viernes, 20 de junio de 2014

La cantera romana de El Mèdol abre al público tras convertirse museo.

La cantera romana de El Mèdol abre al público tras convertirse museo.
La cantera romana de El Mèdol abre al público tras museificarla, en una actuación en la que se ha invertido 1,5 millones de euros procedentes del 1 % cultural, informa Abertis, titular del recinto declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

La cantera estará abierta al público de lunes a domingo, de 09 horas a 16 horas y cuenta con un centro de interpretación, miradores y varios itinerarios para conocer mejor la importancia del recinto de 11 hectáreas y cómo la piedra influyó en el auge de la antigua Tarraco.

Un incendio en el 2010 destapó una tercera parte de la cantera enterrada bajo la vegetación, lo que hizo que se replantearan muchas hipótesis, según explicó Anna Gutiérrez, arqueóloga del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), en la presentación del proyecto justo hace un año.

El Mèdol se caracteriza por una aguja de piedra que marcaba el nivel de las extracciones -solo se conoce otra semejante en todo el antiguo Imperio romano- y el ICAC también localizó una especie de monolito, una gran masa de roca similar al uso de la aguja, según la arqueóloga.

Otro de los hallazgos es que una parte de la cantera se usaba como vertedero de tallas desechadas y los arqueólogos han podido ahora contextualizar mejor todo el yacimiento y entender mejor algunos elementos ya localizados anteriormente, como una rampa o un depósito de agua.

El proyecto lo han impulsado Fundación Abertis y Abertis Autopistas en España y ha contado con la colaboración del Ministerio de Fomento, el Ministerio de Cultura, la Generalitat de Catalunya, la Diputación de Tarragona, el Ayuntamiento de Tarragona y Áreas.

Además de su valor histórico y científico, el Clot de El Mèdol es un paraje singular propio de un bosque maduro, con grandes ejemplares de especies leñosa y varias plantas autóctonas protegidas y en su ecosistema habita también una fauna singular, como el búho real.

También constituye un paisaje fosilizado donde todavía se pueden ver huellas fósiles de oleadas y de crustáceos marinos en diferentes sectores.

La actuación de museificar el entorno comportó críticas ciudadanas y de grupos ecologistas, al alterar el paisaje de bosque maduro y talar algunos árboles de gran tamaño que, según los autores del proyecto, podían dañar la aguja.