miércoles, 19 de noviembre de 2014

Japón se abre paso en Egipto con nuevas excavaciones.

Las pinturas que se han encontrado en la tumba de la orilla occidental de Luxor.
La fascinación por el antiguo Egipto no conoce fronteras, ¿cómo si no explicarnos esos más de 20 años que lleva la egiptología japonesa excavando en Egipto? Sin duda el primer impulso para la parición de una egiptología nipona vino dado -como sucedió con la española- por su participación en el salvamento de los monumentos de Nubia en la década de 1960. No obstante, en su caso la aportación de dinero no vino acompañada por varias expediciones arqueológicas y tuvieron que esperar hasta la década de 1980 para que la Universidad de Waseda (Tokio) comenzara a realizar trabajos arqueológicos en Egipto.

La suya fue una entrada espectacular, aunque poco conocida, porque llegaron con tecnología de última generación en forma de escáner electromagnético. Con él descubrieron, en el interior de la Gran Pirámide, anomalías en la sillería que indican la presencia de un corredor desconocido de al menos 30 m de largo que corre paralelo al de acceso a la cámara de la reina. Desgraciadamente, por motivos sólo por él conocidos, Hawass siempre impidió que se investigara de forma física para comprobar su existencia real... y ahora las circunstancias no lo permiten. Y, ya que estaban, también ayudaron a confirmar que en la segunda trinchera al sur de la pirámide aguardaba desmontado un segundo barco funerario de Khufu. Su excavación y montaje definitivo comenzó hace sólo unos meses, por cierto, cuando a los egipcios les entraron las prisas por llenar de contenido el nuevo museo egipcio.

Tras esos primeros éxitos, y a lo largo de todos estos años, la presencia japonesa se ha dejado sentir en Dashur, Abusir Sur-Sakkara Norte y en la orilla occidental de Luxor (Malkata, Valle Occidental, necrópolis tebana), donde recientemente han descubierto una tumba con unas pinturas en excelente estado de conservación.

La aparición de la pared.

El egiptólogo que dirige el proyecto es el profesor Jiro Kondo, y la tumba está situada en la necrópolis de al-Khokha. Su acceso apareció en la pared sur del patio de la tumba de Userhat (TT 47) -un alto funcionario de Amenhotep III (XVIII dinastía)-, que el equipo de la Universidad de Waseda estaba excavando. Presenta la típica planta en forma de T invertida que es característica de los hipogeos del Reino Nuevo en esta región y, aunque por ahora no se puede ofrecer una datación definitiva, por el estilo de las pinturas murales que adornan la mayoría de las paredes y techo abovedado del corredor transversal parece ser de la época ramésida (la XIX-XX dinastías).

Pared sur del patio de la tumba de Userhat donde se encontró la tumba.
Si las pinturas están bien conservadas, igual que sucede con los textos que las acompañan, gracias a los cuales conocemos que el difunto enterrado en ella se llamaba Khonsuemheb y que entre sus cargos se encontraban los de "jefe del taller de Mut" y el de "fabricante de cerveza jefe del templo de Mut". Por cierto, que la cerveza que consumían los egipcios a diario como su alimento principal -junto al pan- no hemos de imaginárnosla como una deliciosa caña con su espuma en la barra de un bar, sino más bien como unas gachas ligeras con poco contenido alcohólico.

La cantante Mutemheb.

Los textos también nos informan de que la esposa del difunto se llamaba Mutemheb y era "cantante de Mut", el mismo cargo que su hija, llamada Isetkha. Parece que Khonsuemheb o bien conoció a su esposa trabajando en el templo, o bien tenía dentro un buen enchufe -o la capacidad para ofrecer buenos sobornos al encargado, como sabemos por casos documentados- como para colocar dentro a su esposa e hija queridas.

No sólo hay pinturas en la tumba, porque en el extremo norte del corredor transversal hay una estatua del difunto con su esposa e hija. Entre las escenas pintadas encontramos la procesión funeraria del difunto, con la ceremonia de la apertura de la boca realizada a la momia del difunto delante de la fachada de su tumbas, coronada por una pequeña pirámide de adobes. El techo, por su parte, presenta la típica decoración que imita esteras de vivos colores, pero el panel central muestra una imagen del barco solar, con el texto de un himno solar y dos imágenes de Khonsuemheb en posición de adorar.

Como demuestran casos como este, o el de Iquer en el patio de la TT 11, Egipto sigue lleno de sorpresas... y veremos cuáles más nos trae esta tumba, de la cual falta por excavar todo, desde la capilla funeraria hasta la cripta.

Vía: El Mundo