jueves, 13 de marzo de 2014

El misterio del Imperio hitita.

Puerta de los Leones, en Hattusa.
Del siglo XVII al XII a.C., un gran imperio dominó la península de Anatolia (en la actual Turquía) y el norte de Siria. Eran los hititas, un pueblo que desapareció de la historia sin dejar rastro hasta que hace algo más de un siglo los arqueológos descubrieron su capital y descifraron su escritura, que reveló su gloriosa historia a los estudiosos.

Tres mil años. Ése es el tiempo que uno de los más poderosos reinos del Próximo Oriente tuvo que aguardar para emerger de la oscuridad, hasta que el descubrimiento de su capital y el desciframiento de su lengua reveló toda su gloria a los estudiosos. Un poderoso imperio dominó durante cinco siglos la península de Anatolia (la parte asiática de la actual Turquía) y el norte de Siria. Desde el siglo XVII a.C., sus ejércitos sometieron a príncipes y soberanos de todo el Próximo Oriente, y desafiaron a los mismísimos faraones de Egipto. Pero hacia 1200 a.C., su capital, Hattusa, fue destruida, y aquel imperio desapareció. Era el reino de los hititas, maestros en el arte de la guerra, hábiles en el trabajo de los metales, devotos de cientos de dioses. Quizá su imperio se hundió por las embestidas de los Pueblos del Mar, grandes movimientos migratorios cuyo rastro de destrucción marca el paso de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro en el Mediterráneo oriental. Pero la civilización hitita no desapareció: pervivió hasta finales del siglo VIII a.C. en los llamados reinos neohititas.

El auténtico punto final del mundo hitita llegó en 717 a.C., cuando los asirios destruyeron Karkemish, la capital del último de esos reinos. Desde entonces, los hititas pasaron a ser unos desconocidos absolutos en la historia. El camino que llevó al redescubrimiento de aquella antigua civilización arranca en 1833, año en que el joven arquitecto francés Charles Texier fue comisionado por el gobierno de su país para realizar una expedición por Asia Menor -entonces perteneciente al Imperio otomano, como todo el Próximo Oriente- a la búsqueda de ruinas arqueológicas de época clásica. Al año siguiente, mientras buscaba las ruinas de la antigua ciudad romana de Pteria, encontró cerca del pueblecito de Bogazköy, a 200 kilómetros al este de Ankara (la actual capital de Turquía), las ruinas de una gran ciudad que no parecía en absoluto de época romana. No muy lejos, encontró unos inexplicables relievesen los muros de unas paredes rocosas a las que los lugareños llamaban Yazilikaya, «roca inscrita». Texier dibujó con mucho cuidado los relieves, que algunos años más tarde publicaría en la relación de sus viajes. En Bogazköy afloraban el arte y las palabras de una cultura enigmática, que suscitó la perplejidad de los estudiosos a medida que se descubrían las huellas de su existencia. Entre ellas se contaban las impresionantes esfinges pétreas de Alaca Hüyük, no lejos de Bogazköy, con las que se topó en 1836 el británico William John Hamilton. ¿Quiénes habían construido aquellos recintos? La respuesta llegó, cuarenta años después, gracias a una inscripción en misteriosos caracteres jeroglíficos encastrada en el muro del bazar de la ciudad sira de Hama.

El primer occidental que la vio y dio noticia de ella fue, en 1812, el viajero Johann Ludwig Burckhardt (a quien, por cierto, debemos la localización de la antigua ciudad de Petra). En 1872, el reverendo William Wright, con el apoyo del gobernador otomano Subhi Bajá, arrancó el texto de la pared pese a la oposición popular, debida a que los habitantes de Hama atribuían a aquellos signos poderes curativos contra el reumatismo, y envió aquellos sorprendentes fragmentos a Estambul, en cuyo Museo Arqueológico todavía se conservan. En 1876, como producto de una intuición arriesgada, el asiriólogo británico Archibald Henry Sayce propuso que los jeroglíficos hallados en Hama eran la escritura propia de los hititas, un pueblo que hasta el momento sólo era conocido por unas referencias más bien vagas del Antiguo Testamento. Según Sayce, lo hititas no eran un pueblo más de entre los vecinos de Israel, sino que habían constituido un gran imperio. El hitita es la lengua anatolia de la que se han conservado más textos y que conocemos mejor; su importancia es muy grande, pues se trata de la lengua de la familia indoeuropea que cuenta con testimonios más antiguos.