miércoles, 29 de junio de 2016

¿Cómo era la vida en Esparta?

Un breve acercamiento a la situación política y social de la región lacedemonia

Copa laconia con la caza del jabalí de Calidón, representando fuerza y destreza con las armas de los espartiatas. Siglo VI a. C., Museo del Louvre, París
La polis de Esparta ha suscitado gran interés a lo largo de los siglos debido a las peculiaridades que conformaban su sistema político y su sociedad, completamente diferentes a los de la otra polis importante del entorno peloponésico, Atenas.

Su nacimiento es debido a la unión de las aldeas de Pítana, Mesoa, Limnas y Cinosura a finales del siglo XI a.C. y geográficamente hablando se ubica en el territorio de Laconia o Lacedemonia, siendo éste el motivo por el que también son conocidos como “lacedemonios”.

Su régimen político estaba apoyado en la fuerza militar (especializado en la infantería) y en el acceso a la tierra, ya que al ser una ciudad de interior el control de terrenos y recursos agropecuarios era fundamental para su sustento, llevándoles a continuas guerras fronterizas por las tierras de Mesenia, Argos y Tegea.


Elementos básicos de la división política espartana

En este apartado hay que conocer que los poderes espartanos estaban divididos jerárquicamente en reyes, éforos, gerontes y Apella o asamblea popular.

Los reyes o diarcas eran una pareja de monarcas que se encontraban en el escalón más alto de la sociedad espartana. El hecho de que fueran dos y no sólo uno se atribuye a la necesidad de evitar que se llegara al monopolio de todo el poder en una sola persona. Estos reyes tenían orígenes diferentes, pues uno procedía de la dinastía de los Agíadas, de origen dorio, y el otro de los Europóntidas, de origen aqueo. Sus poderes eran fundamentalmente militares y se encontraban siempre al frente de sus ejércitos, combatiendo en primera línea y siendo los últimos en abandonar el campo de batalla. Además, este cargo era vitalicio y hereditario.

Los éforos eran cinco magistrados elegidos anualmente cuyas funciones eran de lo más diversas: vigilaban la educación espartana o agogé; acompañaban a los reyes al campo de batalla y podían arrestarles si no cumplían con las obligaciones militares; controlaban la política exterior y las finanzas; reclutaban soldados y presidían la Gerusía espartana.

Los gerontes formaban parte del Consejo de Esparta o Gerusía, que estaba compuesto por veintiocho gerontes y los dos reyes. Eran nombrados anualmente como jueces honorables y el cargo se tornaba vitalicio. Sus funciones eran básicamente legislativas, como aprobar proyectos de ley que luego pasarían a aprobarse, definitivamente, en la asamblea popular o Apella.

La Apella era la asamblea del pueblo que se reunía al menos una vez al mes y trataba, fundamentalmente, la aprobación o rechazo de las nuevas propuestas legislativas de la Gerusía. Estaba presidida por los gerontes y a veces trataba asuntos extraordinarios como la declaración de guerra o la emancipación de los ilotas (siervos espartanos).


Aspectos esenciales del sistema social de Esparta

La sociedad espartana estaba formada por la convivencia de tres tribus o phylai: los Pamphyloi, los Hylleis y los Dymanes. A partir de ahí, la división por estatus se establecía entre homoioi, periecos e ilotas.

La designación de homoioi se atribuía a los ciudadanos espartanos de pleno derecho. Esta denominación llevaba implícita la igualdad entre cada uno de ellos no sólo ante la ley, sino también ante el reparto de lotes de tierra para el uso y disfrute.

Por su parte, los periecos no disfrutaban de la ciudadanía espartana pero eran personas libres bajo control espartano. Podían formar parte de los ejércitos y disfrutaban de ciertos derechos. Además, se dedicaban a tareas comerciales, artesanales y agropecuarias, ejerciendo sus actividades de manera independiente.

Los ilotas eran los siervos espartanos, asociados a la tierra que trabajaban y vendidos junto a ella. No se puede considerar que fuesen esclavos propiamente dichos ya que vivían con sus familias, podían casarse y quedarse con el rendimiento de su trabajo campesino una vez que habían abonado la parte reglamentaria. Sin embargo, el uso de atuendos especiales para diferenciarlos y la celebración de flagelaciones anuales públicas se utilizaban para coaccionarles y evitar así posibles sublevaciones.


La educación espartana: la agogé

Sin duda, lo más característico de la sociedad espartana era la militarización de todos los ámbitos, tanto públicos como privados, y es por ello que la educación giraba en torno a la disciplina, la unidad colectiva como rechazo al individualismo y el ejercicio militar como el más honroso de todos.

Esta formación militar completa era de carácter obligatorio ya que era un requisito fundamental para alcanzar la ciudadanía espartana y además, estaba organizada por el estado.

A los siete años, los niños eran despojados de sus familias para pasar a formar parte de una agelé o agrupación educativa y militar con otros niños de sus mismas edades. El objetivo primordial era formarlos en la doctrina militar y convertirlos en soldados perfectos, cuya única misión en la vida era servir a Esparta.

La formación constaba de la enseñanza de la escritura, la lectura y el canto (este último enfocado a aprender cantos de guerra que motivasen a la falange en su marcha hacia las guerras) pero sobre todo, del fortalecimiento físico a través del atletismo, la lucha y el manejo de armamento y también, a obedecer fielmente a los superiores.

Esta educación creaba lazos de dependencia de grupo y de sus superiores, y como rezaba Plutarco en su obra Vida de Licurgo: “Licurgo acostumbró a los ciudadanos a no saber vivir solos, a estar siempre, como las abejas, unidos por el bien público en torno a sus jefes”.

La percepción que se ha tenido siempre de Esparta ha estado envuelta en un halo de misterio, explicado sobre todo por la escasez de fuentes escritas propias. Casi todo lo que se ha conocido sobre ella, fuera del registro arqueológico, ha sido a través de textos de autores foráneos, por lo que inevitablemente se ha procedido a una idealización de su sociedad con rasgos únicos y exclusivos no vistos fuera de sus fronteras.