lunes, 13 de octubre de 2014

El Templo de Debod (Madrid).

El Templo de Debod (Madrid).
La existencia de un templo egipcio en Madrid, en el parque que antaño ocupó el histórico y sangriento cuartel de la Montaña, quizá requiera de una explicación. El templo de Debod fue un regalo del Gobierno egipcio a España (1968) como reconocimiento por la ayuda española en el estudio y salvamento de los templos de Nubia amenazados por la construcción de la presa de Asuán y el lago Nassuar. Traído piedra a piedra desde el Alto Egipto (más de 1.300 sillares pertenecientes a un pequeño templo ptolemaico), se ubica en el pague del Oeste, cerca de la plaza de España. Se trata de uno de los pocos restos arquitectónicos de la civilización egipcia que se encuentran completos lejos de su país originario.
El templo, erigido hacia el año 200 a.C. y decorado posteriormente, se encontraba en la aldea de Debod, a orillas del Nilo, no lejos de la isla de Filé, famoso santuario de la diosa Isis. Está dedicado a Amón de Debod y a la diosa Isis. La construcción del templo la inició el rey de Meroe Adijalamani. Con posterioridad, distintos reyes de la dinastía ptolemaica construyeron nuevas estancias alrededor del núcleo original hasta darle un aspecto cercano al actual. Luego de ser anexionado Egipto al Imperio Romano, fueron los emperadores Augusto, Tiberio y, tal vez Adriano, quienes culminaron la construcción y decoración del edificio. Con el cierre de los santuarios de Isis en Filé, en el siglo VI, el templo quedó abandonado.
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El Templo de Debod./Osvaldo Gago
Para los egipcios el templo era ‘la casa del Dios’, el lugar donde la divinidad vivía físicamente. Un espacio puro, concebido para acomodar y proteger al dios. Una representación a escala del Universo, tal y como fue creado el primer día del mundo. El faraón era el único capacitado para dirigirse a las divinidades y realizar los ritos prescritos, aunque en la práctica esta tarea recaía en los sacerdotes, los ‘servidores del Dios’, los únicos que junto al rey podían acceder al interior del templo.
En Debod, como en los demás templos egipcios, los ritos más importantes tenían lugar todos los días al amanecer. El sumo sacerdote penetraba en el santuario y en el momento en el que el sol se elevaba en el horizonte abría los naos, en los cuales habían permanecido encerradas las estatuas de Amón e Isis desde el día anterior. Daba inicio así un complejo ritual en el que las imágenes eran lavadas, perfumadas, purificadas, vestidas y adornadas.
Las ofrendas de comida y bebida formaban parte importante del culto. Pan, vino, cerveza, carnes y pescados eran puestos en pequeños altares ante las estatuas de los dioses. Con posterioridad eran retirados y distribuidos entre los sacerdotes y el personal del templo. Finalmente, se ofrecía a Amón una estatuilla de Maat, hija de Ra, el dios solar. Maat representaba el Orden y la Justicia y constituía el verdadero alimento de los dioses.
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El templo, iluminado de noche./Yulia Kuprina
Acabada la ceremonia, las estatuas eran devueltas a sus naos. El sacerdote abandonaba la estancia, cuidando de limpiar todos los restos de la ceremonia, incluso sus propias huellas. Al mediodía y al atardecer se realizaban otras dos ceremonias más sencillas en las capillas laterales, donde se guardaban las imágenes de los otros dioses residentes en el templo. A lo largo del año, tenían lugar fiestas importantes que incluían procesiones y visitas de las estatuas de otros dioses de santuarios cercanos. Durante los días del año nuevo, las estatuas de los dioses eran conducidas a la terraza del templo para recibir los rayos del sol. En otras ocasiones se celebraban en el mammisi los ritos del nacimiento del dios niño.
En Debod, Filé y otros santuarios nubios dedicados a la diosa Isis, estos antiguos cultos pervivieron hasta que, en el siglo VI, la religión cristiana los desplazó definitivamente.Los dioses abandonaron sus templos, y los signos e imágenes esculpidas, olvidado su sentido, quedaron como únicos testimonios de una religión milenaria.
En el templo el viajero podrá distinguir un vestíbulo (pronaos) decorado en época romana y una antesala (naos) de la que parten las tres capillas de cabecera. En uno de sus muros, que en su día fue exterior, se observa un reloj solar. Cuenta con una valiosa colección de bajorrelieves trazados en sus muros, la historia del templo y la del tramo del Nilo rodeado de templos que se anegó.
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Otra vista parcial del Templo de Debod./Sanbec
El monumento, rodeado de una hermosa fuente y jardines, es el más antiguo de la capital madrileña. De día, desde el templo de Debod, se dominan bellas vistas de la arboleda de la Casa de Campo y de la impar catedral de la Almudena. El viajero, desde la pequeña planicie del templo, podrá contemplar una buena panorámica de la ribera del río Manzanares.
En el parque del Oeste, donde se erige el templo de Debod, el viajero aficionado a la historia podrá, asimismo, disfrutar de numerosas estatuas y monumentos, como el del general Manuel Cassola (1892) Junto al parque, ya en el sector de La Moncloa, se alza el memorial a las víctimas del 3 de mayo de 1808, escena que recogió Goya en un célebre lienzo que se muestra en el Museo del Prado.
El viajero deberá saber, si quiere visitarlo, que del 1 de abril al 30 de septiembre, de martes a viernes, el horario abierto al público es de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas. Festivos y fin de semana el horario ininterrumpido es de 9:30 a 20 horas. Del 1 de octubre al 31 de marzo, de martes a viernes el horario es de 9:45 a 13:45 horas y de 16:15 a 18:15 horas; Festivos y fin de semana de 9:30 a 20 horas. La entrada es gratuita.
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Interior del vestíbulo del Templo de Debod./unaventanadesdemadrid.com
Es el templo de Debod, quizás, el monumento egipcio más representativo que se encuentra en nuestro país, pero no el único. También en Madrid, en el Museo Arqueológico Nacional, el viajero podrá disfrutar de testimonios del Antiguo Egipto, como magníficos sarcófagos,entre ellos el de Amenemhat, sacerdote de Amón. El puente aéreo hacia Barcelona nos conduce al Museo Egipcio, que posee una colección permanente formada por más de un millar de obras. Entre otras piezas de gran valor sobresalen estatuas de faraones como Ramsés III o Nectanebo I. Forma parte de la ruta de Egipto por España.
Para el viajero amante de esta histórica civilización, un libro de recomendada lectura es El sueño de los faraonesdel historiador y presentador del programa radiofónico Ser Historia, Nacho Ares. Se trata de su último trabajo, una novela histórica y una gran aventura que recrea uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XIX al tiempo que nos sumerge en las apasionantes intrigas cortesanas del antiguo Egipto. Ares, que colaboró con Lugares con historia escribiendo de Pastrana, es también autor de La tumba perdida.