martes, 15 de noviembre de 2016

La terrible historia del reformatorio Arthur G. Dozier

Sea como fuere, todos esos chicos iban a acabar al mismo lugar, al reformatorio Arthur G. Dolzier

Cruces en el Colegio Arthur G. Dozier
En La Florida del siglo XX, más concretamente en Thallassee, existía un refugio para los jóvenes rebeldes de la época; aquellos chicos que se habían escapado de sus casas o, simplemente, aquellos cuyos padres pensaban que necesitaban una dosis especial de disciplina durante las vacaciones.

Sea como fuere, todos esos chicos iban a acabar al mismo lugar, al reformatorio Arthur G. Dolzier.

Por fuera, el colegio no tenía nada que envidiar a cualquier campus universitario. Poseíamgrandes jardines, pabellones para los chicos, un campo de fútbol y hasta piscina olímpica.

Colegio Arthur G. Dozier
Durante el período en el que el colegio estuvo en funcionamiento, de 1900 hasta 2011, las sospechas sobre los malos tratos hacia los jóvenes por parte de sus responsables estuvieron siempre presentes.

Roger Dean Kiser, alumno de la escuela entre 1959 y 1961, cuenta que llegó allí con tan sólo 12 años. Al poco de llegar, dos cuidadores le agarraron por los brazos y le arrastraron hasta el edificio con los muros de cemento al que llamaban la “Casa Blanca” en el que se torturaba a todo aquel que se saltara las reglas.

Primero le golpearon, luego le asfixiaron y por último le dieron latigazos por todo el cuerpo hasta que se desvaneció inconsciente.

En los registros oficiales de la escuela consta que fallecieron allí 31 de los chicos internos. Sus cruces, hechas con PVC, pueden verse aún en el lugar, en un pequeño cementerio situado en el jardín trasero del complejo.

Antropólogos trabajando en el Colegio Arthur G. Dozier
Estos restos pertenecen a los niños que perdieron su vida por accidentes o causas naturales, incluídos los que murieron abrasados en el incendio de 1914 o los que fallecieron víctimas del brote de gripe de 1918.

Sin embargo, hubo varios de ellos que simplemente desaparecieron y las únicas respuestas que obtenían los familiares era que seguramente se hubieran vuelto a escapar.

Pero no fue hasta 2009, con la publicación del libro de Roger  “Los niños de la Casa Blanca, una tragedia americana”, cuando las cosas empezaron a tomarse en serio. Como consecuencia de la publicación, se inició una profunda investigación en la que, los antropólogos de la Universidad del Sur de Florida, encontraron más de 50 cuerpos, esparcidos por los jardines y con claros signos de haber sido torturados.

En la actualidad, se sabe que son más el número de cuerpos encontrados, pero para exhumarlos se necesita la autorización de las familias de las víctimas que pasado ese tiempo algunas son difíciles de encontrar lo que hace que el proceso se alargue.

Imagen| Supercurioso

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