sábado, 25 de junio de 2016

Los sueños compartidos del Antiguo Testamento

Los textos del Génesis se componen de una serie de narraciones legendarias situadas fuera del espacio y del tiempo histórico

'La creación de Adán' es un fresco en el techo de la Capilla Sixtina,
pintado por 
Miguel Ángel alrededor del año 1511
La Biblia es una compilación de libros sagrados que, desde una perspectiva mitológica, pretende transmitir la palabra Dios a la humanidad. Se divide, grosso modo, en dos partes bien diferenciadas: el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento, por un lado, se comienza a escribir en el mil antes de Cristo aproximadamente y narra los principales hitos de la historia del pueblo de Israel, destacando a sus grandes patriarcas. El Nuevo Testamento, por otro lado, surge tras la experiencia que un grupo de judíos vive con Jesús, su Maestro.

Desde un punto de vista racional, muchas de las secuencias del Antiguo Testamento se han podido comprobar por la Historia, y por otras disciplinas auxiliares como la Arqueología. Sin embargo, otras partes no se pueden demostrar porque no son más que el fruto de la percepción simbólica que el hombre antiguo tiene del mundo que le rodea. Y no es de extrañar. Se debe tener en cuenta que los textos testamentarios se elaboran en un tiempo en el que prevalece, lo que Goleman denomina, la mente emocional sobre la racional. Asimismo, hay que sumar que, en el mundo antiguo, la emocionalidad es asociativa. Se considera que el conjunto de los elementos que conforman la realidad forma parte de un universo simbólico. Este universo, al ser simbólico, no puede entenderse desde un punto de vista racional.

Así, el Antiguo Testamento está sujeto al profundo ambiente mítico que la mente emocional proporciona. Se manifiesta incluso en un lenguaje singular. El uso de recursos retóricos como los símiles, las metáforas, las parábolas, las fábulas o las leyendas conforman un mundo simbólico en sus narraciones. Las historias de los grandes patriarcas y profetas hebreos se narran, así, en el lenguaje de la emoción. Tiene poco sentido, como vemos, acercarse a los textos bíblicos haciendo un análisis puramente racional, ya que están preñados de una simbología que únicamente puede ser expresada y entendida con el lenguaje del corazón. Joseph Campbell lo resume magistralmente indicando que “los sueños son mitos privados y los mitos son sueños compartidos”.

El libro del Génesis, en este caso, ilustra nuestra reflexión. Sus textos se componen de una serie de narraciones legendarias situadas fuera del espacio y del tiempo histórico. No importa realmente ni una geografía ni una cronología exactas porque lo esencial es la simbología de sus relatos. Sus historias son mitos que, protagonizados por personajes de carácter divino o heroico, interpretan la creación del mundo y los orígenes de la humanidad.

La raíz de los textos del Antiguo Testamento se hunde en los relatos que, de boca en boca, perduran en la tradición oral del hombre antiguo. Son imágenes que forman parte de la memoria mítica del pueblo hebreo y que se varían hasta que definitivamente se plasman por escrito y se hacen inalterables.

En la Antigüedad, en conclusión, empleando palabras de Calderón de la Barca, se puede afirmar que “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Imagen| Wikipedia