor del yacimiento. Así, el informe aprobado por el Consorcio plantea una reconstrucción en los casos que se considere oportuna, pero en la que siempre prevalecerá el respeto de los restos originales; evitándose, que las intervenciones resalten y cobren protagonismo frente a los vestigios restaurados. Esta premisa señala la importancia de «intentar armonizar la necesidad de diferenciar la obra de consolidación y protección, con la de conservación de los elementos originales».

En lo que respecta a la divulgación cultural del yacimiento, resulta ineludible la realización de una serie de intervenciones que aseguren la protección y difusión cultural del mismo, para el público en general, orientadas tanto para el tipo de visitantes que hasta ahora llega al yacimiento, como para aumentar el atractivo de la visita al mismo. La difusión se realizará con la creación de una senda itinerario con carteles explicativos para la mejor comprensión y conocimiento del yacimiento.

Para ello se propone la creación de una senda con solado de ancho y pendiente suficiente para convertir la visita en un paseo agradable y guiado. Se ha previsto la creación de zonas de esparcimiento y parada con indicaciones explicatorias, y la colocación de carteles en vidrio de seguridad con indicación de planos y texto en donde se manifiesten rutas de acceso e itinerario de visita, recintos, restos o cronología.

Propuesta de intervención. Por tener esta proyecto como único objetivo la consolidación de las estructuras existentes y la puesta en valor del yacimiento, el planteamiento de los cortes arqueológicos se encuentra en relación con las dudas planteadas por el desconocimiento del perímetro real de la fortificación islámica, sus accesos, la distribución interna del recinto y sus sistemas de cierre. Además, en ninguno de los trabajos publicados se hace referencia al momento de abandono de la ocupación prehistórica y el inicio de la ocupación Medieval.

En la excavación, por tanto, se ha previsto que participe un arqueólogo director, un técnico arqueólogo, un restaurador y seis peones especializados. Además, se cuenta con la posibilidad de que colaboren en las tareas de excavación estudiantes de arqueología de universidades como CLM, Complutense o Autónoma de Madrid. En este punto, el tiempo estimado de los trabajos de excavación no debe superar los tres meses (entre junio y agosto del año 2014), pudiéndose reducir este tiempo en base a los resultados del trabajo de campo. El posterior trabajo de laboratorio se ha calculado en seis meses.

Con el fin de despejar las dudas planteadas, la excavación se ha planificado en torno a seis puntos de acción que tienen que ver con la excavación en el área de los límites inferiores de las dos plataformas del recinto islámico; con la de los cierres oriental y meridional del recinto fortificado islámico; con la del substrato de abandono entre la ocupación prehistórica e histórica (Fases III y IV); y con la delimitación de la última fase de ocupación de la Edad del Bronce (fase III), sin perjuicio de excavar toda la secuencia estratigráfica hasta sus niveles de fundación (Fases I-III).

Además, se procederá a realizar la limpieza y desmonte de los testigos dejados en anteriores excavaciones para «recuperar parte de la información perdida en el transcurso de las campañas de excavación de la década de los ochenta».  El informe señala la pretensión de recoger información referente al tipo de revoco que recubría los muros medievales y que debe quedar conservado bajo los testigos dejados en las habitaciones del recinto superior.

Sobre la metodología a utilizar, la elección del método viene dada por las características topográficas del cerro y difiere completamente del usado en anteriores intervenciones, en su mayoría de tipo estratigráfico. La metodología propuesta para la excavación de la fase prehistórica e histórica del cerro se centrará en la fase Islámica. Así, se apuesta por la «excavación en área con rebaje artificial de los niveles arqueológicos mediante el uso de números de inventario», ya que la prioridad es la delimitación y consolidación de estructuras. La potencia de excavación se ha establecido en una media de un metro de profundidad.

En cuanto a la fase Prehistórica, la excavación se realiza como en la anterior secuencia para «identificar la fase de abandono de la ocupación prehistórica y establecer el modelo de unidades de habitación que caracteriza el poblamiento del cerro; muros bancales, cabañas y lugares de paso o uso comunal». La potencia media de excavación oscila entre los dos y cuatro metros de profundidad. Dependiendo de los resultados de esta excavación, se planteará la posibilidad de hacer alguna reconstrucción del entorno de habitación de la Edad del Bronce sin que ello afecte a la interpretación general de la fase islámica.

El trabajo de campo se completa con un posterior trabajo de laboratorio en donde se hará un estudio de los materiales aparecidos en el transcurso de las excavaciones. Todo ello va acompañado de una completa toma de muestras que ayude a comprender el entorno general del yacimiento. Entre las muestras previstas destacan los análisis de fauna, polen, carpológicos, antracológicos, metalográficos, de lámina delgada y Carbono 14 (AMS).