jueves, 27 de noviembre de 2014

De Al-Qaeda al terror del Estado Islámico.

Mapa del territorio ocupado por el Estado Islámico // Vía: RTVE
Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2011 en los Estados Unidos, el mundo occidental vive en alerta constante ante el peligro que el islamismo radical supone para la estabilidad mundial.
No obstante, el nacimiento de las facciones radicales del Islam no proviene de ese acontecimiento sino más atrás en el tiempo. Hay constancia de que los primeros grupos islámicos violentos modernos surgen, en el Próximo Oriente, entre las décadas de los sesenta y los setenta. Emergen como unas organizaciones que luchan contra sus gobiernos locales, exclusivamente, porque los consideran sus principales enemigos. Ese es el caso de la Yihad Islámica egipcia, la responsable del asesinato del presidente Anwar Sadat en el año 1981.
La ideología de estas formaciones fue evolucionando hacia un extremismo que, con el tiempo, desemboca en la concepción de una yihad global, o una Guerra Santa a escala mundial, en la década de los noventa. El yihadismo global se transforma en una posición doctrinal que, adoptada por gente como Osama Bin Laden, antepone la lucha contra los Estados Unidos y Occidente al combate frente a los gobiernos locales del Próximo Oriente.
La concepción de una yihad global, por tanto, implica que las prioridades de los grupos islámicos violentos tradicionales se inviertan. De hecho, uno de los principales ideólogos de al-Qaeda, el Dr. Ayman al-Zawahiri, en su texto Caballeros bajo la bandera del Profeta, plantea que antes de que un Estado islámico se instale en países como Egipto, los musulmanes “necesitan defender todo el mundo islámico de la inminente amenaza militar planteada por los Estados Unidos y Occidente”. Los militantes de la yihad global, desde ese momento, adoptan un patrón operativo mundial. La nueva forma de entender la yihad implica bien hostigar objetivos internacionales en el territorio autóctono islámico, o bien llevar a cabo los ataques terroristas en el extranjero, lejos de sus propias bases de combate, en zonas como Estados Unidos o Europa.
Con el tiempo surge el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) y se constituye el autodenominado “Estado Islámico” en los territorios de Siria e Irak. Su irrupción en el Próximo Oriente altera notablemente la trayectoria de los movimientos islámicos violentos, como en el caso de al-Qaeda, en dirección al yihadismo mundial. Pero ¿cómo nace el Estado Islámico?
Los miembros del EIIL son herederos de Al-Qaeda, la organización suní que funda Osama Ben Laden a finales de los ochenta. Tras la muerte del líder en una operación militar norteamericana, en el 2011, toma las riendas del grupo radical el médico egipcio Al Zawahiri. Por otro lado, en el año 2002, el jordano Abu Musa al Zarqaui funda una filial de Al-Qaeda en Irak. A su muerte, en un bombardeo de Estados Unidos en el 2006, Al-Qaeda crea otra organización que se denomina Estado Islámico de Irak y cuyo liderazgo asume, en 2010, Abu Bakr al Bagdadi. El Estado Islámico de Irak, posteriormente, se une a la rebelión siria junto al Frente Al Nusra, la sucursal de Al-Qaeda en Siria. Poco después se anuncia la unión de las milicias de Irak y Siria, se rompe con Al-Qaeda y nace el EIIL. El término abarca un territorio mucho más extenso que la actual Siria. Según autores como Pedro Martínez Montávez, el EIIL no se circunscribe únicamente a la Siria política actual, sino a una Siria natural, geográfica y cultural más amplia que cubriría a países como la misma Siria y otros como Jordania, Palestina y gran parte de Irak.
El EIIL da sus primeros pasos en Irak, un país donde los chiíes, mayoritarios, y los suníes protagonizan una guerra civil, desde la funesta intervención de Estados Unidos en la zona, que deja el país prácticamente dividido. Además, ciertos países colindantes, como Irán, aprovechan la ocasión para intervenir y penetrar en la zona. Las milicias chiíes iraquíes son apoyadas por Irán, un país que cuenta también con una mayaría chií. ¿Cuándo surge la discordia entre chiíes y suníes?
El origen de las discrepancias entre estas dos ramas del Islam, el chiismo y el sunismo, hunde sus raíces en la historia. A su muerte, Mahoma no dejó definido quién debía ser su sucesor. Los chiíes querían que el califa fuera un descendiente directo del profeta, mientras que los suníes, mayoritarios en el Islam, creían suficiente con que el califa fuera un hombre sabio y justo. Desde entonces, y hasta la actualidad, se viene arrastrando esta disputa dentro del Islam.
Siguiendo el hilo de los acontecimientos del Próximo Oriente, las primeras elecciones en Irak, tras el derrocamiento del régimen de  Saddam Hussein, dan el triunfo a los chiíes, con Nuri al-Maliki a la cabeza, y cuenta con el beneplácito de los Estados Unidos y con el respaldo de Irán. Sin embargo, más que apaciguar las beligerancias entre las dos comunidades islámicas, al-Maliki incrementa el odio hacia la población suní. En este tiempo, se desmantela por completo al ejército y a la policía, y se destruye toda la infraestructura del estado. Los suníes, que antes ocupaban buenos puestos tanto en el ejército como en la policía, se quedan sin oficio, sin poder y sin influencia. La humillación que muchos de ellos sienten hace que se enfrenten a los Estados Unidos y, de forma indirecta, al gobierno del país. Es más, muchos de ellos se adhieren a organizaciones yihadistas como las que estamos tratando.
No son pocos los que piensan que la intervención norteamericana  en Irak, con todas sus consecuencias posteriores, es uno de los mayores crímenes de la historia apoyado por muchos países occidentales.
En la actualidad, el grupo yihadista del Estado Islámico devasta la sociedad del Próximo Oriente. Se muestra como una organización sumamente violenta, que cuenta con un gran armamento y con miles de seguidores. Es un grupo que ha propiciado que países tan distantes como Rusia y Estados Unidos, o como Arabia Saudí e Irán, lo consideren como un gran enemigo común. Observan como el Estado Islámico va extendiendo su califato hasta unos límites aún no establecidos. Hasta el momento ha tomado ciertas zonas de Irak y de Siria y, desde allí, pretende extender su control a otros territorios próximo orientales. Se trata de un grupo radical que pretende plasmar en la tierra lo que antes sólo estaba en las sagradas palabras y, por lo tanto, sus acciones sólo hacen ensombrecer la concepción que el resto del mundo tiene de la religión islámica.
Estados Unidos y sus aliados del Golfo, por otra parte, pretenden precipitar la situación de Siria y hacer caer el régimen establecido. Se tenía la idea de que interviniendo allí su presidente Bashar al-Asad no tardaría en ser depuesto y, por tanto, que se podría formar un gobierno de coalición de mayoría suní. Es una equivocación que no hace más que facilitar el avance del Estado Islámico en Siria y que se está convirtiendo en un monstruo fuera del control incluso de los países que lo crearon.
La guerra de siria avanzaba sin rumbo mientras el radicalismo se va apoderando de la revolución. En este escenario tan agreste, el Estado Islámico no tarda en hacerse fuerte y en hacerse con el control de extensos territorios en el norte del país. Los suníes de Siria, más aferrados a la religión y represaliados durante más tiempo que en Irak, le facilitaron las conquistas obtenidas. El Estado Islámico pretende mantener la supremacía sobre todos los grupos que operan en Siria e intenta que al-Nusra, la rama de al-Qaeda en este país, les rinda pleitesía, pero no lo consigue. Al contrario, se abre más la brecha entre estas dos organizaciones hermanas.
El EIIL entra en la guerra de Siria y se hace más fuerte. De hecho, sufre un cambio tan brusco que seguro que tiene que estar apoyado por algún tipo de financiación exterior muy potente, que les permite dar ese salto de calidad frente al resto de grupos combatientes. Nos surgen, por tanto, algunas cuestiones. ¿Cómo se constituye un grupo que supera tanto militarmente a al-Qaeda? ¿Cómo se arma de una manera tan extraordinariamente rápida y potente? ¿Cómo puede haber adquirido esa organización interna si no es con suficiente apoyo o con directrices exteriores? Hasta la fecha no se puede responder a estas preguntas con detalle.
Ayman al-Zawahiri, el actual número uno de Al-Qaeda, ordena al EIIL que deje el campo de batalla sirio al grupo Jabhat al-Nusra y que regrese a Irak. Su petición tiene poco éxito y, es más, provoca la disputa de ambos grupos por la hegemonía del movimiento yihadista mundial. El EIIL, de hecho, considera que el mando que al-Zawahiri tiene en Al-Qaeda es ilegítimo y que se desvía de la línea marcada por Bin Laden. La reyerta entre las organizaciones se extiende a  otras zonas del mundo. Por un lado, unas filiales de Al-Qaeda, como los grupos al-Murabitun en el Sahara o al-Shabaab en Somalia, manifiestan su lealtad (o Bay'ah) a al-Zawahiri. Por otro lado, otros grupos, como Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) o Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), proclaman su apoyo al EIIL. Se hace patente que la rivalidad entre ambas organizaciones no se limita exclusivamente a la metodología (manhaj), sino que afecta al liderazgo del movimiento y lo internacionaliza.
En la actualidad, y desde la muerte de Bin Laden, parece que el EIIL se muestra más vigoroso que la debilitada Al-Qaeda, deteriorada por las escisiones internas. No es fácil prever la dirección que va a tomar la disputa entre las distintas facciones yihadista, pero es probable que afecte a una extensión geográfica bastante amplia y que dure mucho tiempo.