domingo, 4 de noviembre de 2018

La gente de las ciénagas

Los cuerpos tan bien conservados de la gente de las ciénagas, normalmente datados en la Edad del Hierro, se hallan en turberas

La gente de las ciénagas: la momia de Windeby

Si hay algo que fascine a la mayoría de la gente a la que le gusta la historia antigua, son las momias. Aunque las más famosas y en mayor cantidad se encuentran en Egipto algunas de las mejor conservadas y sorprendentes se encuentran más cerca en Europa. Son las de las personas enterradas en los pantanos o ciénagas.

¿Quiénes son y dónde se encuentran?

Estos cuerpos tan bien conservados, normalmente datados en la Edad del Hierro entre los siglos IV a.C y IV d.C., se hallan en lo que se denominan turberas, una especie de humedal donde se produce y acumula materia vegetal, sobre todo musgo, en forma de turba, un suelo que se forma por acumulación de tejidos orgánicos y otras plantas que crecen sobre otras descompuestas. Con el paso del tiempo se acumulan en estratos vegetales formando lo que se llama turba, que puede llegar a alcanzar varios metros de espesor. Dentro de esta turba se dan unas condiciones ideales para la conservación de cadáveres, como es la falta de oxígeno y el agua ácida, que hace que las bacterias de la descomposición no puedan vivir en ella o actúen mucho más lentamente, aunque no en todas las zonas son iguales.

Los hallazgos se producen ya que durante siglos, la turba se ha extraído como combustible en zonas como Dinamarca, Holanda, Inglaterra o Irlanda. Se trata de hallazgos importantes, no sólo porque durante esta época lo que primaba era la incineración de los cadáveres, sino que debido a su buena conservación, son individuos que permiten obtener bastantes datos e información de las gentes que poblaron los lugares en la antigüedad, como la forma en que fueron allí depositados, sus características físicas, incluso en algunos casos se ha conservado la ropa que vestían lo que nos permite saber saber el tipo de atuendo Nque llevaban e incluso la manera en que estaba tejido. También a través de análisis de los restos humanos se puede obtener información de la dieta alimenticia o enfermedades que sufrían, por lo que tienen un gran valor tanto arqueológico como antropológico, de ahí su importancia, aunque muchos hallazgos hayan quedado en el camino. Hoy día contamos con numerosos cuerpos o noticias de ellos, aunque por desconocimiento, o simplemente por no poseer las técnicas de hoy en día, otros se han perdido irremediablemente. Veamos aquí unos ejemplos.

El Hombre de Tollund

El Hombre de Tollund

Fue encontrado el 8 de mayo de 1950, en la zona de bosques de Horsegummen, en Dinamarca. Se trata de un hombre adulto, rondando los veinte-veintitantos años de edad y estaba cubierto por 2,5 metros de turba. Lo más excepcional de esta momia es su cabeza, perfectamente conservada, en la que puede notarse una expresión facial de tranquilidad. El resto del cuerpo, por desgracia, hoy día no se conserva más que los pies, ya que no se disponía de técnicas adecuadas para ello. Conserva el cabello, de unos 5 centímetros de longitud, de un color rojizo debido a la estancia durante siglos en la turba y la acción de los ácidos. En este caso no conserva ningún tipo de peinado como otros cuerpos. En la cara aún conservaba vello facial, de corta longitud, así como las cejas.

En cuanto al estado del cuerpo, sabemos que parte del lado derecho conservaba la piel, pero el resto no. No albergaba ninguna ropa tampoco, a excepción de un gorro hecho a base de parches de cuero cosidos en forma de capucha y forrado de pelo en el interior. Se sujetaba a la cabeza a través de dos tiras de cuero que se ataban con un nudo. Alrededor del cuello tenía una cuerda hecha de cuero trenzado, con un extremo acabado en ojal por el que se introducía el otro extremo y alrededor de la cadera tenía un cinturón de cuero. Se cree que fue ahorcado con la cuerda debido a las marcas que se pueden observar en el cuello, aunque no puede asegurarse del todo debido al estado de descalcificación de las vértebras aunque estas no están dañadas.

El Hombre de Tollund

Sus órganos internos estaban en un perfecto estado de conservación, lo que sirvió como fuente de información sobre todo en hábitos alimenticios. Se estudió el contenido de su estómago e intestinos y se pudo comprobar cuales fueron sus últimos momentos ingeridos antes de morir, entre unas 12-24 horas antes. Se encontraron restos de vegetales tales como linaza, acederilla, camelina y cebada, que debieron consumirse en una especie de papilla. Ya Tácito nos habla del uso de la cebada para “hacer bebidas semejantes al vino”.

La momia de Windeby

Apareció en el año 1952. Yacía de espaldas con la cabeza hacia un lado, el brazo izquierdo extendido, entre éste y la cadera una gran piedra, y el brazo derecho doblado sobre el pecho. Lo que mejor se conserva son las manos y la cabeza, en la cual se puede apreciar aún el cabello, corto del lado derecho y rapado en la parte izquierda. En la cabeza aparece una cinta rodeándola, a la altura del puente de la nariz, como si hubiera estado tapando los ojos. En un principio se determinó que era una mujer a la cual habían ajusticiado por adúltera, tapándole los ojos y rapándole la cabeza. Según Tácito:

“La diferencia de las penas proviene de los delitos: cuelgan de los árboles a los traidores y desertores; a los cobardes, malos guerreros y a los que cometieron deshonestidades los sumergen en el fango de pantanos y les echan encima cañizo”.

Cabeza de la momia de Windeby

Una treintena de años después, nuevos análisis determinaron que el cuerpo en realidad pertenecía a un varón joven que fue enterrado entre el 41 a.C. y 118 a.C. La cinta que llevaba en la cabeza en realidad podría tratarse de un adorno que rodeara la cabeza o una cinta para sujetar en pelo, que después de siglos enterrado, la presión de la turba hizo que se desplazara. El cabello rapado pudo ser consecuencia de las actividades de las máquinas en la turba y de los arqueólogos a la hora de sacarlo. Había sido enterrado cuidadosamente sobre un lecho de brezo y hierba, lo que contradice totalmente la teoría de la ejecución. Es posible que muriera por una infección en la mandíbula.

El Hombre de Crogham

Se trata de una momia con una muerte bastante perturbadora y enigmática, ya que lo único que se encontró fue el tronco y extremidades superiores. Apareció en junio del año 2003 en el condado de Offaly en Irlanda. Se trata de un cuerpo, como hemos dicho antes, sin extremidades inferiores, ya que fueron separadas y decapitado, puede que antes de ser enterrado o tiempo después por acción de la maquinaria en la turba. Aún así estos restos nos proporcionan mucha información.

Se pudo comprobar que vivió entre los años 362-175 a.C. Se trataba de un hombre joven, de unos veinte años y una estatura de 1,98 metros, por lo que resultaba bastante alto en aquella época. Fue apuñalado varias veces en el tronco, tenía los pezones cortados y padecía de pleuritis. Sus brazos fueron atados con mimbres que le produjeron importantes heridas, quedando aún restos de vegetal en el interior de ellos. Al observar sus manos, perfectamente conservadas de las que incluso pudieron sacar huellas dactilares, se comprobó que estaban muy cuidadas, así como las uñas y que no había callos en ellas, por lo que se dedujo que se trataba de un hombre de un alto rango.

Se especula que este enterramiento pueda ser una ofrenda de los reyes a los dioses de la fertilidad.

El Hombre de Crogham

Muchos más son los cuerpos encontrados, estos sólo una pequeña selección de ellos. Como curiosidad, en cuanto al tema de la vestimenta, hay que destacar un par de hallazgos en Huldremose, en Dinamarca, en el año 1879 el primero, y años después el siguiente. Se trata de dos mujeres las cuales habían conservado los ropajes. Uno de ellos se compone de dos capas de piel de oveja, una manta y una falda, con un dibujo a cuadros en color ocre y marrón oscuro. El otro se trata de un vestido completo de una pieza, sin mangas, tejido en redondo, técnica aplicada a bastantes creaciones, que se parecía bastante a los peplos, un tipo de túnica femenina griega que se usaba en aquella época. En cuanto a la ropa masculina hay menos hallazgos, consistiendo éstos sobre todo en pequeñas piezas que se llevaban sobre los hombros, gorros o capas.

En cuanto a otros elementos curiosos sobre el modo de vida, está el descubrimiento de un cuerpo en Clonycavan, en el año 2003, en el cual se hallaron restos de una especie de “gel fijador” en el pelo compuesto a base de resina de pino y aceites vegetales. Un ejemplo de peinados en los cuales se podía usar es el del hombre de Osterby, que ostenta un nudo suevo, el cual se describe en la obra de Tácito, una clase de peinado que llevaba la tribu germánica de los Suevos para diferenciarse del resto de tribus, que les hacía parecer más altos e infundir así terror a la hora de la batalla. También aparecen documentados en la columna de Trajano.

Bibliografía

GLOB, P.V. La gente de la ciénaga: personas de la Edad del Hierro conservadas durante 2000 años. Editorial Marbot. Barcelona. 2012.

TÁCITO. Germania. Editorial Grados. Madrid. 2001.

BERNÁRDEZ, ENRIQUE. Los mitos germánicos. Editorial Alianza. Madrid. 2002.

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