domingo, 22 de octubre de 2017

Alcazaba de Reina: de fortaleza islámica a cabeza de encomienda de la Orden de Santiago

Adentrándonos en la fortaleza, y dejando atrás la ermita, se abre a nuestros ojos todo el recinto de lo que fue la antigua alcazaba de Reina 

Lado sureste de la fortaleza fotografiada desde el pueblo de Reina

Si vamos en coche de Llerena a Casas de Reina, por la carretera EX-200, podemos observar desde lejos una solitaria elevación, casi que aislada del resto de la cadena montañosa de la Sierra Morena, que está coronada por los restos de una antigua fortaleza. Se trata de la alcazaba de Reina, una posición militar que descansa en lo más alto del Monte de las Nieves desde tiempos inmemoriales.


Como puede suponerse, la situación de la alcazaba no es aleatoria, sino que responde a una serie de elementos geográficos y naturales favorables. Con respecto a lo geográfico, desde ese montículo se controla parte de la Sierra Morena, que además le sirve de barrera natural por sus lados sur y oeste, y se vigila toda la fértil llanura de la Campiña de Llerena, que se extiende por el norte y el este. Esta posición, además, protege uno de los pasos naturales que van desde las tierras extremeñas hacia el Valle del Guadalquivir y el cruce de una importante calzada, de los tiempos romanos de la cercana ciudad de Regina Turdulorum, que une Astigi (Écija) con Augusta Emerita (Mérida). Asimismo, aparte de lo puramente geográfico, existen otros factores naturales favorables para emplazar ahí una fortaleza. Cerca del Monte de las Nieves se encuentran unas ricas minas de hierro y de plomo, las fértiles tierras de la campiña llerenense y varios manantiales o fuentes naturales de agua, dos de los cuales emergen en la propia cima de dicha elevación.

Siguiendo nuestro camino en automóvil en dirección a la fortaleza, una vez que pasamos el pueblo de Casas de Reina, a poco más de un kilómetro, se coge un desvío a la derecha hacia la carretera BA-116, que es la que sube a Reina, el elevado pueblo que descansa a los pies de la magnífica fortificación. Desde esta carretera, por una de las calles señalizadas, se accede a un empinado camino empedrado que sube hasta la alcazaba, que está parcialmente restaurada desde no hace mucho tiempo. Cuando nos damos cuenta, ascendiendo poco a poco, estamos a unos 825 metros de altitud y divisamos un magnífico paisaje hasta más allá de donde alcanza nuestra vista.

Ermita de Ntra. Sra. de las Nieves, del siglo XV, ubicada en el interior de la fortaleza de Reina
Si accedemos por la puerta principal, ya que hay otra secundaria, a la derecha encontramos la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, una construcción religiosa de finales del siglo XV, aunque su origen puede que se remonte a mucho tiempo atrás. La ermita consta de una sola nave, con bóveda de cañón apuntado; de una cabecera, separada por un arco toral, con una bóveda de crucería; y, a los pies, de un pequeño campanario, levantado sobre el tejado del propio santuario. Llama la atención que, tanto en el atrio como en el coro de la iglesia, hay columnas y capiteles de época visigoda. Asimismo, en las paredes se observa los restos de unas pinturas, de difícil interpretación, que representan barcos, figuras antropomorfas y vegetación. Por último, adosadas a la construcción principal, está la sacristía y la casa del ermitaño.

Adentrándonos en la fortaleza, y dejando atrás la ermita, se abre a nuestros ojos todo el recinto de lo que fue la antigua alcazaba. Por todo el contorno, aunque bastante deterioradas, se aprecian hasta quince torres rectangulares, que están unidas entre sí por unas murallas hechas de tapial de 2 metros de espesor. De este perímetro defensivo, nos llama la atención que en los flancos norte y oeste se levantan sendas torres albarranas, una de las cuales, la más septentrional, tiene forma de octógono aunque construido sobre una base cuadrangular. Estas torres albarranas sirven para adelantar las defensas, con respecto al camino de ronda. Del resto de torres, más homogéneas, destaca la “torre de los sillares”, llamada así por estar reforzada en sus esquinas por sillares romanos de granito, posiblemente reaprovechados en algún momento de la historia de las construcciones de la antigua ciudad de Regina Turdulorum, que permanece inerte a los pies del fortificado montículo.

Los orígenes de esta fortaleza son almohades, aunque puede que su germen esté en el antiguo oppidum de Regina Turdulorum, del que no quedan restos observables a primera vista, o incluso en algún asentamiento de la Edad del Bronce. Sin embargo, del siglo XII no se conservan demasiados elementos constructivos. Prácticamente, de tiempos andalusíes, solo subsiste el recinto de muros y torres, aunque tuvo varias restauraciones posteriores; un aljibe situado a la izquierda de la actual entrada, ya que el otro existente, ubicado en la primitiva entrada en recodo, hacia el noroeste, es de época santiaguista; y la primitiva puerta y su suelo empedrado, que permanecen en un estado bastante bueno de conservación.

Torre albarrana almohade de la zona noreste, y casa maestral y torre del homenaje santiaguista 
El historiador Rodrigo Méndez Silva escribe, en el siglo XVII, en sus textos de la “Población General de España”, lo siguiente: “Ganola de moros año 1185 el Rey D. Alonso Nono Castellano y vuelta a perder, D. Fernando III, 1246 que la mandó poblar de cristianos”. La alcazaba de Reina, definitivamente, es tomada por los cristianos en tiempos de Fernando III de Castilla, quien dona la villa con su fortificación a la Orden de Santiago ese mismo año. Desde entonces, este baluarte pasa a ser la cabeza de una poderosa encomienda de la que dependen varias poblaciones como Berlanga, Valverde de Llerena, Ahillones, Casas de Reina, Trasierra, Disantos y Fuente del Arco. De este período cristiano, que se conserve en la actualidad, en la zona norte, destaca la torre del homenaje, la casa maestral, una almazara, unas caballerizas y una bodega.

En lo que sigue, la cercana ciudad de Llerena va adquiriendo cada vez mayor auge, en detrimento de Reina, hasta llegar a conseguir la capitalidad de la Provincia Santiaguista. De hecho, entre los años 1604 y 1738, la alcazaba de Reina es abandonada y su población permanece en el actual pueblo homónimo, que persiste en la parte más baja del valle, en los arrabales, donde se hallan las bodegas de la antigua fortaleza. La fortificación es un Bien de Interés Cultural (BIC) desde el 31 de junio del año 1931.

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